Metafísica en las Escrituras: cómo leen la Biblia el Nuevo Pensamiento y la tradición alegórica

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Hay quien lee la Biblia como historia, quien la lee como ley y quien busca en ella un mapa de la vida interior. Esta última manera es la de las escuelas metafísicas nacidas en Estados Unidos en el siglo XIX, pero tiene raíces mucho más antiguas. Aquí verás de dónde viene, cómo funciona y un ejemplo con el prólogo del Evangelio de Juan.

La alegoría, una costumbre antigua

En el siglo I, el filósofo judío Filón de Alejandría explicaba la Torá a lectores educados en la filosofía griega, y leía sus relatos como alegorías del alma. Dos siglos después, Orígenes, también en Alejandría, comparó la Escritura con una persona. Tiene cuerpo, que es la letra; alma, que es la enseñanza moral, y espíritu, el sentido más alto.

Juan Casiano, un monje del siglo V, dio el ejemplo que se haría clásico. Jerusalén es, según el nivel de lectura, la ciudad de los judíos, la Iglesia, el alma humana y la ciudad celestial. La Edad Media resumió esos cuatro sentidos (literal, alegórico, moral y anagógico) en un dístico latino que todavía recoge el Catecismo de la Iglesia católica (número 118). Para la Iglesia, eso sí, el sentido espiritual se apoya siempre en el literal: no lo sustituye.

Swedenborg y las correspondencias

El sueco Emanuel Swedenborg dio un paso más. Entre 1749 y 1756 publicó en Londres, en latín, los ocho volúmenes de Arcana coelestia, un comentario versículo a versículo del Génesis y del Éxodo. Su método era la doctrina de las correspondencias: cada cosa natural que nombra la Biblia, sea un río, una piedra o un animal, correspondería a una realidad espiritual.

Sus libros circularon mucho en la Norteamérica del siglo XIX, el ambiente en el que nació el Nuevo Pensamiento.

El método de las escuelas metafísicas

El Nuevo Pensamiento convirtió esa intuición en un método de lectura. La idea de fondo es sencilla: la Biblia contaría la historia de cada alma. Los personajes serían facultades de la mente; los lugares, estados de conciencia; los viajes, cambios interiores.

Mary Baker Eddy añadió en 1883 a su libro Ciencia y salud una «Clave de las Escrituras», y la obra acabó incluyendo un glosario que da a los términos bíblicos un sentido espiritual. En el movimiento Unity, Charles Fillmore publicó en 1931 el Metaphysical Bible Dictionary (diccionario metafísico de la Biblia), que recorre nombres de personas y de lugares y les asigna un significado interior. Y Emmet Fox, en El sermón del monte (1934), leyó los capítulos 5 a 7 de Mateo como una guía práctica para la vida diaria.

En el mundo hispano hay grupos de estudio metafísico que siguen trabajando así: un versículo, una reflexión sobre lo que dice hacia dentro y otros pasajes paralelos que lo iluminan.

Un ejemplo: la luz del prólogo de Juan

El Evangelio de Juan empieza con un himno al Verbo, la Palabra. En el versículo 4 se dice que la vida estaba en el Verbo y alumbraba a los hombres. El 5 añade: «La luz en las tinieblas resplandece». El final de la frase cambia según la traducción, porque el verbo griego puede significar tanto «captar» como «vencer». «No la comprendieron», dice La Biblia de las Américas; «no prevalecieron contra ella», la Reina-Valera de 1960, y otras versiones hablan de unas tinieblas que no han podido apagarla.

¿Qué pasa si se lee ese versículo hacia dentro? Los comentarios de Unity lo explican así: el Verbo es la idea perfecta de Dios presente en cada persona; la luz, la comprensión; las tinieblas, la ignorancia, que no capta la luz mientras no se abre a ella. Juan el Bautista, que aparece en los versículos 6 y 7 como testigo de la luz, representaría una percepción intelectual de la verdad que todavía no ha despertado al espíritu y que prepara el camino.

La lectura cristiana tradicional es otra, y merece el mismo respeto. Para ella, el Verbo es Cristo, la luz que vino al mundo y se hizo carne (Juan 1, 14), y Juan el Bautista es el profeta que lo anunció junto al Jordán. La verdad es que muchas personas viven con las dos lecturas a la vez, sin sentir que se contradicen.

Tu propia lectura de un versículo

Elige un pasaje corto y léelo primero en su contexto: quién habla, a quién y en qué momento. Compara dos traducciones, porque a veces una sola palabra cambia el sentido, como acabas de ver con Juan. Solo después pregúntate qué te dice hacia dentro, y apúntalo con tus palabras.

Busca también uno o dos pasajes paralelos, en el mismo evangelio o en otro libro, que hablen de lo mismo. Y recuerda que la lectura interior es una más, no la única. No sirve para corregir a quien lee la Biblia desde su fe ni para ponerse por encima de nadie.

Para seguir, lee qué propone la nueva metafísica, cómo se separan metafísica y religión ante el mal y las lecturas simbólicas de Adán y Eva. Tienes más textos en la sección de metafísica y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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