Sirio, la estrella del verano: el año nuevo egipcio, la canícula y el paso a Leo

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Ninguna estrella brilla tanto en el cielo nocturno como Sirio, y cada verano pasa unas semanas escondida en el resplandor del Sol. Su regreso al amanecer abría el año en el antiguo Egipto y anunciaba la crecida del Nilo. De ella viene también la palabra canícula.

La estrella más brillante de la noche

Sirio brilla casi el doble que Canopo, la segunda estrella más luminosa del cielo. Es la principal del Can Mayor, la constelación del perro que sigue al cazador Orión, y está muy cerca en términos astronómicos: a unos 8,6 años luz.

En realidad son dos. Sirio A, la que vemos, tiene algo más del doble de masa que el Sol. A su alrededor gira Sirio B, una enana blanca, el núcleo apagado de una estrella que ya consumió su combustible. El astrónomo alemán Friedrich Bessel dedujo en 1844 que tenía que haber una compañera invisible, por las oscilaciones de Sirio, y el estadounidense Alvan Graham Clark la vio por primera vez en 1862.

El nombre viene del griego Seirios, «el abrasador». En la Ilíada, Homero la llama el perro de Orión y la presenta como un mal presagio, porque llega con el calor y las fiebres.

Sopdet y el año que empezaba con el río

Los egipcios la llamaban Sopdet, que los griegos convirtieron en Sothis, y la veneraban como una diosa que acabó identificada con Isis. Lo que miraban era su orto helíaco: el primer día en que, tras semanas oculta, la estrella vuelve a asomar por el este justo antes de que salga el Sol.

Aquel regreso coincidía, más o menos, con el comienzo de la crecida del Nilo, que fertilizaba los campos con su limo. Por eso la primera estación del año se llamaba Akhet, la inundación, y el día de año nuevo, Wepet Renpet, «la apertura del año».

El calendario civil, sin embargo, tenía 365 días justos: doce meses de treinta días y cinco días añadidos al final. Como le faltaba un cuarto de día, se retrasaba un día cada cuatro años respecto a la estrella, y la coincidencia solo volvía a darse cada 1.460 años, en el llamado ciclo sotíaco. El gramático romano Censorino dejó anotado que hacia el año 139 de nuestra era el año nuevo egipcio y el regreso de Sirio cayeron el mismo día. El faraón Ptolomeo III intentó corregirlo en el año 238 antes de nuestra era con un día bisiesto, en el decreto de Canopo, pero la reforma no prosperó. Lo consiguió Augusto, ya bajo Roma.

Por qué la fecha ya no es la misma

Hoy, en la latitud de El Cairo, Sirio vuelve a verse al amanecer hacia el 3 de agosto, y cuanto más al norte, más tarde. En tiempos de los faraones lo hacía semanas antes. La culpa es de la precesión: el eje de la Tierra gira muy despacio, como una peonza, y en miles de años desplaza las fechas en que vemos cada estrella.

Los astrólogos sitúan a Sirio hacia los 14 grados de Cáncer, y el Sol pasa por ese punto hacia el 5 o el 6 de julio. Ese paso, al que llaman conjunción, no se ve: ese día la estrella está perdida en la luz solar. El regreso visible llega semanas después. En los ambientes de la nueva era se habla también de la «puerta del león», con su punto álgido el 8 de agosto; es una idea reciente, sin raíz en el Egipto antiguo.

Los días del perro

Los romanos llamaban a Sirio Canicula, «perrita», diminutivo de canis, y a las semanas siguientes a su regreso, dies caniculares. Pensaban, como los griegos, que la estrella sumaba su fuego al del Sol. De ahí nuestra canícula, que el diccionario de la Real Academia define como el periodo del año en que el calor es más fuerte. El calor, eso sí, no tiene nada que ver con la estrella: lo producen la inclinación del eje terrestre y el calor que la tierra y el mar acumulan desde junio.

Del Cangrejo al León

Mientras tanto, el Sol cambia de signo. Hacia el 22 o el 23 de julio deja Cáncer, un signo de agua regido por la Luna, y entra en Leo, un signo de fuego regido por el propio Sol. La astrología lee ese paso como un cambio de clima: del mundo de la casa, la familia y los recuerdos, que se asocia con Cáncer, a la expresión, la creatividad y las ganas de mostrarse que se atribuyen a Leo. Si quieres saber más del signo, lee las características de Leo.

Tus noches de verano, con Sirio

Ver el regreso de Sirio no pide más que madrugar. Elige una mañana de agosto, a primeros de mes si vives al sur de El Cairo, como en México o Puerto Rico, y hacia mediados si vives en España; busca un horizonte despejado hacia el este y mira poco antes de que salga el Sol, cuando el cielo empieza a clarear. Aparecerá muy baja, titilando y cambiando de color por la turbulencia del aire. Las tres estrellas del cinturón de Orión, que habrán salido antes, apuntan hacia ella. ¿Te animas a buscarla una mañana de vacaciones?

Si prefieres no madrugar, espera al invierno: entonces Sirio domina las noches del hemisferio norte, abajo y a la izquierda de Orión, mientras en el hemisferio sur se ve alta en el cielo durante esas mismas semanas, que allí son de verano. Los egipcios, por cierto, también medían la noche con grupos de estrellas que salían uno tras otro, como cuenta el artículo sobre los decanatos.

El calendario moderno de las 13 lunas empieza el 26 de julio por Sirio, como explica el Día Fuera del Tiempo. Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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