Rituales de Navidad: de dónde vienen el belén, el árbol, la corona y las doce uvas
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Cada diciembre repetimos gestos que parecen de toda la vida y que tienen fecha y, a veces, autor: un belén, un árbol, una corona con velas, nueve noches de posadas, doce uvas al ritmo de las campanadas. Son rituales en el sentido más sencillo de la palabra, actos que se repiten en el mismo momento del año y unen a quienes los comparten.
El 25 de diciembre
Los evangelios no dicen en qué día nació Jesús, y durante los primeros siglos los cristianos no se pusieron de acuerdo. El documento más antiguo que lo sitúa el 25 de diciembre es un calendario romano del año 354, el llamado Cronógrafo de 354, que el calígrafo Furio Dionisio Filócalo preparó para un cristiano acomodado llamado Valentín. En su lista de conmemoraciones se lee que ese día natus Christus in Betleem Iudeae, «nació Cristo en Belén de Judea». En otra página del mismo libro, la fecha figura como el nacimiento del Invicto, la fiesta del Sol, con treinta carreras en el circo.
¿Por qué precisamente ese día? En el calendario romano, el 25 de diciembre era la fecha del solsticio de invierno, y en el año 274 el emperador Aureliano había dado un gran impulso al culto del Sol. De ahí sale la explicación más repetida: la Navidad se habría colocado sobre una fiesta pagana de la luz.
Hay otra, que defiende el historiador Andrew McGowan. Hacia el año 200, Tertuliano calculó que Jesús murió un 25 de marzo. Algunos cristianos creían que había sido concebido el mismo día del año en que murió, y nueve meses después de un 25 de marzo cae el 25 de diciembre. Los historiadores siguen discutiéndolo. En Oriente, la fecha antigua era el 6 de enero, y algunas Iglesias ortodoxas que siguen el calendario juliano celebran hoy la Navidad el 7 de enero.
Greccio, 1223: el primer belén
En la Navidad de 1223, Francisco de Asís quiso ver con sus propios ojos la pobreza en la que nació Jesús. Pidió a un hombre de Greccio, un pueblo de la provincia de Rieti, en Italia, que preparara en una cueva un pesebre con heno, un buey y un asno. Esa noche llegaron frailes y vecinos con antorchas. Se celebró la misa sobre el pesebre, y Francisco, que era diácono, cantó el Evangelio y predicó.
Lo contó pocos años después, hacia 1228, su primer biógrafo, Tomás de Celano. De aquella noche viene la costumbre del belén, que fue creciendo durante siglos hasta los nacimientos napolitanos del siglo XVIII, llenos de pastores, mercados y tabernas de la Nápoles de su época.
Un árbol y una rueda de velas
En la Edad Media, el 24 de diciembre era el día de Adán y Eva, y en algunos lugares de Europa se representaba su historia con un árbol del paraíso como decorado. Entre los primeros árboles navideños documentados están los de las casas de la Hermandad de los Cabezas Negras, una cofradía de comerciantes de Reval (la actual Tallin) y de Riga, entre 1441 y 1514. En 1539 se colocó uno en la catedral de Estrasburgo.
La moda internacional llegó con un grabado. En diciembre de 1848, The Illustrated London News mostró a la reina Victoria y al príncipe Alberto, que era alemán, alrededor de su árbol en el castillo de Windsor, y la imagen se copió en medio mundo.
La corona de Adviento es mucho más reciente. En 1839, el teólogo luterano Johann Hinrich Wichern dirigía en Horn, a las afueras de Hamburgo, la Rauhes Haus, un hogar para chicos de los barrios pobres de la ciudad. Los niños le preguntaban sin parar cuánto faltaba para Navidad. El primer domingo de Adviento, Wichern colgó en la sala de oración una rueda de madera con una vela por cada día hasta Nochebuena, y cada tarde se encendía una más. Desde 1860 se adornó con ramas de abeto. La versión que se extendió por las casas se quedó con cuatro velas, una por domingo.
Nueve posadas y doce uvas
En México, las posadas ocupan las nueve noches que van del 16 al 24 de diciembre. Cada noche, los vecinos recorren las casas con velas, cantando la petición de alojamiento de José y María, hasta que una familia les abre la puerta y empieza la fiesta, con su piñata. La tradición sitúa su origen en el convento agustino de Acolman, en el actual Estado de México. Allí, fray Diego de Soria obtuvo del papa Sixto V, hacia 1586 o 1587, permiso para celebrar unas misas de aguinaldo en esos nueve días, y con el tiempo las misas salieron a la calle.
En España, el año se despide con doce uvas, una por campanada del reloj de la Puerta del Sol de Madrid. Se suele decir que la costumbre nació en 1909, cuando los viticultores de Alicante tuvieron que dar salida a una gran cosecha, pero es anterior. La prensa madrileña ya la recoge a finales del siglo XIX, y el 29 de diciembre de 1898 un anuncio de El Imparcial ofrecía «las uvas de la suerte». Muchas crónicas la relacionan con las familias acomodadas que copiaban de Francia la Nochevieja con champán y uvas, y con el pueblo de Madrid, que la imitó con sorna. La historia de 1909 explica, como mucho, por qué se extendió.
Celebrar sabiendo de dónde viene cada costumbre
Ninguno de estos gestos abre puertas invisibles ni asegura un año mejor. Lo que sí tienen es memoria, y esa memoria se comparte. Si montas el belén con niños, cuéntales lo de la cueva de Greccio. Si enciendes una corona, hazlo cada domingo a la misma hora, con una lectura breve o un minuto de silencio. Y si llegas a las uvas, puedes dedicar cada una a un mes del año que termina, en lugar de a un deseo: es otra manera de cerrar el ciclo.
Diciembre no es fácil para todo el mundo. Quien ha perdido a alguien echa en falta su sitio en la mesa, y ningún ritual lo resuelve; hablarlo con los tuyos o con un psicólogo ayuda más que cualquier tradición. Al fin y al cabo, todas estas costumbres nacieron para reunir a la gente, no para exigir alegría.
Si te interesa el cielo de estas fechas, lee los astros en diciembre y el solsticio, y para una mirada espiritual, el espíritu de la Navidad. Tienes más en la sección de rituales y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.