El Bloop: el monstruo de las profundidades que resultó ser hielo
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
En el verano de 1997, los hidrófonos de un programa científico estadounidense registraron en el Pacífico sur un sonido grave y potentísimo que nadie supo identificar. Lo llamaron Bloop, y durante años se habló de un animal gigantesco. La respuesta llegó, mucho más fría, de la Antártida.
Micrófonos en el fondo del mar
Al terminar la Guerra Fría, la Marina de Estados Unidos abrió a los científicos su red de hidrófonos submarinos, pensada para seguir a los submarinos soviéticos. Desde 1991, el Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico, que depende de la agencia estadounidense del océano y la atmósfera (la NOAA), la usó para escuchar volcanes y terremotos del fondo del mar. En 1996 añadió sus propios hidrófonos en el Pacífico ecuatorial oriental, anclados a la profundidad en la que el sonido viaja miles de kilómetros sin apenas perderse.
Esos aparatos captaron el Bloop. Era un sonido de frecuencia muy baja, que subía de tono a lo largo de un minuto, y tan fuerte que lo registraron sensores separados por casi 4.800 kilómetros. Los cálculos situaron su origen hacia los 50 grados sur y los 100 grados oeste, en un rincón remoto del Pacífico, al oeste del extremo sur de América.
Un detalle importa para entender lo que vino después. A velocidad real, el oído humano apenas lo percibe: la versión que circula está acelerada dieciséis veces.
Más fuerte que cualquier ballena
El investigador del programa Christopher Fox notó que la frecuencia cambiaba deprisa, como en los sonidos de algunos animales marinos. Pero la potencia no cuadraba con ninguno conocido. La llamada de la ballena azul, uno de los animales más ruidosos que se conocen, se oye a unos 1.600 kilómetros, menos de un tercio del alcance del Bloop.
Ahí empezó la leyenda. En 2002, un artículo de la revista New Scientist se preguntaba si en las profundidades podría esconderse algo más grande que cualquier ballena, y ese mismo año la CNN mencionó la posibilidad de un calamar gigante. El calamar gigante existe, pero no se le conoce ninguna capacidad de emitir sonidos, y mucho menos de esa potencia. Su historia real, de los relatos del kraken a las primeras imágenes de un ejemplar vivo, se cuenta en la criptozoología.
Cthulhu, a dos mil kilómetros
A los aficionados a la literatura de terror el lugar les sonaba. En «La llamada de Cthulhu», el relato que H. P. Lovecraft publicó en 1928, la ciudad sumergida de R'lyeh, donde duerme el monstruo, está en el Pacífico sur, a 47 grados y 9 minutos de latitud sur y 126 grados y 43 minutos de longitud oeste. El punto calculado para el Bloop queda a unos dos mil kilómetros de allí.
Bastó eso para que muchos oyentes relacionaran, medio en broma, el sonido con el despertar de Cthulhu. Las dos zonas tienen algo en común, eso sí: son aguas remotas, sin barcos ni testigos, y la de R'lyeh queda muy cerca del punto Nemo, el lugar del océano más alejado de cualquier tierra. Un escenario perfecto para imaginar lo que se quiera.
La respuesta estaba en el hielo
Fox sospechó pronto otra cosa. En 2001 ya le dijo a la CNN que podía tratarse de hielo de la costa antártica. Su equipo fue acercando los hidrófonos a la Antártida y registró en el mar de Escocia muchísimos sismos de hielo, los temblores que produce un iceberg al agrietarse y romperse, con un dibujo sonoro muy parecido al del Bloop. Hacia 2005 ya daban el caso por resuelto, y a comienzos de 2008 usaron esos mismos sonidos para seguir por el oído cómo se deshacía el iceberg A53a cerca de la isla de Georgia del Sur.
En 2012, la NOAA lo explicaba así en público: el Bloop fue, con toda probabilidad, un gran sismo de hielo, y los icebergs que lo produjeron estaban entre el estrecho de Bransfield y el mar de Ross, o quizá en el cabo Adare. El sismólogo Robert Dziak, del mismo laboratorio, explicó que sus hidrófonos captan decenas de miles de sonidos así cada año.
El Bloop no fue el único con nombre. «Julia», en 1999, y «Slow Down», en 1997, se atribuyeron a icebergs que tocaban fondo. Otro, «Upsweep», que se oye desde 1991, podría deberse a la actividad volcánica submarina, aunque no se ha confirmado.
Escucha el Bloop con oídos de oceanógrafo
El laboratorio conserva la grabación en su web, junto a la de otros sonidos del océano. Al ponerla, recuerda que está acelerada: Dziak contó que esa velocidad es precisamente lo que la hace sonar a animal. Escúchala dos o tres veces y piensa en un iceberg gigantesco partiéndose a miles de kilómetros. ¿No es ese un monstruo bastante impresionante?
Con cualquier noticia de criaturas abisales sirve la misma receta: preguntar quién grabó el sonido, con qué aparatos y desde qué distancia, y buscar la explicación que dieron después los propios científicos, que casi nunca llega a los titulares. El océano profundo guarda muchos animales por descubrir, pero también mucho hielo, muchos volcanes y mucho ruido.
Otros misterios del mar que tenían explicación están en el triángulo de las Bermudas, y los bulos sobre animales imposibles, en la otra cara de la criptozoología. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.