Pseudocríptidos: sirenas cosidas, liebres con cuernos y otros fraudes de la criptozoología
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
No todos los animales misteriosos son un enigma para la ciencia: algunos salieron de un taller. Sirenas hechas con un mono y un pez, rayas recortadas para parecer diablos o una liebre con astas son los pseudocríptidos más famosos, y su historia enseña cómo se destapa un fraude.
Qué es un pseudocríptido
La criptozoología llama críptidos a los animales de los que hablan testigos y leyendas pero que la zoología no reconoce. Un pseudocríptido es otra cosa: un ejemplar fabricado o manipulado para hacerse pasar por uno de ellos, casi siempre para cobrar entrada, vender un recuerdo o salir en los periódicos.
Eso sí, a diferencia de un testimonio, un objeto se puede examinar. Por eso estos fraudes acaban cayendo en cuanto alguien los mira de cerca, aunque a veces tarden décadas.
La sirena de Barnum
En 1842, el empresario de espectáculos P. T. Barnum exhibió en Nueva York una «sirena de Fiyi». Se la había alquilado por 12,50 dólares a la semana a Moses Kimball, dueño del Museo de Boston, y antes de enseñarla preparó el terreno: un socio suyo se hizo pasar por un tal doctor J. Griffin, naturalista, y unas cartas a los periódicos despertaron la curiosidad. Primero se mostró en una sala de conciertos y después en el Museo Americano del propio Barnum.
Era la mitad superior de un mono joven cosida a la cola de un pez. Según la historia que la acompañaba, un capitán estadounidense la había comprado a marineros japoneses en 1822, y piezas así se fabricaban en Japón para la venta. El original se perdió, seguramente en uno de los incendios que destruyeron las colecciones de Barnum. El Museo Peabody de Harvard conserva otra sirena de la colección de Kimball.
Rayas con cara de diablo y liebres con astas
Mucho antes, en los puertos se vendían a marineros y coleccionistas las Jenny Haniver: rayas secas, recortadas y retorcidas para que parecieran demonios, ángeles o dragones. Según una hipótesis, el nombre viene del francés jeune d'Anvers, «joven de Amberes», deformado por los marineros ingleses. El naturalista suizo Conrad Gessner publicó en 1558, en su Historia animalium, el primer dibujo conocido de una y advirtió que no eran más que rayas manipuladas. Aun así, muchas se vendieron como basiliscos. ¿Quién iba a desmentirlo, si nadie había visto nunca un basilisco?
El jackalope es el caso más simpático. En los años treinta, el taxidermista Douglas Herrick, de Douglas (Wyoming), montó unas astas de ciervo sobre una liebre americana, y el invento hizo fortuna. El pueblo lo adoptó como emblema: tiene una estatua y vende a los turistas licencias para cazarlo el 31 de junio, un día que no existe. La broma tiene un fondo real. En 1933, el virólogo Richard Shope describió un virus que produce en los conejos unos bultos parecidos a cuernos, y las liebres cornudas ya aparecían en tratados de historia natural de los siglos XVI y XVII.
El hombre congelado de Minnesota
A finales de los años sesenta recorría ferias y centros comerciales de Estados Unidos un bloque de hielo con un cuerpo peludo de aspecto humano, anunciado como un eslabón perdido. Su dueño, un feriante, contaba historias que cambiaban: que lo habían sacado del hielo de Siberia, que lo cuidaba para un millonario de California.
En diciembre de 1968, el zoólogo Bernard Heuvelmans, considerado el fundador de la criptozoología, y el naturalista Ivan Sanderson lo examinaron durante tres días a través del hielo, en el remolque frigorífico donde pasaba el invierno. Los dos quedaron convencidos, y Heuvelmans lo describió en 1969, en el boletín del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, como una forma desconocida de homínido vivo, Homo pongoides. El primatólogo John Napier, que siguió el caso para la Smithsonian, llegó a otra conclusión: era un muñeco de látex, encargado en 1967 a un taller de la costa oeste. La figura se vendió en una subasta por internet en 2013 y hoy se exhibe en un museo de curiosidades de Austin, en Texas.
Chupacabras: perros y coyotes enfermos
El chupacabras nació en Puerto Rico en 1995, cuando la prensa empezó a culpar a un ser desconocido de la muerte de cabras y otros animales; el nombre se atribuye al humorista Silverio Pérez. El investigador Benjamin Radford dedicó cinco años al caso y en 2011 publicó Tracking the Chupacabra. Según su trabajo, la primera descripción, la de un ser con púas en el lomo, coincidía con la criatura de la película Species, que la testigo había visto poco antes, y un veterinario del Departamento de Agricultura de Puerto Rico examinó unos trescientos animales supuestamente desangrados sin encontrar ninguno que lo estuviera.
Después, la leyenda cambió de forma. En el sur de Estados Unidos y en México empezaron a aparecer cadáveres de animales sin pelo, de piel gris y arrugada, presentados como chupacabras. Los análisis los identificaron como coyotes, perros o algún híbrido con una sarna muy avanzada, la que causa un ácaro que hace caer el pelo y engrosa la piel.
Cuatro comprobaciones ante un animal imposible
- Pide la pieza, no la foto. Una sirena, un muñeco o un cadáver se pueden radiografiar, abrir o analizar; si el dueño no lo permite, ya es una pista.
- Busca la costura. Entre el mono y el pez, o entre la liebre y las astas, siempre hay una unión que delata el montaje.
- Sigue el dinero. Una entrada, un recuerdo o un festival no prueban el engaño, pero explican por qué una historia dura tanto.
- Compara con lo conocido. Un coyote con sarna o una raya seca explican más que una especie nueva.
Los animales que sí resultaron reales, como el calamar gigante o el celacanto, están en la criptozoología y sus hallazgos, y Pie Grande o el hombre polilla, en las criaturas extrañas de Norteamérica. Otras vitrinas sorprendentes aparecen en los museos del misterio. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.