El tarot: qué es, de dónde viene y para qué se usa
Redacción Leotarot.com · Publicado el 5 de octubre de 2026
El tarot es una baraja de 78 cartas que nació como juego en el norte de Italia, en el siglo XV, y que tres siglos después empezó a usarse para adivinar. Hoy también se usa para reflexionar y meditar.
Un juego de las cortes italianas
Los naipes llegaron a Europa en el último cuarto del siglo XIV, probablemente desde el mundo islámico. Los mamelucos de Egipto jugaban con barajas de cuatro palos: copas, monedas, espadas y bastones de polo. Curiosamente, esa es la única relación que los historiadores reconocen entre los naipes y Egipto.
Unas décadas más tarde, en las cortes del norte de Italia (Milán, Ferrara, Florencia), a la baraja se le añadió una serie de cartas ilustradas que ganaban a todas las demás. Se llamaron triunfos, y el juego, carte da trionfi. Las menciones más antiguas que se conocen son de Florencia, en 1440, y de Ferrara, en 1442. Las barajas más antiguas que se conservan se pintaron a mano, con fondos de pan de oro, para los Visconti y los Sforza, señores de Milán.
El nombre tarocchi aparece a principios del siglo XVI. Durante más de trescientos años el tarot fue, sobre todo, un juego de bazas, y todavía se juega en Francia, en Italia y en Austria.
El mito egipcio, una idea del siglo XVIII
Mucha gente ha leído que el tarot lo crearon los sacerdotes del antiguo Egipto. ¿De dónde sale esa idea? Tiene autor y fecha.
En 1781, el erudito francés Antoine Court de Gébelin sostuvo en el octavo volumen de su obra Le Monde primitif que las cartas eran lo que quedaba de un libro sagrado egipcio. En ese mismo volumen, un ensayo del conde de Mellet lo identificaba con el libro de Thot y lo relacionaba con la adivinación. Poco después, Jean-Baptiste Alliette, que firmaba Etteilla, lo convirtió en oficio: desde 1783 publicó métodos de lectura y acabó diseñando una baraja pensada para echar las cartas. De ahí viene el tarot adivinatorio que conocemos.
No hay ningún documento egipcio que hable de cartas, y cuando Champollion descifró los jeroglíficos, en 1822, la teoría no encontró apoyo. Lo mismo pasa con la creencia de que los gitanos trajeron el tarot desde Egipto, muy difundida en el siglo XIX: el pueblo gitano procede del norte de la India, y su nombre viene de «egiptano» por una confusión de la época. La palabra «arcano», que los ocultistas franceses de ese siglo usaron para nombrar las cartas, sí es antigua: viene del latín arcanum, «secreto».
Cómo es la baraja
El mazo completo tiene 78 cartas repartidas en dos grupos. Los 22 arcanos mayores van numerados del I, El Mago, al XXI, El Mundo, más El Loco, que suele ir sin número o con el 0; algunas escuelas lo colocan al final, como si fuera el XXII. Los 56 arcanos menores se reparten en cuatro palos (copas, oros, espadas y bastos), y cada palo tiene diez cartas numeradas, del as al diez, y cuatro figuras: sota, caballo, reina y rey.
A menudo se dice que el comodín de la baraja francesa desciende de El Loco. La idea es bonita, pero la verdad es que los historiadores sitúan su origen en Estados Unidos, hacia 1860, como carta extra de un juego llamado euchre.
Un solo tarot, muchas barajas
La estructura de 78 cartas se repite casi siempre. Lo que cambia de una baraja a otra son los dibujos y, con ellos, algunos matices de lectura. El tarot de Marsella, que se imprimía en Francia desde el siglo XVII, es el modelo clásico. El Rider-Waite, publicado en Londres en 1909 con dibujos de Pamela Colman Smith, popularizó las escenas en todas las cartas menores. Y Salvador Dalí pintó el suyo, que publicó en 1984 la casa barcelonesa Naipes Comas, con el propio pintor como El Mago y Gala como La Emperatriz.
Las cartas como espejo
Cada arcano mayor retrata un tipo humano o una situación: el que empieza sin saber adónde va (El Loco), la autoridad (El Emperador), la pausa obligada (El Colgado), la esperanza después de una mala racha (La Estrella). Muchos tarotistas ven en los 22 una galería completa de la experiencia humana. El ocultista francés Éliphas Lévi llegó a escribir, a mediados del siglo XIX, que una persona encerrada sin más libros que el tarot podría, si sabía usarlo, alcanzar un saber universal.
Por eso hay quien lo usa para meditar más que para hacer tiradas. Haz una prueba: cierra los ojos e imagina que cortas un limón, te lo acercas a la boca y muerdes un gajo. Lo normal es que notes más saliva, aunque no haya ningún limón. La mente responde a las imágenes como si fueran reales, y con las frases que te repites pasa algo parecido: un «no tengo suerte» dicho cien veces acaba pesando.
La meditación con una carta aprovecha ese mecanismo. Contemplas su imagen unos minutos y dejas que te sugiera una actitud: calma ante un impulso con La Fuerza, o confianza con La Estrella.
Para tus primeras semanas con la baraja
Para empezar bastan tres costumbres:
- Elige una baraja clásica, de Marsella o Rider-Waite, porque hay más libros y explicaciones sobre ellas.
- Empieza por los arcanos mayores: saca uno cada mañana, mira la imagen un par de minutos y anota qué te sugiere antes de leer su significado. Luego medita cinco minutos con esa carta, en silencio.
- Haz preguntas abiertas, del tipo «qué necesito ver en esta situación», mejor que preguntas de sí o no.
Y no tomes decisiones importantes solo por lo que diga una tirada: el tarot no sustituye a un médico, a un psicólogo ni a un abogado.
Si quieres seguir, repasa la lista completa de las 78 cartas, lee sobre la mente inconsciente y el tarot o piensa en qué podemos esperar del tarot. Encontrarás más en la sección de tarot y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.