Los museos del misterio: vitrinas insólitas y el respeto que piden los restos humanos
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Algunos museos de España guardan piezas que sorprenden: colecciones de animales disecados, cráneos de todas las épocas, reliquias de santos. Detrás de varias de ellas hay una cuestión que los museos se toman hoy muy en serio, la de cómo se muestra a una persona que ya no puede opinar. La historia de Banyoles es el mejor ejemplo.
Un gabinete de curiosidades junto al lago
El Museu Darder de Banyoles, en Girona, abrió el 22 de octubre de 1916. Lo fundó Francesc Darder, veterinario y taxidermista, que tenía en Barcelona una tienda de animales disecados y material de historia natural. Nació con tres secciones, zoología, industrias de productos animales y anatomía humana, y con las donaciones llegó a reunir unas veinte mil piezas.
Era un museo de su tiempo, heredero de los gabinetes de curiosidades. Cerró en 2003 para una reforma y reabrió en 2007 convertido en un espacio de interpretación del lago de Banyoles y su entorno.
El hombre que volvió a casa
La pieza más conocida del museo fue durante décadas el cuerpo disecado de un hombre africano. Hacia 1830, los hermanos Jules y Édouard Verreaux, taxidermistas franceses que trabajaban en la colonia del Cabo, desenterraron su cuerpo de noche poco después del entierro, lo disecaron y lo enviaron a París, donde se exhibió en su tienda desde 1831. Darder lo compró y lo mostró en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, y desde 1916 estuvo en una vitrina de Banyoles. Se le conoció como «el Negro de Banyoles», un apodo que hoy se reconoce racista.
El 29 de octubre de 1991, Alphonse Arcelin, un médico de origen haitiano que vivía en Cataluña, escribió al alcalde para pedir que lo retiraran. Banyoles iba a acoger las pruebas de remo de los Juegos Olímpicos de 1992, el caso atrajo a la prensa de muchos países y varios gobiernos africanos apoyaron la petición. El museo lo retiró de la exposición en marzo de 1997.
La devolución tardó todavía tres años. En 2000 se enviaron a Botsuana el cráneo y los huesos, que llegaron a Gaborone el 4 de octubre; otros restos se quedaron en Madrid, algo que muchos en Botsuana lamentaron. Al día siguiente fue enterrado en el parque Tsholofelo, y su tumba fue declarada monumento nacional.
Sigue sin saberse cómo se llamaba. Un estudio de la Universidad de Botsuana apunta a que pudo ser un joven de unos 27 años del pueblo batlhaping, que vivía junto a la confluencia de los ríos Orange y Vaal. La lápida lo llama hijo de África.
Huesos para aprender
En Madrid, la Escuela de Medicina Legal de la Universidad Complutense, en su facultad de Medicina, alberga el Museo de Antropología Médica, Forense, Paleopatología y Criminalística Profesor Reverte Coma. Nació del laboratorio de antropología forense que la Escuela puso en marcha en 1980 y lleva el nombre del antropólogo que reunió sus piezas, José Manuel Reverte Coma. Se constituyó formalmente en 1994 y reúne unas 1.500 piezas, entre ellas una colección de unos 800 cráneos y algunas momias históricas. Sus salas van de la odontología y la criminalística a la paleopatología, que estudia las enfermedades en restos antiguos.
Aquí los restos tienen un fin docente, y eso marca el tono: se muestran para enseñar, no para impresionar. Las visitas, eso sí, conviene concertarlas antes.
Reliquias: lo sagrado en una urna
La tradición católica guarda otra clase de restos humanos, las reliquias de los santos. En Alba de Tormes (Salamanca), donde está enterrada santa Teresa de Jesús, se conservan en relicarios su corazón y uno de sus brazos. En Ávila, la Sala de Reliquias del convento levantado sobre su casa natal muestra un dedo de su mano derecha, su rosario y la suela de una sandalia.
En agosto de 2024 se abrió su sepulcro para estudiarlo, y los responsables explicaron que el cuerpo estaba igual que en la apertura anterior, la de 1914. Para los creyentes no son piezas de museo, sino objetos de devoción, y se visitan en silencio, como se visita una iglesia.
Lo que dice el código del ICOM
¿Quién decide cómo se muestra un cuerpo? Desde hace décadas, los museos se dan sus propias normas. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) aprobó su código de deontología en 1986, en Buenos Aires, y lo revisó en 2004, en Seúl. Aquella versión pedía exponer los restos humanos y los objetos sagrados según las normas profesionales, teniendo en cuenta, cuando se conozcan, las creencias de la comunidad de la que proceden, y con gran tacto y respeto por la dignidad humana. Pedía también atender con rapidez y sensibilidad las peticiones de retirarlos de la vista o de devolverlos.
El 25 de junio de 2026, en París, el ICOM aprobó un código revisado. Insiste en la dignidad de los restos humanos, pide que las decisiones sobre ellos se tomen junto con sus descendientes o sus comunidades de origen y, cuando conservan un valor cultural o espiritual, que se valore restringir su uso o devolverlos. Lo que pasó en Banyoles es justo lo que estas normas quieren evitar.
Cuando la vitrina guarda a una persona
- Lee la cartela. Un buen museo explica de dónde vienen los restos, cómo llegaron y por qué se muestran; si no lo dice, pregunta al personal.
- Mira sin morbo. Si el museo pide no hacer fotos, no las hagas, y no conviertas unos restos en motivo de broma.
- Recuerda que fue alguien. Detrás de cada cráneo hubo una vida, una familia y una despedida, igual que detrás de las reliquias que otros veneran.
Sobre el respeto a los muertos de otras épocas, lee lo que había en las tumbas de los vampiros, y sobre una reliquia que decidió una batalla, la lanza de Antioquía. Hay más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.