El fragmento de Ubatuba (I): la columna de Ibrahim Sued y una carta de firma ilegible

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Uno de los casos más estudiados de la historia de los ovnis empezó en una columna de sociedad. El 14 de septiembre de 1957, el periodista Ibrahim Sued publicó en O Globo, en Río de Janeiro, la carta de un lector que decía haber visto estallar un disco volador junto a una playa de São Paulo. Nadie ha sabido nunca quién la escribió.

Un cronista de sociedad y un sobre inesperado

Ibrahim Sued (1924-1995), hijo de inmigrantes libaneses, escribía en O Globo desde los años cincuenta y fue durante décadas uno de los cronistas sociales más leídos de Río. Su columna seguía la vida social de la ciudad, publicaba listas como la de las diez mujeres más elegantes y dejó frases hechas que se hicieron famosas. No era un periodista de ciencia ni de misterios.

A mediados de septiembre de 1957 recibió un sobre con una carta y unos trocitos de un metal extraño. Publicó la carta en su columna bajo un titular con exclamación: «Um fragmento de disco-voador!», es decir, un fragmento de disco volador.

Lo que contaba la carta

El remitente se presentaba como lector fiel y admirador del columnista, y le ofrecía una primicia. Decía que no creía en los discos voladores hasta que, pocos días antes, pescando con unos amigos cerca de Ubatuba, en la costa del estado de São Paulo, vio uno acercarse a la playa a una velocidad enorme. Parecía que iba a chocar contra el agua, pero en el último instante subió de golpe y estalló en llamas. Era mediodía, y aun así los pedazos brillaban como fuegos artificiales.

Según la carta, casi todo cayó al mar. Algunos trozos pequeños llegaron a la orilla, y el grupo recogió bastantes: eran tan ligeros que parecían papel. El autor mandaba una muestra porque no sabía a quién confiarla para un análisis, y apuntaba que, si alguien había recogido antes restos así, serían los militares y lo habrían mantenido en secreto. Había enviado la carta por duplicado, al periódico y al domicilio de Sued. La firma no se podía leer.

Tres trozos de metal y un descuido

El médico Olavo Fontes, que investigaba casos de ovnis en Río, leyó la columna, llamó a Sued y ese mismo día fue a verle a su apartamento. El columnista le dejó llevarse los tres trozos que tenía en casa, de un metal gris mate. Lo que hizo Fontes con ellos y lo que dijeron los laboratorios es otra historia.

Lo que no se llevó fue la carta, ni el duplicado que había llegado a la redacción con más trozos. El físico Peter Sturrock, que reunió décadas después lo que quedaba de las muestras, lo llamó un descuido desafortunado. Sin aquel papel ni su remitente, no hay forma de asegurar que el metal viniera de Ubatuba, que saliera de un fenómeno en el aire ni que ese fenómeno ocurriera en 1957.

Quién pudo escribirla

¿Quién escribe a un cronista de sociedad para contarle que ha visto estallar un platillo? El profesor Pierre Kaufmann, del Instituto Presbiteriano Mackenzie de São Paulo, revisó la columna original para Sturrock y sacó algunas conclusiones. La carta estaba escrita en un portugués muy cuidado, así que su autor tenía estudios y, probablemente, pasaba unos días de pesca en Ubatuba; no parecía un pescador del lugar, que difícilmente habría leído una columna de sociedad de un periódico de Río. Y el remitente conocía la dirección particular de Sued, lo que hace pensar en alguien de su círculo social.

Hubo intentos de encontrarlo. Según contó Coral Lorenzen en un libro de 1962, Fontes y el periodista João Martins recorrieron las playas de Ubatuba y solo dieron con un pescador que recordaba a unos veraneantes de una ciudad del interior: contaban el suceso muy excitados y enseñaban unos pedazos grises. No supo decir más. En agosto de 1985, a petición de Sturrock, Sued publicó en su columna una nota pidiendo información sobre aquella carta. Nadie respondió.

Las posibilidades siguen abiertas: un testigo real que prefirió no dar la cara, una broma de alguien que conocía al columnista o un trozo de metal de otro origen con una historia añadida. Ninguna se ha podido demostrar.

Lo que apareció al buscar en Ubatuba

El propio Kaufmann investigó en la zona, y en 2004 lo publicó con Sturrock en el Journal of Scientific Exploration. Según su resumen, hay pruebas indiscutibles de que un avión se estrelló en la zona en abril de 1957, pruebas sólidas de que a comienzos de los años treinta cayó o estalló allí algo parecido a un meteorito, con un material raro y ligero que apareció en una red de pesca, e indicios más débiles, apoyados sobre todo en un solo testigo, de que hacia 1957 un objeto grande se deshizo con una explosión silenciosa. También hay algún indicio de que, en aquellas fechas, alguien llevó muestras de metal a un centro de investigación de la Fuerza Aérea cerca de São Paulo, donde resultaron ser magnesio.

Ninguno de esos hallazgos conecta de forma segura con la carta de 1957.

Qué queda de la carta

Todo el caso de Ubatuba descansa sobre un papel que nadie conserva, escrito por alguien que nadie identificó, sobre una explosión cuyos testigos nunca aparecieron. Los laboratorios pueden decir de qué está hecho un metal. No pueden decir de dónde salió ni quién lo recogió, y esa es la pregunta que dejó abierta la primera semana del caso.

Al fin y al cabo, un testimonio vale lo que valen sus datos: una fecha, un lugar exacto, unos testigos a los que se pueda volver a preguntar. Cuando un caso empieza con una carta sin firma, eso no lo convierte en falso, pero obliga a leer todo lo demás con más cuidado.

Lo que dijeron los primeros análisis está en Olavo Fontes y lo que vieron los metalúrgicos, y el medio siglo de laboratorios que siguió, en el magnesio de Ubatuba y sus conclusiones. Un mes después, en octubre de 1957, empezó otro caso brasileño que también estudió Fontes, el de Antonio Villas Boas. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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