El vino, las valquirias y la luna: el vino en los ritos
Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026
El vino ha estado en el altar casi tanto como en la mesa: en las libaciones griegas, en la misa y en la cena del sábado judío. En los mitos nórdicos, en cambio, la gran bebida era el hidromiel, y la luna ha marcado desde antiguo el calendario de quienes hacen vino. Aquí tienes las tres historias, y una idea clara: ningún rito te pide beber.
Dioniso, Baco y las libaciones
Para los griegos, el vino era un regalo de Dioniso, dios de la vid, del éxtasis y también del teatro. En Atenas, las Grandes Dionisias eran la fiesta en la que se estrenaban las tragedias. Los romanos lo llamaron Baco, y sus cultos nocturnos, las bacanales, inquietaron tanto al Senado que este los prohibió en el año 186 a. C.
El gesto más repetido, sin embargo, no era beber sino derramar. La libación consistía en verter un poco de vino en el suelo o sobre el altar en honor de un dios o de los muertos. En griego se llamaba spondé, y su plural, spondai, acabó significando tregua, porque los pactos se sellaban con una libación.
Ofrecer es dar algo que no se consume.
La copa en la mesa sagrada
En el judaísmo, el kidush es la bendición que santifica la llegada del sábado y de las fiestas, y se pronuncia sobre una copa de vino. En la cena de Pésaj, el séder, se toman cuatro copas mientras se cuenta la salida de Egipto. La mayoría de los rabinos admite hoy el zumo de uva en lugar del vino.
En el cristianismo, el vino es uno de los dos elementos de la eucaristía, que recuerda la última cena de Jesús con sus discípulos. Para la Iglesia católica, el pan y el vino consagrados se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. Algunas iglesias protestantes usan zumo de uva: en 1869, Thomas Welch, un dentista metodista de Estados Unidos, pasteurizó el mosto para que no fermentara y pudiera servirse en la comunión sin alcohol.
Valhalla: hidromiel para los guerreros, vino para Odín
En la mitología nórdica, las valquirias (el nombre significa «las que eligen a los caídos») recorren los campos de batalla por orden de Odín y escogen a los guerreros que irán al Valhalla. Allí, esos guerreros, los einherjar, comen y beben cada noche, y son ellas quienes les sirven.
Pero lo que sirven no es vino. Según los textos que se pusieron por escrito en Islandia en el siglo XIII, la cabra Heidrún, que come las hojas del árbol Lærad sobre el techo de la sala, llena cada día una cuba de hidromiel, la bebida de miel fermentada, que nunca se agota. Solo Odín bebe vino. No necesita comer, y da su parte a sus lobos, Geri y Freki.
El hidromiel tiene también su propio mito. Los enanos Fjalar y Galar mataron al sabio Kvasir y, mezclando su sangre con miel, hicieron un hidromiel que convertía en poeta a quien lo probaba. Lo guardó el gigante Suttung dentro de una montaña, vigilado por su hija Gunnlöd, hasta que Odín se lo bebió en tres tragos y escapó convertido en águila. Así llegó la poesía a los dioses y a los hombres. Si te atrae ese mundo, el mito de Odín y las runas completa el retrato del dios.
La luna en el calendario del vino
Hacia el año 700 a. C., el poeta griego Hesíodo aconsejaba en Los trabajos y los días qué días del mes, que entonces seguía a la luna, eran buenos para cada tarea. El cuarto y el vigésimo séptimo, por ejemplo, para abrir una tinaja de vino.
La versión moderna de esa idea es la agricultura biodinámica, que nació de un curso que Rudolf Steiner dio en 1924. Su calendario más conocido, el de Maria Thun, clasifica los días según la constelación por la que pasa la luna: días de fruta (Aries, Leo y Sagitario, las de fuego), de raíz (las de tierra), de flor (las de aire) y de hoja (las de agua). Muchos viticultores biodinámicos trabajan con él, y algunas cadenas británicas de supermercados llegaron a programar sus catas para la prensa en días de fruta.
¿Sabe distinto el mismo vino según el día? Un equipo dirigido por la investigadora Wendy Parr lo puso a prueba en Nueva Zelanda: diecinueve profesionales cataron a ciegas doce pinot noir en días de fruta y en días de raíz. El estudio, publicado en 2017 en la revista PLOS ONE, no encontró ninguna diferencia sistemática. La verdad es que lo que cambia, cuando cambia algo, parece ser lo que espera quien cata.
Brindar con medida, o sin alcohol
- Un rito no necesita alcohol. En un ritual casero, un vaso de zumo de uva o de agua cumple el mismo papel simbólico, como en el kidush o en muchas comuniones.
- La libación se ofrece, no se bebe: unas gotas de vino o de agua vertidas en la tierra bastan para honrar a quien quieras recordar.
- Si bebes, que sea poco y con comida, y nunca si vas a conducir, si estás embarazada, si tomas medicación o si eres menor. La Organización Mundial de la Salud advirtió en 2023 que no existe un consumo de alcohol sin riesgo para la salud.
- Si el alcohol te preocupa, a ti o a alguien cercano, habla con tu médico: pedir ayuda a tiempo es lo más sensato.
Al fin y al cabo, lo que hace sagrado un brindis es el gesto, no la cantidad. Para seguir, mira qué dar en una ofrenda y dónde dejarla. Hay más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.