Rennes-le-Château: el cura, el diablo de la pila y una leyenda fabricada
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
En lo alto de una colina del sur de Francia, una iglesia pequeña recibe a sus visitantes con un diablo que carga con la pila del agua bendita. La mandó colocar un párroco que gastó mucho más de lo que ganaba, y medio siglo después de su muerte su historia se convirtió en uno de los misterios más vendidos del siglo XX. Esto es lo que dicen los documentos y lo que le fueron añadiendo.
Un párroco en una aldea del Aude
Bérenger Saunière nació en 1852 en Montazels, a pocos kilómetros de allí. El 1 de junio de 1885 fue nombrado párroco de Rennes-le-Château, una aldea del departamento del Aude, en el Languedoc, que hoy no llega a cien vecinos.
En 1887 empezó a restaurar la iglesia de Santa María Magdalena, muy deteriorada. Según sus recibos y libros de cuentas, la obra le costó 11.605 francos hasta 1897, el año en que el obispo volvió a consagrar el templo. Después llegó lo llamativo. Entre 1898 y 1905 levantó una finca con una casa de estilo renacentista, la Villa Betania, jardines y una torre neogótica, la Torre Magdala, que usaba como biblioteca. Todo quedó a nombre de su sirvienta, Marie Dénarnaud.
Sobre la puerta mandó grabar un versículo del Génesis (28, 17): «Terribilis est locus iste». Se suele traducir como «este lugar es terrible», pero lo dice Jacob al despertar del sueño de la escalera, y significa que el lugar sobrecoge porque allí está la casa de Dios.
El diablo que sostiene el agua bendita
A la entrada aparece la figura que ha dado fama a la iglesia: un diablo que soporta la pila del agua bendita. Encima, cuatro ángeles hacen la señal de la cruz sobre las iniciales BS y una frase en francés, «Par ce signe tu le vaincras» (por este signo lo vencerás), eco del lema que la tradición atribuye a la visión del emperador Constantino.
Se suele identificar a ese diablo con Asmodeo, el demonio del libro bíblico de Tobías. Saunière no lo diseñó: eligió las imágenes en el catálogo de Giscard, un taller de arte religioso de Toulouse, y las pagó a plazos, 2.500 francos en total. La cabeza original fue robada en 1996 y nunca apareció.
Un diablo vencido por la cruz a los pies de los fieles era una imagen devota corriente. Quien conozca el Diablo del tarot notará el contraste: en la carta, el diablo preside y las figuras van encadenadas; en Rennes, es él quien carga con el peso.
De dónde salió el dinero
¿Cómo pagó todo aquello un cura de aldea? La leyenda habla de un tesoro. Los historiadores, empezando por René Descadeillas en 1974, encontraron en los papeles del propio Saunière una respuesta más prosaica: vendía misas. Aceptaba donativos de los fieles a cambio de celebrar misas por sus intenciones, a un franco cada una, y cobraba muchas más de las que podía decir.
El obispado acabó interviniendo. Paul-Félix Beuvain de Beauséjour, obispo de Carcasona desde 1902, quiso trasladarlo de parroquia en 1909, y Saunière prefirió renunciar. En 1910 se le abrió un proceso eclesiástico por tráfico de misas, desobediencia y gastos excesivos, y en diciembre de 1911 fue suspendido durante tres meses. Murió en Rennes-le-Château el 22 de enero de 1917.
Un restaurante, unos pergaminos y un priorato
El misterio nació después. A mediados de los años cincuenta, Noël Corbu abrió un restaurante en la antigua finca del cura y empezó a contar que Saunière había hallado unos pergaminos dentro de un pilar durante las obras, y con ellos la pista del tesoro de Blanca de Castilla, la reina de Francia del siglo XIII. Para un negocio de montaña, la historia tenía gancho.
Pierre Plantard la llevó mucho más lejos. En 1956 había registrado en Saint-Julien-en-Genevois, en la Alta Saboya, una asociación con un amigo, André Bonhomme, a la que llamó Priorato de Sión. En los años sesenta se depositaron en la Biblioteca Nacional de Francia unos documentos, los Dossiers secrets, que presentaban el priorato como una orden antiquísima, con grandes maestres como Leonardo da Vinci o Isaac Newton, y a Plantard como heredero de los reyes merovingios. Su amigo Philippe de Chérisey falsificó los pergaminos que el escritor Gérard de Sède reprodujo en El oro de Rennes (1967), el libro que hizo famoso el pueblo.
Con los años, sus autores lo reconocieron por escrito. Chérisey admitió la falsificación, y en 1993, durante la investigación de un juez sobre un asunto que no tenía nada que ver, Plantard declaró bajo juramento que se lo había inventado todo.
Del enigma sagrado al código Da Vinci
El montaje habría quedado en curiosidad local sin un libro de 1982, El enigma sagrado, de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln. Dieron por buenos los documentos del priorato y propusieron que la orden custodiaba un linaje descendiente de Jesús y María Magdalena. Fue un éxito de ventas, y los historiadores criticaron con dureza su método.
En 2003, Dan Brown convirtió esa idea en novela. En El código Da Vinci, el conservador del Louvre con el que arranca la trama se llama Jacques Saunière. Baigent y Leigh demandaron por plagio a la editorial de Brown en 2006 y perdieron el pleito. La novela, eso sí, llenó de turistas la colina.
Lo que queda en pie en Rennes-le-Château
Quitando lo inventado, queda una historia muy humana: un cura ambicioso, un sistema de donativos que se le fue de las manos y una iglesia decorada con el gusto devoto y algo teatral de finales del siglo XIX. Y el diablo, que sigue sosteniendo el agua bendita.
Si visitas el pueblo, separa tres capas: lo que pagó Saunière, lo que contó Corbu y lo que fabricó Plantard. Al fin y al cabo, la lección de Rennes es que un misterio también se construye con papeles falsos, y que los verdaderos, los recibos y las actas del obispado, cuentan algo menos novelesco y más interesante.
Sobre las leyendas que rodean a otra orden famosa, lee lo que hay de cierto en los templarios, y sobre otro engaño célebre con el diablo de por medio, el caso Taxil y la luz astral. Hay más cartas y símbolos en la sección de arcanos mayores y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.