Adictos al misterio: cuando las consultas dejan de ser un apoyo

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Consultar el tarot, llamar a una vidente o jugar a la güija con amigos puede ser una forma de pensar, de entretenerse o de buscar consuelo. A veces, sin embargo, se convierte en algo difícil de dejar, que pesa en el bolsillo y en las decisiones. Estas son las señales de que algo ha dejado de ser sano, las razones por las que engancha y unas pautas para disfrutarlo con medida.

Cuando una consulta pide otra

La psiquiatría no tiene un diagnóstico de «adicción al tarot». En su manual de referencia, el DSM-5, publicado en 2013 por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, el único hábito sin sustancias que figura entre las adicciones es el juego. Aun así, los psicólogos usan criterios parecidos para cualquier costumbre que se descontrola, y el patrón se reconoce enseguida.

Es la persona que no da un paso sin preguntar a las cartas. La que vuelve a llamar cuando la respuesta no le gusta y repite la misma pregunta en tres sitios distintos hasta oír lo que quiere. La que reserva la consulta cada semana a la misma hora, como un rito, o se presenta sin cita porque su duda no puede esperar. La que lo oculta en casa.

¿Dónde está la frontera? Ninguno de esos gestos es grave por sí solo. Lo que cuenta es la suma y, sobre todo, la pérdida de control: querer espaciar las consultas y no conseguirlo, gastar más de lo previsto, seguir aunque traiga problemas con la familia o con el dinero.

Por qué engancha

La primera razón es la incertidumbre. Esperar el resultado de una prueba médica, una respuesta de la pareja o una noticia del trabajo es incómodo, y una consulta ofrece algo inmediato: un relato sobre lo que va a pasar. Un equipo de la Universidad Laval, en Quebec, describió en los años noventa la intolerancia a la incertidumbre, la dificultad para soportar no saber, y la relacionó con la preocupación constante. Cuanto más cuesta esperar, más tentador resulta preguntar otra vez.

La segunda es el refuerzo intermitente. En 1957, los psicólogos Charles Ferster y B. F. Skinner mostraron que las recompensas que llegan de forma impredecible mantienen una conducta mucho más que las que llegan siempre. Es el principio de las máquinas tragaperras. Con las predicciones pasa algo parecido: unas veces una frase encaja de lleno con lo que vivimos, otras no, y es el acierto ocasional el que hace volver. La memoria colabora, porque guarda mejor lo que se cumplió que lo que no.

La tercera es la compañía. Una buena consulta es un rato de escucha y de atención, y para quien se siente solo eso vale mucho. La verdad es que no tiene nada de malo, siempre que no ocupe el lugar de las personas cercanas ni el de la ayuda que de verdad hace falta.

El dinero y las líneas de pago

Las consultas por teléfono facturadas por minuto merecen un aparte. En España, las líneas de tarificación adicional tienen sus propias normas. Las de contenido esotérico, astrológico o de adivinación van en el rango 806, el del ocio y el entretenimiento. La publicidad debe mostrar el precio máximo por minuto con impuestos, y al descolgar una locución tiene que informar del precio, del tipo de servicio y de quién lo presta. El código de conducta de estos servicios fija para cada llamada una duración máxima de 30 minutos.

Hay otra herramienta poco conocida. Cualquier abonado puede pedir a su operador que desconecte o bloquee las llamadas a estos números, y es un derecho reconocido a los usuarios de telefonía.

Una forma sencilla de tomar conciencia es sumar las facturas de tres meses. Si la cifra sorprende, o si se han pedido préstamos o se ha dejado de pagar otra cosa por las consultas, es momento de pedir ayuda.

La güija, sin miedo y con medida

El tablero también puede convertirse en costumbre. El vaso o el puntero se mueve por el efecto ideomotor, pequeños movimientos musculares que hacemos sin darnos cuenta, y los mensajes salen de los propios participantes. En la güija no hay nada que temer; lo que conviene vigilar es el uso. Si alguien empieza a consultarla para cada decisión, o si las sesiones le dejan intranquilo durante días, toca parar y hablarlo. Con niños y adolescentes funciona mejor acompañar y explicar cómo se mueve el vaso que prohibir.

Una consulta que sume, no que reste

  • Pon un ritmo y respétalo: una tirada para una pregunta concreta, y deja pasar unas semanas antes de repetirla.
  • Fija un presupuesto mensual y apunta lo que gastas; cuando se acabe, para hasta el mes siguiente.
  • Usa las cartas para pensar, no para decidir por ti: la última palabra es tuya.
  • Cuéntaselo a alguien de confianza, porque esconderlo suele ser la primera señal de que algo se tuerce.

Si te cuesta parar o has perdido dinero, habla con un psicólogo: estos hábitos se tratan como otros, y pedir ayuda no tiene nada de vergonzoso. Un buen profesional del tarot es el primero en aconsejarte que espacies las consultas; cómo reconocerlo se explica en cómo diferenciar a un tarotista serio de un estafador. Qué se puede esperar de una lectura lo cuenta el tarot como instrumento predictivo, y cómo jugar a la güija con cabeza, las pautas para la güija. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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