El triángulo de las Bermudas (III): lo que explican los datos

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Contada la leyenda y repasados los casos, queda la pregunta de fondo: si en esas aguas se pierden más barcos y aviones que en otras. Responden la Guardia Costera de Estados Unidos, las aseguradoras y la física del mar, y casi todos coinciden.

Lo que dicen quienes vigilan y aseguran el mar

La Guardia Costera de Estados Unidos no reconoce el llamado triángulo como una zona con riesgos propios para barcos o aviones. Cuando ha revisado pérdidas atribuidas a él, ha encontrado causas físicas. La NOAA, la agencia federal del océano y la atmósfera, va más allá: no hay pruebas de que allí desaparezcan barcos con más frecuencia que en otras zonas del océano con mucho tráfico.

Las aseguradoras, que viven de calcular riesgos, tampoco ven nada raro. En 1992, mientras se preparaba un documental para la televisión británica, la productora preguntó a Lloyd's de Londres si en la zona se hundían más barcos de lo normal. La respuesta fue que no. Cruzarla no encarece la póliza.

En 2013, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) estudió los accidentes marítimos ocurridos entre 1999 y 2011. Los puntos negros resultaron ser el mar de la China Meridional y las Indias Orientales, el Mediterráneo oriental con el mar Negro, y el mar del Norte con las islas Británicas. El triángulo no estaba entre las diez aguas más peligrosas del mundo.

Mucho tráfico, mucho mar

Por esas aguas pasan algunas de las rutas más transitadas del Atlántico: los barcos que entran y salen del golfo de México, los cruceros del Caribe, los vuelos entre Norteamérica y las islas. Donde hay más tráfico hay más accidentes, igual que una autopista acumula más choques que un camino de montaña. El divulgador australiano Karl Kruszelnicki lo resumió en 2017: en proporción, en el triángulo ocurren los mismos accidentes que en cualquier otro lugar del mundo.

La NOAA añade tres factores naturales. Por la zona pasan la mayoría de las tormentas tropicales y los huracanes del Atlántico, que antes de que mejoraran las previsiones hundieron muchos barcos. La corriente del Golfo, que en superficie llega a unos dos metros por segundo, provoca cambios de tiempo rápidos y a veces violentos. También arrastra lo que flota, de modo que un avión amerizado o una lancha averiada pueden acabar muy lejos de su última posición conocida. Y entre las islas abundan los bajos, aguas poco profundas que exigen mucho cuidado al navegar.

Olas gigantes, burbujas de metano y la brújula

Durante siglos, las olas gigantes, las que doblan la altura de las que las rodean, fueron cosa de marineros. El 1 de enero de 1995, un láser de la plataforma Draupner, en el mar del Norte, midió una de 25,6 metros y acabó con las dudas. En 2018, el oceanógrafo Simon Boxall, de la Universidad de Southampton, defendió en una serie documental británica que en el triángulo pueden juntarse tormentas llegadas de direcciones distintas y levantar olas de hasta treinta metros, capaces de partir un barco grande. Su equipo lo probó en un tanque con una maqueta de uno de los buques perdidos. El propio Boxall aclaró que estas olas nacen dentro de una tormenta, nunca en un mar en calma, y que el error humano explica más pérdidas que cualquier ola.

Los hidratos de metano son gas atrapado en una especie de hielo bajo el fondo marino. Hay grandes depósitos frente al sureste de Estados Unidos, en la zona llamada Blake Ridge. En 2003, David May y Joseph Monaghan, de la Universidad Monash, en Australia, mostraron en un tanque que una burbuja del tamaño del casco puede hundir una maqueta. Funciona en el laboratorio. En el mar, el Servicio Geológico de Estados Unidos considera que en el triángulo no ha habido grandes escapes de hidratos en los últimos 15.000 años.

Queda la brújula. Según la NOAA, en la zona la aguja a veces señala el norte geográfico y no el magnético, y quien no lo tiene en cuenta puede desviarse. Los dos nortes coinciden a lo largo de la línea agónica, que ha pasado por estas aguas y se desplaza despacio hacia el oeste. Ninguna medición ha encontrado anomalías magnéticas propias del triángulo.

Por qué la leyenda sigue viva

¿Por qué sigue el triángulo en todas las listas de misterios, si los datos son tan claros? Una parte de la respuesta es editorial: libros, documentales y películas necesitan un enigma sin resolver, como se vio en cómo se fabricó la leyenda. Otra es el mar mismo, enorme y hondo, donde un avión que cae de noche puede no dejar restos a la vista. Y otra, la memoria: un naufragio dentro del triángulo se apunta al misterio, y uno igual frente a Irlanda, a la mala suerte. La mente busca series y descarta lo que no encaja, un mecanismo que se explica en el misterio de los tres tres.

La verdad es que el triángulo funciona mejor como relato que como lugar. Detrás de cada caso de las cinco desapariciones más conocidas hubo tripulantes y pasajeros con nombre, y familias que esperaron noticias que nunca llegaron. Atribuir sus muertes a un remolino o a una puerta a otra dimensión les quita lo que se les debe: la verdad de lo que pasó, o la honradez de admitir que no se sabe.

Ante el próximo titular sobre el triángulo

Cada pocos años alguien anuncia que ha resuelto el misterio, con olas, con metano o con alguna idea nueva. Cuando leas el próximo titular, mira quién lo dice y dónde lo ha publicado, si se trata de una hipótesis probada en un tanque o de un dato medido en el mar, y si el autor reconoce lo que su idea no explica. Ninguna causa única cubre todos los casos, porque cada pérdida tuvo las suyas.

Una prueba sencilla es buscar el mismo tipo de accidente en otro mar con un tráfico parecido, como el canal de la Mancha o el mar del Norte. Si allí ocurre lo mismo sin que nadie hable de triángulos, lo raro está en el relato y no en el agua. Eso sí, cuando la historia tenga nombres propios, cuéntala con respeto: eran personas, no piezas de un enigma.

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Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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