Diccionario esotérico: dafnomancia, deísmo y déjà vu

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Un laurel que cruje en el fuego, la impresión de estar viviendo un instante por segunda vez y un Dios que hace el mundo y luego lo deja seguir su marcha. Son tres términos con la D, con sus datos revisados.

Dafnomancia y dafnéfagos

La dafnomancia es la adivinación con laurel, del griego dáphne, «laurel», y manteía, «adivinación». Se echaban hojas o ramas al fuego: si crepitaban con fuerza, el presagio era bueno; si ardían en silencio, malo. El poeta latino Tibulo, en el siglo I antes de Cristo, pide en una de sus elegías que el laurel crepite bien en las llamas sagradas, como señal de un año feliz.

El laurel estaba consagrado a Apolo, señor de Delfos y de su oráculo. Según el mito que cuenta Ovidio en las Metamorfosis, la ninfa Dafne se convirtió en laurel para escapar del dios, y desde entonces Apolo lo llevó como corona.

Los dafnéfagos, «comedores de laurel», eran los adivinos inspirados que, según la tradición, masticaban sus hojas antes de profetizar. El poeta griego Licofrón aplica esa palabra a la garganta de Casandra cuando profetiza, y hay autores antiguos que cuentan lo mismo de la pitia de Delfos. ¿Funcionaba? La verdad es que no parece. El helenista E. R. Dodds recordaba en Los griegos y lo irracional (1951) que el profesor T. K. Oesterreich masticó una buena cantidad de hojas de laurel para comprobarlo y no se sintió más inspirado que de costumbre.

Deísmo

Del latín deus, «dios», el deísmo defiende la existencia de un Dios creador al que se llega por la razón, sin revelación ni intervenciones sobrenaturales. Dios hace el mundo con sus leyes y lo deja funcionar solo.

Se suele considerar su padre a Edward Herbert de Cherbury, que publicó De veritate en París en 1624. El siglo XVIII lo hizo popular. Voltaire escribió en 1772 que el universo lo dejaba perplejo y que no concebía un reloj sin relojero, y Thomas Paine defendió una religión de la razón en La edad de la razón (1794).

Se distingue del teísmo, que cree en un Dios que interviene y escucha, y del panteísmo, que lo identifica con la naturaleza.

Déjà vu

La expresión es francesa y quiere decir «ya visto»: la sensación de vivir algo por segunda vez sabiendo que es imposible. La usó el filósofo Émile Boirac en una carta a la Revue philosophique en 1876, y la medicina la adoptó a partir de 1896, cuando el neurólogo F. L. Arnaud presentó un caso ante la Sociedad Médico-Psicológica de París.

La psicología lo cuenta entre las paramnesias, las ilusiones de la memoria: hay sensación de familiaridad, pero no un recuerdo real. Según la revisión del psicólogo Alan S. Brown, lo han vivido unas dos terceras partes de las personas, sobre todo entre los 15 y los 25 años, y se asocia con el cansancio y el estrés. En 2012, un experimento con realidad virtual dirigido por Anne Cleary lo provocó con escenas cuya distribución recordaba a otras vistas antes y ya olvidadas.

Algunas corrientes lo leen como un recuerdo de otra vida o un atisbo del futuro. No hay pruebas de ninguna de las dos cosas.

Una prueba con tu próximo déjà vu

  • Apunta cuándo te pasa, dónde estabas y cómo habías dormido.
  • Mira qué te resultaba familiar: la forma del sitio, un olor, una voz.
  • Coméntalo con el médico si se repite muy a menudo o llega con otros síntomas.

Con unas semanas de notas verás si tus déjà vu siguen algún patrón. Para seguir, lee la adivinación con las llamas de una vela, otra forma de leer el fuego, la apantomancia y otros términos del diccionario o la historia de la reencarnación como idea. Hay más en el diccionario esotérico y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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