Los templarios: cómo funcionaba la orden y qué hay de cierto en sus leyendas

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

La orden del Temple fue una comunidad de monjes que también eran soldados, con una regla, una jerarquía estricta y una red de casas repartidas por media Europa. Duró menos de dos siglos, y su final fue tan brusco que dio pie a leyendas que todavía circulan.

Unos caballeros en el Templo de Salomón

Hacia 1119, un caballero de la Champaña, Hugo de Payens, y un pequeño grupo de compañeros (la tradición dice que nueve) se comprometieron a proteger a los peregrinos que viajaban a Jerusalén, en manos cruzadas desde 1099. El rey Balduino II les cedió parte de su palacio, instalado en la mezquita de al-Aqsa, que los cruzados identificaban con el Templo de Salomón. De ahí su nombre: Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón.

La orden recibió su regla en el concilio de Troyes, en enero de 1129, con el apoyo de Bernardo de Claraval, el gran abad cisterciense. Él mismo escribió poco después un Elogio de la nueva milicia para justificar algo que entonces resultaba extraño: monjes con espada. En 1139, el papa Inocencio II los puso bajo su autoridad directa con la bula Omne datum optimum, que los libraba de obispos y señores locales.

Caballeros, sargentos y capellanes

Dentro de la orden había clases bien marcadas, y se veían en la ropa. Los caballeros, que con el tiempo debían ser hijos de caballero, llevaban el manto blanco, al que a mediados del siglo XII se añadió la cruz roja. Los sargentos, de origen más humilde, combatían a pie o con armamento más ligero y vestían de negro o de pardo. Los capellanes atendían la vida religiosa.

Quienes profesaban hacían los tres votos de los monjes: pobreza, castidad y obediencia. Alrededor había otras figuras sin votos, como caballeros que servían durante un tiempo fijado y cofrades que ayudaban a la orden con bienes o con trabajo. La mayoría de los miembros nunca pisó un campo de batalla: vivían en Europa y administraban tierras.

Del maestre a la encomienda

En lo alto estaba el maestre, elegido por un sistema minucioso. Se nombraba a un comendador de la elección y a un compañero; entre los dos elegían a otros dos, y así hasta reunir doce, «en honor de los doce apóstoles». Esos doce, ocho caballeros y cuatro sargentos, añadían un capellán que ocupaba el lugar de Cristo. Los trece votaban al maestre.

La célula básica era la encomienda: una casa con sus tierras, a menudo una granja fortificada, dirigida por un comendador. Las encomiendas se agrupaban en provincias, y lo que producían servía para sostener la guerra en Oriente. Con el tiempo, el Temple guardó dinero y joyas de reyes y peregrinos, que podían depositar una suma en una casa de la orden y recuperarla en otra.

En el campo de batalla, todo giraba en torno al estandarte, el baucent, blanco y negro. En la década de 1220, el obispo de Acre, Jacques de Vitry, explicó sus colores: blanco para los amigos y negro para los enemigos. La regla prohibía a cualquier hermano retirarse mientras el estandarte siguiera en alto.

Un viernes de octubre de 1307

Tras la caída de Acre en 1291, la orden perdió su razón de ser en Tierra Santa y se replegó a Chipre. El viernes 13 de octubre de 1307, el rey Felipe IV de Francia mandó detener a todos los templarios de su reino, con el maestre Jacques de Molay a la cabeza. Se les acusó de renegar de Cristo, escupir sobre la cruz y adorar a un ídolo, y muchos confesaron bajo tortura.

El papa Clemente V acabó cediendo. En el concilio de Vienne suprimió la orden con la bula Vox in excelso, del 22 de marzo de 1312, sin llegar a condenarla. Sus bienes pasaron sobre todo a los hospitalarios, salvo en Valencia y en Portugal, donde sirvieron para crear las órdenes de Montesa y de Cristo. Molay murió en la hoguera en París en marzo de 1314, tras retractarse de su confesión. Según una leyenda, emplazó al papa y al rey ante el juicio de Dios, y los dos murieron ese mismo año.

En 2001, la historiadora Barbara Frale localizó en el Archivo Vaticano el pergamino de Chinon, que muestra que en 1308 tres cardenales enviados por el papa absolvieron a Molay y a otros dirigentes.

Bafomet, alquimia y otras leyendas

¿De dónde sale, entonces, la fama esotérica del Temple? Casi toda es posterior a la orden. El nombre de Bafomet aparece en algunas declaraciones de los procesos como el de un ídolo. La mayoría de los historiadores lo ve como una deformación de «Mahoma» en el francés de la época. La imagen que hoy todos conocen, un ser con cabeza de macho cabrío, alas y una antorcha, la dibujó el ocultista Éliphas Lévi a mediados del siglo XIX. No tiene nada que ver con los templarios.

Lo de la alquimia y la piedra filosofal es otra leyenda sin documentos detrás. Ganó fuerza en el siglo XVIII, cuando algunas ramas de la masonería alemana se proclamaron herederas del Temple. Tampoco tiene base que el califa Omar mandara quemar la biblioteca de Alejandría: esa historia se escribió siglos después. Y la idea de que el miedo al viernes 13 viene de las detenciones de 1307 es popular, pero no está probada.

Castillos que todavía cuentan su historia

Lo más tangible que dejaron son sus castillos. En Ponferrada (León), Fernando II les cedió la villa en 1178, junto al Camino de Santiago, aunque buena parte de lo que se ve hoy es posterior. En Monzón (Huesca) se educó de niño, entre 1214 y 1217, el futuro Jaime I bajo la tutela del maestre Guillem de Montrodón. Y en Miravet (Tarragona), sobre el Ebro, los templarios resistieron un asedio de casi un año hasta rendirse en diciembre de 1308.

Al visitar estos lugares, fíjate en qué se atribuye y qué está documentado. La iglesia de la Vera Cruz de Segovia, consagrada en 1208, pasa por templaria en muchas guías, pero los historiadores la atribuyen a la orden del Santo Sepulcro. Al fin y al cabo, la historia real del Temple ya es lo bastante intensa sin añadirle misterios.

Para seguir con las leyendas medievales, lee sobre el bosque de Brocéliande y el Grial o sobre qué es el esoterismo. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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