Meditar con La Sacerdotisa: la carta del silencio
Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026
La Sacerdotisa es el arcano II del tarot y llega justo después de El Mago. Si él se pone manos a la obra, ella se sienta, calla y escucha. Por eso muchos tarotistas la eligen para meditar cuando toca estudiar, recordar o decidir algo sin precipitarse.
De La Papisa a la Suma Sacerdotisa
En el tarot de Marsella la carta se llama La Papesse, La Papisa: una mujer con tiara de papa y un libro abierto sobre las rodillas. Ya aparece una papisa sentada en las barajas que se pintaron para los duques de Milán en el siglo XV, y la figura siempre ha llamado la atención por lo que tenía de imposible en su época, una mujer al frente de la Iglesia.
El cambio de nombre empezó en 1781. El erudito francés Antoine Court de Gébelin, convencido de que el tarot guardaba la sabiduría de los sacerdotes egipcios, la rebautizó como la Gran Sacerdotisa, la describió con los cuernos de Isis y sostuvo que la baraja entera era el Libro de Thot. No tenía ninguna prueba, y las barajas milanesas que acabamos de citar están entre las más antiguas que se conservan.
Aun así, el nombre se quedó, y en español se dice también Suma Sacerdotisa. Un siglo después, la Orden Hermética de la Aurora Dorada la relacionó con la Luna y con la letra hebrea guímel, y como The High Priestess aparece en la baraja que Arthur Edward Waite encargó a la ilustradora Pamela Colman Smith y que se publicó en 1909.
Su número, el 2, es el de la pareja y la dualidad. Y ella se sienta, justamente, entre dos columnas.
Qué mirar en la carta
La imagen tiene más detalles de los que se ven a primera vista. En la versión de Rider-Waite, la que más se usa para meditar, hay cinco que merecen una mirada lenta.
Empieza por las columnas. A la izquierda de la carta hay una negra con la letra B; a la derecha, una blanca con la J. Son Boaz y Jaquín, las dos columnas de bronce que, según el primer libro de los Reyes, se alzaban a la entrada del templo de Salomón. Negro y blanco, noche y día, y ella en medio, sin inclinarse por ninguna.
Luego está el rollo que sostiene en el regazo, con la palabra TORA medio tapada por el manto. Waite explicó ese detalle con una idea sencilla: hay cosas que se dicen y otras que solo se insinúan. Hay quien ve también en esas letras un juego con TARO y ROTA, la rueda.
Detrás de ella cuelga un tapiz con palmeras y granadas que oculta el fondo, el velo del templo. La granada, una fruta llena de semillas escondidas, encaja bien con una carta de secretos.
A sus pies asoma una luna creciente, y en la cabeza lleva una corona con un disco entre dos cuernos que recuerda a la de la diosa egipcia Isis.
Y por último, los colores: viste de azul y blanco, con una cruz de brazos iguales sobre el pecho.
Para qué se medita con ella
La Sacerdotisa es la carta de lo que se sabe sin decirlo. Meditar con ella es practicar una atención quieta, la que escucha antes de opinar. No hace falta saber leer el tarot: basta con mirar la imagen y notar qué te transmite.
Se suele recomendar en épocas de exámenes o antes de hablar en público, cuando toca repasar lo aprendido y ordenar la memoria. También antes de una decisión, para separar lo que piensas de lo que temes.
El velo da para otra meditación: qué enseñas de ti y qué guardas. ¿A quién le cuentas lo que sientes, y a quién no? Guardar una parte para uno mismo no es esconderse. Es elegir.
Hay quien deja una copia de la carta junto a la cama durante varias noches y anota al despertar lo que ha soñado, por si aparece alguna imagen que ayude a entender lo que está pasando.
Eso sí, ninguna carta mejora la memoria por sí sola, y meditar no sustituye a un médico ni a un psicólogo. Si duermes mal, estás sin ánimo o los miedos te pesan, consúltalo con un profesional.
El rincón y la respiración
Busca un sitio sin ruidos y reserva veinte minutos. No necesitas ningún baño especial ni una ropa concreta, solo estar cómodo. Hay quien enciende una vela azul claro, el color del manto de la carta, y un incienso de lavanda, cedro, jazmín o sándalo; de fondo, un concierto para piano o violín, un arpa o el rumor del agua. Si prefieres el silencio, mejor: es el terreno de esta carta.
Respira por la nariz, despacio, y deja que el aire salga un poco más lento de lo que entra. Sin retenerlo y sin soplar con fuerza. Si notas mareo, vuelve a tu ritmo normal.
Una sesión con La Sacerdotisa, paso a paso
- Siéntate entre dos columnas. Coloca la carta delante, a la altura de los ojos, e imagina a tu izquierda una columna oscura y a tu derecha una clara. Tú estás en medio, como ella, sin tener que elegir todavía.
- Recorre la imagen de abajo arriba. Empieza por la luna de sus pies, sube por el manto azul, detente en el rollo y termina en la corona. Dedícale unos dos minutos, sin pensar aún en tu asunto.
- Abre el rollo. Cierra los ojos e imagina que el rollo se despliega. Llévale un tema que necesites recordar o una pregunta que no sabes resolver, y deja que lleguen las ideas sin perseguirlas.
- Mira el velo. Piensa qué parte de ti quieres mostrar en este asunto y cuál prefieres guardar, y con quién te apetece compartirla.
- Enrolla y anota. Imagina que el rollo se cierra y vuelve a su regazo. Abre los ojos y escribe en un cuaderno lo que te haya venido, aunque parezca poco.
La verdad es que esta carta pide paciencia: las respuestas suelen llegar después, en la ducha o en un sueño, más que durante la meditación. Para conocerla mejor, lee el significado de La Suma Sacerdotisa; si quieres comparar, prueba la meditación con El Mago o repasa las técnicas de meditación más conocidas. Hay más en la sección de arcanos mayores y en el tarot temático.
Texto nuevo de la Redacción de Leotarot.com, redactado con ayuda de herramientas y revisado por la redacción.