Copahue, el valle de los misterios: volcán, termas y leyendas del norte neuquino

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

En el norte de la provincia argentina de Neuquén, pegado a la frontera con Chile, un volcán activo humea sobre unas termas y un lago rodeado de araucarias. Allí conviven el turismo de montaña, las creencias del pueblo pehuenche y algunos relatos de luces sobre el agua. Conviene mirar cada cosa por separado.

Un volcán con un lago ácido en la cima

El Copahue es un estratovolcán de 2.997 metros que la frontera parte entre la región chilena del Biobío y la provincia de Neuquén. En su cima hay una hilera de nueve cráteres, y el más oriental guarda un lago de unos trescientos metros con un agua extremadamente ácida: su pH ronda el 0,2. Al este se abre una caldera de unos veinte kilómetros por quince, dentro de la cual quedan el lago Caviahue, también llamado Agrio, y el pueblo del mismo nombre.

No es un volcán dormido. Ha entrado en erupción en 1992, en 1995, en 2000 y varias veces desde 2012; en 2013, las autoridades decretaron la alerta roja y evacuaron a unas dos mil personas de los alrededores.

Su nombre viene del mapudungun, la lengua mapuche, y suele traducirse como «lugar del azufre». Caviahue, a su vez, se interpreta como «lugar de fiesta o de reunión».

De las veranadas pehuenches al balneario

Los pehuenches, la «gente del pehuén», que es como llaman a la araucaria, subían a estos valles en verano con su ganado y conocían bien las aguas calientes. En 1870, el médico Pedro Ortiz Vélez obtuvo permiso del cacique Cheuquel para llevar enfermos a las termas, y es la primera noticia de visitantes de fuera.

El pueblo de Copahue, a unos 2.000 metros, creció de forma espontánea hacia 1930 alrededor de los baños. La nieve lo deja aislado buena parte del año: solo se llega de diciembre a mayo, y en el censo de 2022 apenas tenía seis vecinos fijos. Caviahue, a diecinueve kilómetros, está habitado todo el año y en invierno se llena con su estación de esquí. Los dos forman un mismo municipio y están dentro del Parque Provincial Copahue, de unas 28.000 hectáreas, creado para proteger los bosques de araucarias.

Del lado chileno, en el valle del río Queuco, siguen las comunidades pehuenches, como Trapa Trapa, con sus pastos de verano en las laderas del volcán. Para ellas, la raya de la frontera es mucho más reciente que sus caminos.

Lo que cuenta la tradición mapuche

En la tradición mapuche, la tierra y el agua tienen dueños. El cherufe es un ser asociado a los volcanes y al fuego de la tierra; a él se atribuyen las piedras ardientes que bajan de las cumbres y las bolas de fuego que cruzan el cielo.

El anchimallén es otro ser de esa tradición: pequeño, como un niño, se convierte en una esfera de luz y se deja ver de noche por el monte. En muchas versiones lo crea y lo gobierna un kalku, el brujo, y no la machi, que es la sanadora de la comunidad. Por eso, en el campo, una luz que se mueve sola entre los cerros no siempre se interpreta como un fenómeno del cielo.

Las aguas, por su parte, tienen a la sumpall, un espíritu femenino que cuida ríos, lagos y vertientes y se enoja cuando no se las respeta. Un estudio sobre una comunidad mapuche de Neuquén la describe como guardiana de las vertientes, y recuerda mucho a la «sirena» del lago Caviahue de la que hablaban los vecinos más ancianos en los relatos recogidos en los noventa.

Luces sobre el lago Caviahue

En los años noventa, un reportaje recogió testimonios de vecinos de Caviahue que hablaban de luces de colores girando sobre la orilla, de esferas rojizas que subían y bajaban por la ladera y de una música que parecía salir del lago de madrugada. El mismo texto reunía apariciones de caballos y toros saliendo del agua, y relacionaba todo con la actividad del volcán y con una ola de avistamientos ovni en la Patagonia.

Ninguno de esos relatos va acompañado de fotos útiles, mediciones ni una investigación posterior. ¿Quiere decir que mienten? No necesariamente. En un valle de montaña hay faros de coches que bajan por las curvas, luces de puestos aislados, estrellas y planetas que asoman tras las crestas y reflejos en un lago en calma. Al fin y al cabo, en una tierra donde el anchimallén forma parte de la vida, la misma luz puede contarse como espíritu, como ovni o como un coche lejano, según quién la mire.

El viaje, con calma y respeto

Antes de subir, consulta el estado del volcán en el Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica, del SEGEMAR, o en el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile, que lo vigilan de forma permanente. Si hay alerta, se respeta. Las termas de Copahue abren solo en la temporada de verano, así que confirma las fechas, y recuerda que la fama curativa de sus aguas no sustituye a tu médico: si tienes un problema de salud, consúltalo antes de tomar los baños.

Si te cruzas con gente pehuenche y alguien te cuenta una historia del anchimallén o de la sumpall, escúchala como lo que es, parte de una cultura viva, y no como una atracción. Y si de noche ves una luz que no entiendes, apunta la hora, la dirección y cuánto duró. Es la forma más honesta de guardarla.

Hay otros lugares donde la leyenda y las luces se mezclan, como Lajas, la capital ovni de Puerto Rico, o El Yunque y sus duendes. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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