El astrónomo del Vaticano y la vida extraterrestre: lo que dijo José Gabriel Funes
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
En mayo de 2008, el director del Observatorio Vaticano dijo en el periódico de la Santa Sede que creer en vida inteligente en otros mundos no contradice la fe católica. Aquí se cuenta qué dijo, qué pensaba su antecesor y por qué el Vaticano tiene un observatorio.
«El extraterrestre es mi hermano»
Jesuita y astrónomo, nacido en Córdoba (Argentina) en 1963 y doctorado en la Universidad de Padua, José Gabriel Funes dirigía el observatorio desde agosto de 2006. Tenía 45 años cuando, el 14 de mayo de 2008, L'Osservatore Romano publicó una entrevista con él bajo el título «El extraterrestre es mi hermano».
Su argumento era sencillo. Igual que en la Tierra existe una multitud de criaturas, podría haber otras, incluso inteligentes, creadas por Dios; negarlo sería poner límites a su libertad creadora. Recordó a san Francisco de Asís, que llamaba hermano al sol y hermana a la luna, para preguntarse por qué no hablar de un hermano extraterrestre.
Fue más lejos en un punto que dio mucho que hablar: esos seres quizá no necesitarían redención, porque podrían haber seguido en plena amistad con su Creador. También recordó que la Biblia no es un libro de ciencia y que la gran explosión inicial le parecía la explicación más razonable del origen del universo.
Era su opinión de científico y de sacerdote, no una declaración oficial de la Iglesia. Que la publicara el diario vaticano, eso sí, indicaba que se tenía por una postura aceptable.
Un observatorio con más de un siglo
El interés de los papas por el cielo viene del calendario: la reforma gregoriana de 1582 se preparó con datos astronómicos. El observatorio actual nació el 14 de marzo de 1891, cuando León XIII lo fundó con el documento Ut mysticam, y explicó que quería dejar claro a todos que la Iglesia no se opone a la ciencia verdadera. Sus astrónomos participaron en la Carte du Ciel, un gran mapa fotográfico del cielo repartido entre observatorios de todo el mundo.
Las luces de Roma lo echaron de la ciudad. Pío XI lo trasladó a Castel Gandolfo, la residencia de verano de los papas, y en 1935 lo confió a los jesuitas. Cuando también allí el cielo se volvió demasiado claro, el observatorio abrió en 1981 un segundo centro en Tucson (Arizona), y en 1993 terminó en el monte Graham, en el mismo estado, un telescopio de 1,8 metros.
George Coyne: más preguntas que respuestas
Funes sucedió a George Coyne (1933-2020), jesuita de Baltimore que dirigió el observatorio de 1978 a 2006. En 1994, Coyne ya se declaraba abierto a la existencia de vida fuera de la Tierra y convencido de que el cristianismo podría acomodar su teología a un hallazgo así.
En un ensayo para el libro colectivo Many Worlds (2000) dio un paso más: si existen otras inteligencias, escribió, los teólogos tendrán que repensar algunas realidades básicas de la fe. Planteaba preguntas difíciles, como qué es un ser humano o si Cristo, plenamente humano, podría estar presente en más de un planeta y en más de un tiempo.
Coyne defendía que la evolución es compatible con la fe católica, y en 2005 dijo que el diseño inteligente no es ciencia aunque lo pretenda. En febrero de 2009, en una charla en el centro Ames de la NASA, resumió su postura con humildad: en la escala del cosmos, las tradiciones religiosas acaban de empezar, y si hay vida inteligente en otra parte y Dios le ha hablado, reconoció no tener la menor idea de cómo.
Una semana de astrobiología en 2009
En 2009 se celebró el Año Internacional de la Astronomía, a los cuatrocientos años de las primeras observaciones de Galileo con el telescopio. Del 6 al 10 de noviembre, la Academia Pontificia de las Ciencias y el observatorio reunieron en la Casina Pío IV, en los jardines vaticanos, a más de treinta astrónomos, biólogos y geólogos, creyentes y no creyentes. Hablaron del origen de la vida, de su evolución en la Tierra y de cómo buscarla en otros lugares.
En la rueda de prensa del último día, Funes defendió que esas preguntas merecen una consideración seria y tienen consecuencias filosóficas y teológicas. Entre los participantes estaban la astrónoma Jill Tarter, del Instituto SETI, y la astrofísica Sara Seager, que busca planetas en torno a otras estrellas.
Galileo, Settele y una fecha mal contada
Se repite a menudo que la Iglesia no admitió hasta finales del siglo XX que la Tierra no es el centro del universo. No es exacto. En 1758 desapareció del Índice de libros prohibidos la prohibición general de las obras que defendían el movimiento de la Tierra. En 1820, cuando un censor negó el permiso de impresión al manual de astronomía del canónigo Giuseppe Settele, que daba ese movimiento por un hecho, un decreto aprobado por Pío VII lo autorizó. Y en la edición del Índice de 1835 ya no figuraban el libro de Copérnico ni el Diálogo de Galileo.
Lo de 1992 fue otra cosa. Juan Pablo II había pedido en 1979 que se estudiara a fondo el caso Galileo, y en 1981 se creó una comisión. El 31 de octubre de 1992, ante la Academia Pontificia de las Ciencias, cerró aquel trabajo con un discurso en el que admitió que la mayoría de los teólogos de entonces no distinguieron entre la Escritura y su interpretación, y llevaron al terreno de la fe una cuestión que era de investigación científica. Fue el reconocimiento de un error en el juicio de 1633, no el descubrimiento tardío de que la Tierra gira alrededor del Sol.
Una pregunta que sigue abierta
Hasta ahora no se ha encontrado vida fuera de la Tierra, ni simple ni inteligente. Lo que dijeron Funes y Coyne no anunciaba ningún hallazgo: era la respuesta de dos científicos creyentes a una posibilidad que la astronomía se toma en serio.
¿Cambiaría algo para la fe un descubrimiento así? Para Funes, no tendría por qué; para Coyne, obligaría a pensar de nuevo muchas cosas. Cuando leas un titular que diga que el Vaticano «admite» o «confirma» algo sobre los extraterrestres, mira quién habla y en calidad de qué. Una entrevista a un astrónomo no es un documento de la Iglesia, y una posibilidad no es una prueba.
Qué haría falta para probar una visita de otro mundo se explica en la hipótesis extraterrestre, y cómo se investiga un avistamiento, en escépticos, creyentes e investigadores. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.