Dicotomía divina: quién soy y quién no soy, según las tradiciones
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Prueba a contestar quién eres sin decir tu nombre, tu oficio ni de quién eres hijo. Las palabras se acaban enseguida. Muchas tradiciones han tomado ese silencio como punto de partida, y casi todas han avanzado de una manera curiosa: descartando primero lo que no somos.
Un consejo grabado a la entrada de un templo
El viajero griego Pausanias, que recorrió Grecia en el siglo II, cuenta que en el vestíbulo del templo de Apolo en Delfos había dos máximas útiles para la vida: «conócete a ti mismo» y «nada en exceso». La tradición las atribuía a los siete sabios, y la primera, sobre todo, a Quilón de Esparta.
Sócrates hizo de aquella inscripción un programa de vida, y Platón la recoge en varios diálogos, como el Cármides, el Fedro y el Alcibíades. En el Fedro, Sócrates confiesa que todavía no ha logrado conocerse como pide Delfos y que, mientras no lo consiga, le parece ridículo dedicarse a explicar los mitos.
La pregunta, pues, viene de lejos.
«Neti, neti»: no es esto, no es esto
En la India, una de las respuestas más antiguas funciona por eliminación. La Brihadaranyaka Upanishad repite varias veces la fórmula neti, neti, que viene de na iti, «no así». En los diálogos del sabio Yajnavalkya con el rey Janaka y con su esposa Maitreyi, sirve para hablar del yo profundo, el atman: de él solo puede decirse lo que no es.
El razonamiento se puede seguir en casa. El cuerpo cambia con los años, así que no es lo que permanece. Las sensaciones y los estados de ánimo pasan. Los pensamientos van y vienen. Todo lo que puedo observar es, por eso mismo, algo distinto de quien observa.
Siglos después, Shankara y la escuela advaita hicieron suyo este camino de negaciones.
Ramana Maharshi y la pregunta desnuda
La vida de Ramana Maharshi se cuenta en la iluminación espiritual. Aquí interesa su método.
Hacia 1902, un funcionario de Hacienda llamado Sivaprakasam Pillai subió a la cueva de Virupaksha, en la montaña de Arunachala, con sus preguntas. Ramana apenas hablaba entonces: respondió con gestos y, cuando no le entendían, por escrito. Pillai publicó aquellas respuestas en 1923 con un título tamil que es la propia pregunta, Nan Yar, «quién soy yo».
El método se explica en dos líneas. Cuando aparece un pensamiento, se pregunta a quién le aparece; la respuesta es «a mí», y entonces se vuelve la atención hacia ese «yo» para buscar de dónde sale. Ramana comparaba la pregunta con el palo que se usa para remover una pira funeraria, que acaba ardiendo con todo lo demás. Las primeras ediciones llevaban unas notas de Pillai sobre el método tradicional de negar lo que no es el yo, y Ramana las quitó cuando rehízo el texto. Su camino no era repasar lo que no somos, sino mirar directamente al que pregunta.
Buda y el yo que no aparece
El budismo hace un recorrido parecido y llega a otro sitio. Según el canon pali, en el parque de los ciervos de Isipatana, cerca de Benarés, Buda habló al grupo de los cinco monjes del anatta, el no yo. Repasó los cinco agregados que componen a una persona: la forma corporal, las sensaciones, las percepciones, las formaciones mentales y la conciencia. De cada uno preguntó si era permanente y, si no lo era, si tenía sentido decir «esto es mío, esto soy yo, esto es mi yo». La respuesta, cada vez, fue que no.
Las Upanishads descartan lo pasajero para encontrar detrás un atman que no cambia. El budismo descarta lo mismo y no pone nada detrás, aunque los especialistas discuten si niega el yo o enseña a no aferrarse a él.
Un texto posterior, las Preguntas de Milinda, lo explica con un carro. El monje Nagasena le pregunta al rey Milinda, al que se identifica con el rey indogriego Menandro, del siglo II antes de Cristo, si el carro es la lanza, el eje o las ruedas. No es ninguna de esas piezas, ni tampoco algo aparte de ellas: «carro» es el nombre que damos al conjunto. Lo mismo, concluye Nagasena, pasa con su propio nombre.
William James y el yo repartido
En 1890, William James dedicó un capítulo de sus Principios de psicología a la conciencia del yo. Para él, el yo de una persona es todo lo que puede llamar suyo: el cuerpo, la ropa, la familia, la casa, el dinero. Por eso, cuando se pierde algo de todo ello, duele como perder un trozo de uno mismo.
Distinguía también un yo social, y aquí está su frase más citada: cada uno tiene tantos yoes sociales como personas lo reconocen. No eres igual con tu madre que con tu jefe, y no hace falta que lo seas. En lo más íntimo situaba un yo espiritual, hecho de capacidades y disposiciones como la conciencia moral o la voluntad.
¿Y quién conoce todo eso? James no encontró una sustancia fija. Al final del capítulo concluye que el «mí» es un conjunto de cosas conocidas, y que el «yo» que las conoce es un pensamiento, distinto en cada momento del anterior. Sin proponérselo, un profesor de Harvard se acercó bastante al carro de Nagasena.
Una pregunta para el bolsillo
Delfos, la India y James tienen algo en común: ninguno resuelve la pregunta de una vez. La convierten en una práctica. Puedes probarla con una hoja de papel. Escribe diez frases que empiecen por «yo soy» y tacha después las que podrían dejar de ser verdad mañana, como el trabajo, la casa, el aspecto o el estado civil. Mira con calma lo que queda, y también lo que sientes al tachar. Es un neti, neti a escala doméstica.
El otro camino es el de Ramana, y cabe en un rato de silencio. Cuando te asalte una preocupación, en lugar de seguirla, pregúntate a quién le está pasando y quédate unos segundos con esa sensación de «yo». Eso sí, no se trata de despreciar tu historia: el nombre, la familia y el oficio siguen siendo tuyos, solo que dejan de ser lo único. Si estas preguntas te dejan una sensación de irrealidad o una angustia que no se va, habla con un psicólogo.
La serie sigue con la paz de la mente. Para seguir, lee también qué dice la tradición sobre la personalidad como máscara y la historia de las palabras «yo soy». Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.