Qué son las almas gemelas: la historia de una idea, de Coleridge a las llamas gemelas
Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026
Un alma gemela, en el sentido que hoy se le da, es la persona con la que se comparte una afinidad tan profunda que parece escrita de antemano. La idea suena eterna, pero tiene fechas y autores, y ha cambiado mucho por el camino. Esta es su historia, contada como lo que es: una creencia con muchas versiones.
Una palabra que nació en una carta
La expresión inglesa soul-mate aparece por primera vez, según los diccionarios, en una carta que el poeta Samuel Taylor Coleridge escribió en 1822 a una joven. Le aconsejaba que, para ser feliz en el matrimonio, buscara un compañero del alma, y no solo un compañero de casa o de yugo, alguien con quien compartir el techo y las cargas.
Coleridge sabía de qué hablaba. Se había casado en 1795 con Sara Fricker, con quien compartía muy poco, y para entonces llevaba años viviendo lejos de ella. Su consejo no hablaba de destino. Hablaba de elegir a alguien de carácter e inquietudes afines.
El matrimonio en el cielo de Swedenborg
Más de medio siglo antes de aquella carta, el científico y visionario sueco Emanuel Swedenborg había dado forma a una idea parecida. En 1768 publicó en Ámsterdam, en latín, Delitiae sapientiae de amore conjugiali, conocido en español como El amor conyugal. Allí sostenía, a partir de lo que decía haber visto y oído en el mundo de los espíritus, que los esposos unidos de verdad en la mente y en la voluntad siguen juntos después de la muerte, y que en el cielo no se les llama dos ángeles, sino uno.
Para Swedenborg, cada ángel tiene su pareja, y quien no la encuentra en la tierra puede encontrarla después. Los esposos sin ese fondo común, en cambio, se separan allí poco a poco, por sí solos. Él nunca se casó.
Lo que la tradición judía llama bashert
En yidis, bashert quiere decir «destinado», y la persona destinada es la basherte o el basherter. La palabra es moderna y su origen se discute, pero la idea se apoya en un pasaje del Talmud (Sotá 2a) sobre una voz del cielo que anuncia los matrimonios antes incluso de que se forme el niño, como se cuenta en el reencuentro de las almas gemelas.
La misma página del Talmud matiza enseguida. Recoge la opinión de Resh Lakish, para quien cada uno encuentra pareja según sus actos, y añade que unir a dos personas es tan difícil como abrir el mar Rojo.
Un midrás del Génesis Rabá (68, 4) lo cuenta con humor. Una matrona romana se burla del rabí Yosé ben Halafta, empareja en un solo día a mil esclavos con mil esclavas, y a la mañana siguiente su casa amanece llena de magulladuras y de protestas. Siglos después, Maimónides rechazó la idea de una pareja predestinada porque chocaba con la libertad de elegir.
Las llamas gemelas, una creencia reciente
La versión más extendida en internet es la de las llamas gemelas (twin flames). Según esta creencia, una llama gemela no es solo un alma afín, sino la otra parte de la propia alma, destinada a reunirse con ella tarde o temprano.
Su historia es corta. En el siglo XX, el movimiento estadounidense I AM (Yo Soy), que Guy y Edna Ballard fundaron en los años treinta, hablaba ya de «rayos gemelos». La expresión «llama gemela» la difundió después Elizabeth Clare Prophet, de la organización The Summit Lighthouse, que su marido, Mark Prophet, había fundado en 1958. En 1999 publicó el libro Soul Mates and Twin Flames.
Las versiones actuales describen etapas, y una de ellas preocupa a los psicólogos: la del «corredor» y el «perseguidor», en la que uno se aleja y el otro insiste porque cree que el destino acabará reuniéndolos. Varios especialistas han advertido que ese esquema se parece mucho al de las relaciones que hacen daño. En 2023, la serie documental Escaping Twin Flames, estrenada en Netflix, recogió testimonios de antiguos miembros de una comunidad en línea organizada alrededor de esta creencia. No hay ninguna base científica para las llamas gemelas.
Qué hacer con la idea del alma gemela
Como metáfora, el alma gemela tiene algo hermoso: nombra la alegría de encontrar a alguien que te entiende sin muchas explicaciones. Coleridge la usaba así, como un consejo para elegir bien, y Swedenborg la ligaba a una unión que se cultiva en la mente y en la voluntad. El problema llega cuando la imagen se convierte en un destino que obliga.
Nadie viene a completarte, y nadie está obligado a quererte porque tú sientas que son el uno para el otro. Si alguien se aleja o dice que no, ninguna creencia autoriza a perseguirle. Tampoco se justifica por el destino una relación que te hace daño: si estás en una, habla con alguien de confianza y pide ayuda profesional.
¿Con cuál de estas versiones te quedas? Al fin y al cabo, la más antigua sigue siendo la más útil: la afinidad se reconoce, pero también se cuida. Para seguir, lee qué son las almas afines kármicas y dhármicas o cómo pensaron filósofos y místicos el amor que une. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.