Kennedy, Tutankamón y el diamante Hope: cuando la mala suerte se vuelve leyenda

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Hay familias, tumbas y joyas que arrastran fama de malditas. Detrás de cada leyenda hay hechos reales, casi siempre tristes, y una costumbre muy humana: juntar desgracias sueltas en una sola historia con un culpable.

Los Kennedy: nueve hijos y una vida expuesta

Joseph P. Kennedy y Rose Fitzgerald tuvieron nueve hijos, y cuatro murieron de forma violenta. Joe, el mayor, a los 29 años: el 12 de agosto de 1944 estalló sobre Inglaterra el avión cargado de explosivos que pilotaba en una misión secreta. Kathleen murió el 13 de mayo de 1948, cuando la avioneta en la que volaba hacia la Costa Azul se estrelló en el sureste de Francia. John, el presidente, fue asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Robert recibió los disparos en Los Ángeles la noche del 5 de junio de 1968 y murió al día siguiente.

La idea de un sino familiar la dijo en voz alta el propio clan. En julio de 1969, después del accidente de Chappaquiddick, en el que murió Mary Jo Kopechne, el hermano pequeño, Ted, se preguntó en televisión si sobre todos los Kennedy pesaba algo terrible.

Hubo más golpes. Michael, hijo de Robert, murió el 31 de diciembre de 1997 al chocar contra un árbol en Aspen mientras jugaba al fútbol americano con esquís. Y el 16 de julio de 1999, John Kennedy hijo cayó al Atlántico frente a Martha's Vineyard pilotando su avioneta, con su mujer, Carolyn Bessette, y la hermana de ella, Lauren. Los investigadores concluyeron que, de noche y con bruma, se desorientó al descender sobre el agua y perdió el control.

¿Hace falta algo sobrenatural para explicarlo? Una familia con decenas de descendientes, en primera línea de una guerra mundial y de la política de una década violenta, aficionada a las avionetas y a los deportes de riesgo, acumula muchas más ocasiones de tragedia que la media. Es lo que responden los escépticos: en una familia tan extensa, varias generaciones dan para muchas desgracias parecidas.

Tutankamón y los periódicos de 1923

En noviembre de 1922, Howard Carter dio en el Valle de los Reyes con la tumba de Tutankamón, en una excavación que pagaba Lord Carnarvon. El 5 de abril de 1923, Carnarvon murió en El Cairo: se había cortado al afeitarse una picadura de mosquito, la herida se infectó y acabó en una neumonía.

La prensa hizo el resto. La novelista Marie Corelli publicó una carta que anunciaba castigos para quien profanara la tumba, y Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, habló de espíritus elementales puestos por los sacerdotes. En la tumba, en cambio, no apareció ninguna inscripción con una amenaza así. Carter, que la había abierto, la llamaba tontería.

Los números cuentan otra historia. De las 58 personas presentes en la apertura, solo 8 murieron en los doce años siguientes. Lady Evelyn Herbert, la hija de Carnarvon, que estuvo allí, vivió hasta 1980, y Carter murió en 1939, a los 64 años. En 2002, un estudio de Mark Nelson en la revista médica BMJ siguió a 44 occidentales que estaban en Egipto en aquellos años: los 25 que estuvieron cerca de la tumba murieron, de media, a los 70 años, y los demás, a los 75. La diferencia no era significativa.

Una piedra azul y un bate de béisbol

El diamante Hope es una piedra azul de 45,52 quilates. Según su leyenda, lo arrancaron del ojo de un ídolo en la India, pero ningún documento lo respalda. Jean-Baptiste Tavernier, el viajero que lo trajo a Europa y se lo vendió a Luis XIV, no murió despedazado por animales, como se cuenta: falleció a los 84 años, de muerte natural. Las historias de desgracias crecieron en los periódicos entre 1908 y 1911, y se dice que el joyero Pierre Cartier las adornó para tentar a la heredera Evalyn Walsh McLean, que acabó comprándolo. En noviembre de 1958, Harry Winston lo mandó por correo certificado a la Smithsonian, en Washington.

El deporte tiene también su leyenda. Los Medias Rojas de Boston vendieron a Babe Ruth a los Yankees el 3 de enero de 1920, y la Serie Mundial que habían ganado en 1918 no volvió a Boston hasta 2004. Ese año remontaron a los Yankees una eliminatoria que perdían por tres partidos a cero, algo inédito en las Grandes Ligas. Lo curioso es que el nombre de la leyenda, que juega con el apodo de Ruth, «el Bambino», no se popularizó hasta 1990, con un libro del periodista Dan Shaughnessy.

Por qué unas desgracias sueltas parecen un destino

En 1937, el antropólogo británico E. E. Evans-Pritchard contó cómo explicaban la desgracia los azande, un pueblo de agricultores del sur de Sudán. Cuando un granero viejo, roído por las termitas, se venía abajo y mataba a quien descansaba a su sombra, nadie negaba lo de las termitas. La brujería explicaba otra cosa: por qué se cayó justo cuando esa persona estaba debajo. Nosotros lo llamamos azar, pero la pregunta es la misma.

La memoria se queda con los casos que encajan en la leyenda y olvida los demás, como la hija de Carnarvon. Con muchas personas y muchos años, las desgracias llegan por pura frecuencia. Y una creencia puede empujar hacia lo que anuncia: el sociólogo Robert K. Merton llamó en 1948 profecía autocumplida, por ejemplo, al rumor de quiebra que hace que todos saquen su dinero y el banco quiebre de verdad. Quien está convencido de que tiene mala suerte vive con más angustia, decide peor o deja de intentarlo, y cree confirmar lo que temía.

Queda el negocio, claro. Una buena leyenda vende periódicos, joyas y libros.

Frente a una mala racha

  • Apunta durante un mes lo que te sale mal y también lo que te sale bien: la memoria guarda mucho mejor lo primero.
  • Separa lo que depende de ti de lo que es azar, y dedica tus fuerzas a lo que sí puedes cambiar.
  • Si la preocupación te quita el sueño o no te deja vivir tranquilo, habla con un psicólogo, y desconfía de quien te diga que cargas con un mal y te cobre por quitártelo.

Al fin y al cabo, una racha es eso: una racha. Para seguir, lee de dónde vienen las supersticiones más comunes y por qué el 13 arrastra tan mala fama. Hay más en la sección de signos del zodiaco y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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