El triángulo de las Bermudas (I): cómo se fabricó una leyenda
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Ningún mapa oficial dibuja el triángulo de las Bermudas. La idea de un rincón del Atlántico donde barcos y aviones se esfuman sin dejar rastro nació en la prensa: una crónica de agencia en 1950, una revista de misterios en 1952 y otra de aventuras en 1964 le dieron forma y nombre. Diez años después la convirtió en fenómeno mundial un superventas, y un bibliotecario de Arizona se puso a comprobarla caso por caso.
Una crónica de 1950 y una revista de 1952
El 17 de septiembre de 1950, el Miami Herald publicó una crónica de E. V. W. Jones, redactor de la agencia Associated Press en Miami, que reprodujeron otros periódicos de Estados Unidos. Jones repasaba varias pérdidas recientes frente a Florida: un carguero con doce tripulantes, un avión de pasajeros que volaba desde San Juan en diciembre de 1948, dos aviones británicos y cinco torpederos de la Marina que despegaron de Fort Lauderdale en diciembre de 1945 y no volvieron. Hablaba de misterios del mar y de un limbo de los perdidos.
Todavía no había ninguna figura geométrica.
La dibujó George X. Sand en octubre de 1952, en Fate, una revista dedicada a lo paranormal. Su artículo, «Sea Mystery at Our Back Door» (un misterio del mar a la puerta de casa), situaba aquellas pérdidas en un triángulo de agua entre Florida, las Bermudas y Puerto Rico. Casi todo el texto giraba en torno a los cinco torpederos, y fue el primero en insinuar que en su desaparición había algo más que un accidente.
Argosy, 1964: el triángulo recibe su nombre
El nombre llegó en febrero de 1964. Vincent Gaddis, un escritor estadounidense de temas extraños, publicó en la revista Argosy «The Deadly Bermuda Triangle», el mortal triángulo de las Bermudas. Fijaba los vértices en Miami, San Juan de Puerto Rico y las Bermudas, y enlazaba los torpederos con otras pérdidas en una serie que, según él, venía al menos desde 1840. Al año siguiente lo amplió en un libro, Invisible Horizons.
A partir de ahí la etiqueta caminó sola. John Wallace Spencer tituló su libro de 1969 Limbo of the Lost, casi con las palabras de la crónica de Jones. En 1970, el naturalista Ivan T. Sanderson propuso en Invisible Residents una civilización escondida bajo los océanos, una idea que repasamos en los casos de ovnis en lagos y mares. Poco a poco, el triángulo se llenó de ovnis, remolinos y ciudades sumergidas.
1974, el año del superventas
Charles Berlitz, nieto del fundador de las escuelas de idiomas que llevan su apellido, publicó en 1974 The Bermuda Triangle, con la colaboración de J. Manson Valentine. Reunía todas las teorías en boga, incluida la de que el triángulo fuera un efecto de la destrucción de la Atlántida, tema sobre el que Berlitz ya había escrito en 1969. Vendió millones de ejemplares y se tradujo a decenas de idiomas. Ese mismo año, Richard Winer publicó The Devil's Triangle.
Berlitz volvió al esquema en 1989 con otro triángulo, el del Dragón, en aguas de Japón. La fórmula ya funcionaba sola: bastaba un mapa, unos cuantos naufragios y tres puntos que unir.
La respuesta de un bibliotecario
Lawrence David Kusche era bibliotecario de consulta en la Universidad Estatal de Arizona y piloto con licencia comercial. Junto a una compañera escribió cientos de cartas a organismos oficiales, reunió una bibliografía completa y fue a las fuentes de cada época: periódicos, informes de investigación, partes meteorológicos. En el caso de los torpederos estudió el informe de la Marina y llegó a volar la ruta.
¿Qué encontró? Que muchos relatos callaban una tormenta que los periódicos del día sí mencionaban, que algunos barcos se habían hundido muy lejos de la zona, que otros habían vuelto a puerto y que de algunas pérdidas no había ni rastro documental. Lo publicó en 1975 en The Bermuda Triangle Mystery: Solved. Su conclusión fue que la leyenda era un misterio fabricado, hecho de investigación descuidada, sensacionalismo y, a veces, invención. Al propio Berlitz le reprochó que creara misterios sin base.
Un triángulo que cambia de tamaño
Los dos primeros dibujos se parecían: Sand hablaba de Florida, las Bermudas y Puerto Rico, y Gaddis concretó Miami, San Juan y las Bermudas. Los autores siguientes estiraron los lados a su gusto. Según quién lo trace, el área va de 1,3 a 3,9 millones de kilómetros cuadrados, y hay versiones que lo llevan hasta la costa de Irlanda. Qué casos caen dentro depende, por tanto, del autor que los cuente.
La Junta de Nombres Geográficos de Estados Unidos no reconoce el nombre como oficial, y la Marina y la Guardia Costera de ese país rechazan las explicaciones sobrenaturales para lo que ocurre en esas aguas.
Una leyenda con fecha de nacimiento
El triángulo de las Bermudas tiene autores, fechas y hasta un recorrido editorial: una crónica de agencia, una revista de lo paranormal, una revista de aventuras y un libro que se vendió por millones. En cada paso se añadieron casos y se perdieron detalles, sobre todo los partes del tiempo. La verdad es que la leyenda creció más en las imprentas que en el mar.
Cuando leas un caso del triángulo, busca la noticia del día en que ocurrió, no el libro que la cita veinte años después. Comprueba la posición que se dio por radio, si hubo tormenta y si apareció algún resto. Y mira qué triángulo usa el autor, porque de eso depende que el caso esté dentro o fuera. Los casos célebres, uno a uno, y las explicaciones que se han propuesto quedan para las otras dos partes de esta serie.
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Texto de la Redacción de Leotarot.com.