La güija (III): cómo se desmonta una sesión, letra a letra

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Saber que el vaso lo mueven los jugadores es una cosa; descubrir quién lo lleva en una sesión concreta es otra. Hay maneras sencillas de comprobarlo sin acusar a nadie, y una historia de 1917 que muestra hasta dónde puede llegar un tablero cuando nadie lo pone a prueba.

Los ojos van por delante

Observa las caras, no el vaso. Quien no empuja suele seguir la copa con la mirada y lee la letra cuando ya se ha parado encima. Quien la conduce, a sabiendas o sin darse cuenta, mira la letra siguiente antes de que la copa llegue. Es un gesto difícil de disimular durante una sesión larga.

Hay otra pista. A veces una persona va diciendo en voz alta las palabras mientras el vaso aún recorre el papel, e incluso las completa cuando faltan varias letras. Formar una frase al vuelo, con la copa saltando de un lado a otro, es casi imposible para quien solo la sigue. Para quien ya tiene la frase en la cabeza, es lo más natural del mundo.

Tampoco sirve de mucho repartir las letras al azar por el tablero, como hacen algunos grupos para evitar trampas. A los pocos minutos todos recuerdan dónde está cada una, y el vaso deja de dar vueltas y empieza a ir en línea recta de letra en letra.

Los dedos, de uno en uno

La prueba más sencilla consiste en pedir a los jugadores que levanten el dedo por turnos. Si la copa se para siempre que se retira la misma persona y sigue moviéndose cuando solo queda ella, ya se sabe quién lleva el mando. También ayuda fijarse en la presión: el dedo de quien conduce suele apretar más y, poco a poco, se desliza hacia el centro de la base, desde donde es muy fácil dirigir la copa.

Nada de esto prueba que esa persona mienta. El efecto ideomotor existe, y el cuerpo empuja sin pedir permiso. Y hay quien, al verse descubierto, explica que las frases le llegan a la mente y que él solo las pasa al vaso. Puede ser sincero: la cabeza fabrica frases con mucha soltura. Eso sí, en ese caso el vaso sobra.

La venda y el tablero girado

La comprobación definitiva es vendar los ojos a todos los que tocan la copa. Una persona que no juega anota las letras que marca. Si también gira el tablero un cuarto de vuelta sin avisar, la prueba es todavía más clara, porque nadie puede guiarse por el recuerdo de dónde estaba cada letra.

Si los mensajes salen de los jugadores, el vaso seguirá yendo adonde ellos creen que están las letras, y lo apuntado será una ristra sin sentido. Es lo que suele ocurrir, según los escépticos que proponen esta prueba. Si saliera un mensaje coherente con los ojos tapados y el tablero girado, ahí sí habría algo que estudiar.

Una novela firmada por Mark Twain

En la primera parte se cuenta el caso de Patience Worth y Pearl Curran, que empezó en 1913. La amiga que acompañaba a Curran en aquellas primeras sesiones, Emily Grant Hutchings, quiso ir más lejos.

En 1917, Hutchings y Lola V. Hays publicaron Jap Herron, una novela que, según ellas, les había dictado por la güija Mark Twain, muerto siete años antes. Decían haber empezado a transcribirla en 1915. The New York Times la reseñó el 9 de septiembre de 1917 y vio en su humor un intento flojo de imitación. ¿Por qué iba a escribir peor un autor después de muerto?

La familia del escritor no se quedó de brazos cruzados. El 8 de junio de 1918, Clara Clemens, la hija de Twain, demandó a Hutchings y al editor, Mitchell Kennerley, en un tribunal de Nueva York. El pleito se retiró cuando Hutchings aceptó destruir los ejemplares que quedaban y dejar de publicar el libro, aunque nunca reconoció que no fuera de Twain.

Tres controles para la próxima sesión

  • Una persona que no toca el vaso anota las letras y vigila hacia dónde miran los jugadores.
  • Los jugadores levantan el dedo por turnos, sin explicar por qué, y se apunta cuándo se para la copa.
  • En algún momento todos se vendan los ojos mientras alguien gira el tablero, y se compara lo que sale con lo de antes.

Ninguna de estas pruebas sirve para dejar en evidencia a nadie delante del grupo. Si descubres quién mueve la copa, díselo a solas y con tacto; casi siempre se sorprenderá tanto como tú. La segunda parte de la serie cuenta lo que ha medido la ciencia sobre quién mueve el vaso. Para seguir, lee también cómo eran las sesiones de espiritismo de los salones y qué pasó con la frase secreta que Houdini nunca llegó a enviar. Hay más en la sección de videncia y otras mancias y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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