El tarot como instrumento predictivo: qué se ha comprobado y para qué sirve

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

No hay pruebas de que el tarot adivine el futuro. Lo que sí se ha estudiado es por qué una lectura parece tan exacta a quien la recibe. Y muchos lectores le dan otro uso, más modesto y más útil: ayudar a pensar.

Tres experimentos de Susan Blackmore

El tarot se ha investigado mucho menos que la astrología. Uno de los pocos estudios que se citan es el de la psicóloga británica Susan Blackmore, publicado en 1983 en la revista de la Society for Psychical Research, una asociación dedicada al estudio de los fenómenos paranormales.

Blackmore empezó su carrera buscando pruebas de los fenómenos psíquicos. Para el tarot diseñó una prueba sencilla. Echó las cartas a diez personas, con un procedimiento lo más parecido posible a una consulta normal. Después, cada participante recibió todas las lecturas sin nombre y tuvo que ordenarlas según lo bien que le describían. Si el tarot no tuviera nada de especial, cada cual elegiría la suya por puro azar.

El resultado salió significativo: la gente tendía a reconocer su propia lectura. Pero el parapsicólogo Carl Sargent le hizo ver un fallo. Los diez participantes se conocían entre sí, así que podían descartar las lecturas que encajaban con un amigo. Corregido ese detalle, el efecto quedaba en el límite.

Blackmore repitió el experimento dos veces más, con personas que no se conocían. Esta vez no salió nada. Años de resultados negativos como este acabaron convirtiéndola en una escéptica convencida.

Una descripción que vale para todos

En 1948, el psicólogo estadounidense Bertram Forer pasó un test de personalidad a 39 estudiantes y les prometió un retrato individual. A todos les dio el mismo texto, sacado de un libro de astrología de quiosco. Lo puntuaron, de media, con un 4,3 sobre 5. Forer lo publicó en 1949, y en 1956 el también psicólogo Paul Meehl lo bautizó como efecto Barnum, por el empresario de circo P. T. Barnum: la tendencia a tomar como propia una descripción tan general que serviría para casi cualquiera.

Las cartas se prestan a ello. La Torre habla de un cambio brusco, El Ermitaño de retirarse a pensar, el Tres de Espadas de una pena. ¿Quién no ha pasado por algo así en los últimos meses? Quien escucha pone el resto con su propia vida, y luego recuerda lo que encajó y olvida lo que no.

La lectura en frío

El psicólogo Ray Hyman leía las manos por dinero cuando era joven, y creía en lo que hacía: sus clientes salían asombrados. Un amigo le propuso un experimento: decir justo lo contrario de lo que indicaban las líneas. Los clientes quedaron igual de impresionados. Hyman cambió el periodismo por la psicología y, en 1977, publicó en la revista The Zetetic una guía de la lectura en frío, el arte de convencer a un desconocido de que lo conoces.

La técnica se apoya en lo que se ve (la edad, la ropa, un anillo, la cara al oír una palabra) y en frases que se van ajustando según la reacción. Eso sí, no hace falta mala fe para practicarla: un lector sincero puede hacerlo sin darse cuenta, solo por estar atento a quien tiene delante.

Un espejo, no una bola de cristal

Nada de esto quita valor a las imágenes. En un seminario de 1933, Carl Jung describió las cartas del tarot como imágenes psicológicas con las que se juega, igual que el inconsciente juega con sus contenidos. Es la idea que recogen muchos lectores de hoy: la carta no anuncia lo que va a pasar, sino que pone sobre la mesa un tema para mirarlo de frente.

Una Rueda de la Fortuna puede abrir una conversación sobre lo que no depende de ti. Un Cuatro de Oros, sobre aquello a lo que te agarras. El provecho está en las preguntas que surgen, no en el pronóstico. La historia de la baraja, que nació como juego en la Italia del siglo XV, se cuenta en qué es el tarot y de dónde viene, y su vida como juego de mesa, en el tarot, un juego de cartas que sigue vivo.

Tres hábitos para leer con los pies en el suelo

  • Cambia «qué va a pasar» por «qué puedo hacer» o «qué no estoy viendo».
  • Apunta cada lectura con su fecha y reléela al cabo de un mes, fijándote en qué frases habrían valido para cualquiera.
  • Desconfía de quien asegura no fallar nunca o te asusta para que vuelvas.

Una tirada es un buen rato de reflexión y no sustituye a un médico, a un psicólogo, a un abogado ni a un asesor. Las señales de una consulta honrada están en cómo diferenciar a un tarotista serio de un estafador. Hay más lecturas en la sección de tarot y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica