Barcos hallados sin nadie a bordo: de la Mary Celeste al Kaz II

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Un barco a la deriva, en buen estado y sin una sola persona a bordo, es una de las imágenes más inquietantes del mar. Ha ocurrido varias veces, y en cada caso hubo una investigación. Estos son cuatro de los más conocidos, con lo que se averiguó y lo que nunca llegó a saberse.

La Mary Celeste, diciembre de 1872

La Mary Celeste era un bergantín estadounidense. Zarpó de Nueva York el 7 de noviembre de 1872 rumbo a Génova con 1.701 barriles de alcohol y diez personas: el capitán, su mujer, su hija pequeña y siete tripulantes.

El 4 de diciembre, los marinos del Dei Gratia, otro velero, la encontraron entre las Azores y Portugal sin nadie a bordo. Faltaban el único bote, casi todos los papeles y los instrumentos del capitán. En la bodega había cerca de un metro de agua, no tanta como para hundirla. La última anotación del diario, del 25 de noviembre, la situaba frente a la isla de Santa María, en las Azores.

Los del Dei Gratia la llevaron a Gibraltar para reclamar el premio por el salvamento. Allí, el fiscal general de la colonia, Frederick Solly-Flood, sospechó que la tripulación se había emborrachado con la carga y había matado a los oficiales. La teoría se vino abajo: las manchas que tomó por sangre no lo eran, y un capitán de la Marina estadounidense atribuyó al mar las marcas de la proa.

El 8 de abril de 1873, el tribunal concedió a los rescatadores 1.700 libras, la quinta parte del valor del barco y de la carga. Sobre la suerte de las diez personas no dictaminó nada.

Un relato de 1884 que confundió a muchos

En enero de 1884, la revista londinense The Cornhill Magazine publicó sin firma «La declaración de J. Habakuk Jephson», la confesión inventada de un superviviente. La había escrito un médico joven que aún no había creado a Sherlock Holmes: Arthur Conan Doyle. Cambió el capitán, la ruta y la fecha, y rebautizó el barco como Marie Celeste.

Muchos lectores lo tomaron por un testimonio real, y Solly-Flood lo calificó de invención de principio a fin. El nombre equivocado se quedó. Unos meses antes, en junio de 1883, un periódico de Los Ángeles ya había añadido una cena intacta y casi caliente sobre la mesa, un detalle sin fundamento.

¿Qué pasó de verdad? Nadie lo sabe. Una hipótesis supone que los vapores del alcohol provocaron una pequeña explosión, o el miedo a una, y que todos subieron al bote por precaución. Otra, de un documental de 2007, une una bomba de achique atascada y un cronómetro poco fiable, que habrían llevado a dejar el barco creyéndolo cerca de tierra. Ninguna está demostrada.

El Carroll A. Deering y una botella falsa

El 31 de enero de 1921, la Guardia Costera de Estados Unidos vio una goleta de cinco mástiles encallada en los bajos de Diamond Shoals, frente al cabo Hatteras, en Carolina del Norte. Era el Carroll A. Deering, que volvía de Río de Janeiro con escala en Barbados. Tres días antes, desde el buque faro de Cabo Lookout la habían visto pasar, y un hombre gritó que habían perdido las anclas en una tormenta.

Cuando lograron subir a bordo, el 4 de febrero, faltaban el diario, los instrumentos, los efectos personales y los dos botes salvavidas.

En abril apareció en la playa una botella con un mensaje que hablaba de un asalto. Era falsa: los peritos en caligrafía lo comprobaron, y el pescador que la encontró confesó haberla escrito él, al parecer para conseguir un empleo en el faro. Cinco departamentos del Gobierno federal estudiaron el caso y barajaron huracanes, piratas, contrabandistas de licor y un motín. La investigación se cerró a finales de 1922 sin una conclusión oficial.

Dos casos del Pacífico: el Joyita y el Kaz II

El Joyita, un barco de madera de 21 metros, zarpó de Apia, en Samoa, el 3 de octubre de 1955 rumbo a las islas Tokelau con 25 personas a bordo. Nunca llegó. El 10 de noviembre, un mercante lo encontró al norte de Vanua Levu, en Fiyi, semihundido y a casi mil kilómetros de su ruta. Faltaban las balsas, el bote y el diario.

El agua había entrado por una tubería corroída de un motor, y las bombas de achique estaban atascadas; el forro de corcho de la bodega lo mantuvo a flote. La comisión de investigación de 1956 concluyó que el barco estaba mal mantenido y había zarpado con un solo motor, sin una radio en condiciones ni botes adecuados. La suerte de quienes iban a bordo la calificó de inexplicable.

El Kaz II, un catamarán de casi diez metros, salió de Airlie Beach, en Queensland (Australia), el 15 de abril de 2007 con tres hombres a bordo. Tres días después, un helicóptero lo vio a la deriva cerca de la Gran Barrera de Coral. Cuando lo abordaron, el motor estaba en marcha, el portátil encendido, la comida en la mesa y los chalecos salvavidas en su sitio.

En agosto de 2008, el forense del estado de Queensland abrió en Townsville una investigación con 27 testigos. Concluyó que lo más probable había sido un accidente durante una maniobra, descartó un delito o una desaparición preparada y reconoció que no podía saberse con certeza.

Detrás de cada barco vacío

En tres de estos cuatro casos faltaban el bote o las balsas. Lo honrado fue lo que hicieron los tribunales de Gibraltar, Apia y Townsville: decir lo que se sabía y reconocer lo que no. La verdad es que ninguna de esas investigaciones necesitó una explicación sobrenatural, aunque ninguna pudo cerrar del todo su caso.

Cuando leas sobre un barco fantasma, busca el informe oficial y la fecha de cada dato, y desconfía de los detalles que mejoran con los años, como la cena caliente. Recuerda, eso sí, que detrás de cada caso hubo familias esperando noticias.

Las desapariciones del triángulo de las Bermudas, con lo que se investigó de cada una, están en el triángulo de las Bermudas (II), y por qué esa zona no hunde más barcos que otras, en lo que explican los datos. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica