666, el número de la Bestia: de Nerón al código de barras

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

El 666 sale de un solo versículo del Apocalipsis, el 13, 18. La mayoría de los historiadores lo lee como un nombre cifrado, probablemente el del emperador Nerón, y algunos manuscritos antiguos dicen 616. El miedo, el anticristo con la cifra marcada en la piel y las teorías sobre los códigos de barras llegaron mucho después.

Un acertijo en el último libro de la Biblia

El Apocalipsis lo escribió un tal Juan, desterrado en la isla de Patmos, probablemente a finales del siglo I. Su título griego, apokálypsis, significa «revelación», no catástrofe. Es un libro de visiones lleno de símbolos, pensado para comunidades cristianas que se sentían acosadas por el poder de Roma.

En el capítulo 13 aparecen dos bestias. La segunda obliga a llevar una marca en la mano derecha o en la frente para poder comprar y vender. El versículo 18 lanza entonces un reto al lector con entendimiento: que haga la cuenta, porque se trata de un «número de hombre». Y da la cifra, seiscientos sesenta y seis.

Un detalle que sorprende a muchos: la palabra «anticristo» no aparece en el Apocalipsis. Solo está en las cartas de Juan, que hablan de «muchos anticristos», en plural, para referirse a quienes negaban que Jesús fuera el Cristo.

Gematría: cuando las letras valen números

En hebreo y en griego no había cifras aparte, y cada letra tenía un valor numérico. Sumar las letras de un nombre era un juego conocido, que en hebreo se llama gematría y en griego, isopsefía. En una pared de Pompeya se conserva un grafiti que dice, más o menos, «amo a aquella cuyo número es 545».

Si se escribe «Nerón César» con letras hebreas, tal como aparece en un documento arameo hallado en el desierto de Judea, la suma da exactamente 666. Nerón había perseguido a los cristianos de Roma después del incendio del año 64, y tras su muerte, en el 68, corrió el rumor de que volvería. Para los primeros lectores, el acertijo tenía una solución cercana.

Hay otra curiosidad para los aficionados a los números: 666 es la suma de todos los enteros del 1 al 36. Es, por tanto, un número triangular, como el 6, el 21 o el 36.

La variante 616

No todos los manuscritos dicen 666. El papiro 115, hallado en Oxirrinco (Egipto) y fechado entre los años 225 y 275, es el más antiguo que conserva ese pasaje, y trae 616. También lo trae el códice de Efrén, del siglo V. Hacia el año 180, Ireneo de Lyon ya conocía esa lectura y la tenía por un error de copista.

La explicación más aceptada vuelve a Nerón. Escrito a la latina, sin la ene final, su nombre en hebreo suma 616, de modo que las dos cifras apuntan al mismo emperador. Casi todas las Biblias imprimen 666, la lectura de la mayoría de los manuscritos.

Dos mil años buscando a la Bestia

El propio Ireneo probó con otros nombres, como Lateinos, «el latino». Desde entonces, la cuenta se ha hecho con casi todo. En la Reforma, el matemático luterano Michael Stifel forzó las letras romanas de Leo Decimus para que el papa León X diera 666, y llegó a anunciar el fin del mundo para octubre de 1533. Católicos y protestantes se lanzaron el número unos a otros. Tolstói lo retrató en Guerra y paz, donde Pierre Bezújov hace la cuenta con el nombre de Napoleón.

¿Quieres probar con el tuyo? Con suficientes sumas, restas y multiplicaciones, cualquier nombre acaba dando 666.

El siglo XX añadió la imagen. El cine de terror de los años setenta, con La profecía (1976), fijó la del anticristo con el número en la piel. En 1981, la evangelista estadounidense Mary Stewart Relfe aseguró en un libro que el 666 se escondía en el código de barras: las tres barras largas del principio, del centro y del final serían tres seises. Son, en realidad, marcas de guía para el lector óptico. Su diseñador, George Laurer, respondió que el parecido era una casualidad, como que su nombre, su segundo nombre y su apellido tuvieran seis letras cada uno.

La superstición ha tenido efectos prácticos. En 2003, la carretera 666 de Estados Unidos pasó a llamarse 491. En China, en cambio, el 666 trae buena suerte, porque suena a que todo saldrá rodado. Y el 6 de junio de 2006, el famoso 6-6-06, fue un martes como cualquier otro.

Un 666 en la vida diaria

Si te sale en una matrícula, en un recibo o en el reloj, es un número más. La numerología, de hecho, asocia el número 6 con la armonía, la familia y el cuidado de los demás, sin nada de siniestro. Y el propio capítulo 13 del Apocalipsis, antes de dar la cifra, habla de la paciencia y la fe de los creyentes, no de temer a un número.

Leído en su contexto, el 666 cuenta una historia de su época: comunidades pequeñas que escribían con acertijos frente a un imperio. Pues esa historia interesa más que cualquier profecía. Y si alguna vez el miedo a una cifra te angustia o te impide hacer tu vida, no te lo calles: háblalo con alguien de confianza o con un psicólogo.

Para seguir, lee cómo explican las religiones el poder del mal o qué dice la numerología del milenio en que vivimos. Hay más en la sección de numerología y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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