Meditación en movimiento: del taichí al laberinto, y lo que dice la investigación
Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026
No hace falta estar quieto para meditar. Muchas tradiciones entrenan la atención mientras el cuerpo se mueve: despacio, como en el taichí, girando, como los derviches, o paso a paso por un camino dibujado en el suelo. Aquí tienes de dónde viene cada práctica, qué se ha estudiado y qué precauciones conviene tomar.
Taichí y qigong: lentitud y respiración
El taichí nació a mediados del siglo XVII en Chenjiagou, una aldea del distrito de Wen, en la provincia china de Henan. Era un arte marcial, y lo sigue siendo, pero muchísima gente lo practica como una forma de calma: movimientos lentos y circulares, el peso que pasa de una pierna a otra, la respiración acompasada. Su nombre completo, taijiquan, alude al taiji, el principio supremo del que nacen el yin y el yang. En 2020, la Unesco lo incluyó en su lista del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
El qigong es antiguo como práctica y reciente como palabra. Qi significa aliento o energía, y gong, trabajo o cultivo. En una tumba de Mawangdui, sellada en el siglo II antes de Cristo y abierta en 1973, apareció una seda pintada con decenas de figuras que hacen ejercicios de estiramiento y respiración, el daoyin. El nombre de qigong, en cambio, lo fijó Liu Guizhen en 1949, y se difundió por la China de los años cincuenta como una práctica de salud.
Caminar despacio: el kinhin y el laberinto
¿Te cuesta estar sentado mucho rato? El zen tiene una respuesta antigua. En sus monasterios, entre dos periodos de meditación sentada, los monjes se levantan y caminan en fila alrededor de la sala, en el sentido de las agujas del reloj. Es el kinhin. Llevan las manos a la altura del pecho, una cerrada en puño y la otra cubriéndola. Unos dan un paso por cada respiración completa, muy despacio; otros caminan a paso vivo, casi al trote.
El laberinto ofrece otra manera de caminar con atención. No es un rompecabezas: a diferencia de un dédalo, tiene un único camino, que lleva al centro y desde allí de vuelta a la salida, sin nada que elegir. El más famoso está en el suelo de la catedral de Chartres, en Francia. Se trazó a principios del siglo XIII, mide unos trece metros de diámetro y su camino recorre once anillos. En 1991, la sacerdote episcopaliana Lauren Artress lo caminó y copió su dibujo en una lona para la catedral de la Gracia de San Francisco. Desde allí, la costumbre de recorrer laberintos se extendió a muchos otros lugares.
El giro de los derviches
Para los derviches de la orden mevleví, girar es una forma de oración. Su ceremonia, el sema, se acompaña con el ney, la flauta de caña. Los semazen entran con un gorro alto de fieltro, el sikke, que representa la lápida del ego, y con una capa negra, la hırka, que simboliza la tumba. Al quitársela queda a la vista la falda blanca, la tennure, que la tradición asocia con el sudario. Giran sobre el pie izquierdo, impulsándose con el derecho, con los ojos abiertos pero sin fijar la mirada. La palma derecha mira al cielo, para recibir; la izquierda, a la tierra, para dar.
Su historia reciente no ha sido sencilla. En 1925, la República de Turquía cerró todas las casas de los derviches, y la ceremonia sobrevivió casi en secreto hasta que, en los años cincuenta, se permitieron de nuevo las representaciones públicas. La Unesco la proclamó obra maestra del patrimonio oral e inmaterial en 2005 y la inscribió en su lista en 2008. Konya, la ciudad donde está enterrado Rumi, sigue siendo su centro, y cada diciembre recuerda su muerte, ocurrida en 1273.
Lo que dice la investigación
De todas estas prácticas, la mejor estudiada es el taichí. En 2019, una revisión Cochrane coordinada por Cathie Sherrington reunió los ensayos sobre ejercicio para prevenir caídas en personas mayores que viven en su casa. Con el taichí, el número de caídas bajaba en torno a un 19 %, con pruebas de calidad baja, y el número de personas que se caían, alrededor de un 20 %, esta vez con pruebas de calidad alta.
Con el qigong, las revisiones encuentran muchos estudios, pero casi siempre pequeños y de poca calidad, así que no permiten conclusiones firmes. Del giro de los derviches y del laberinto apenas hay investigación: lo que se cuenta de ellos es, sobre todo, la experiencia de quienes los practican. La verdad es que ninguna de estas prácticas cura enfermedades, y ninguna sustituye al médico ni al fisioterapeuta.
Empieza despacio: cinco precauciones
- Consulta antes con tu médico si lo necesitas. Si tienes mareos, problemas de equilibrio, de rodillas o de corazón, o estás embarazada, coméntalo antes de empezar cualquier práctica nueva.
- Aprende con alguien en persona. Un buen profesor corrige la postura, algo que un vídeo no hace. En el taichí, las posturas muy bajas cargan las rodillas: al principio, mejor más altas.
- No improvises el giro. Los semazen se preparan durante mucho tiempo. En casa, unas pocas vueltas bastan para marearse y caer, así que, si lo pruebas, hazlo despacio, en un espacio despejado y deteniéndote al primer mareo.
- Elige un suelo seguro para caminar. Para el kinhin o un laberinto, busca un suelo llano, buena luz y un calzado cómodo.
- Escucha a tu cuerpo antes que a la técnica. El dolor es una señal para parar, no un obstáculo que vencer. Eso sí, meditar en movimiento acompaña, pero no sustituye ningún tratamiento.
Para comparar con las formas que se practican sentado, repasa las técnicas de meditación más conocidas o lee lo que la meditación no es. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.