Duendes y gnomos: del folclore hispano a las leyendas de El Yunque

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Los duendes forman parte del folclore de casi todo el mundo hispano, de las aldeas del norte de España a la selva de Yucatán. En Puerto Rico, muchos de esos relatos han encontrado casa en El Yunque, el bosque lluvioso de la sierra de Luquillo, junto a creencias taínas e historias más recientes de luces y criaturas extrañas.

El dueño de la casa

La palabra lo dice casi todo. «Duende» viene de una expresión del castellano antiguo, duen de casa, es decir, el dueño de la casa. El diccionario de la Real Academia lo define como un espíritu fantástico, imaginado con aspecto de viejo o de niño, que vive en algunas casas y causa en ellas desorden y ruido.

Ese es el duende clásico: un ser doméstico que esconde las llaves, golpea de noche las vigas o tira los cacharros, y que a veces, si se le trata bien, echa una mano con las tareas. En el norte de España se le llama trasgo, y en Asturias, trasgu.

Con el tiempo la palabra ganó otro sentido. En octubre de 1933, en Buenos Aires, Federico García Lorca dio la conferencia Juego y teoría del duende, donde llamaba así a esa fuerza misteriosa que tiene un cantaor o un bailaor cuando de verdad conmueve. De ahí viene lo de «tener duende».

Duendes en América

En América, la idea se mezcló con seres que ya existían. En la península de Yucatán se habla de los aluxes, hombrecillos mayas que no pasan de la rodilla, cuidan la milpa y el monte y hacen travesuras a quien no les deja una ofrenda. En Veracruz, Oaxaca o Tabasco están los chaneques, de nombre náhuatl, guardianes de la tierra, del agua y de los animales del monte.

Guatemala tiene al Sombrerón: bajito, vestido de negro, con un sombrero enorme, enamora a las muchachas de pelo largo y, según la leyenda, les trenza el cabello, igual que hace nudos en las crines y la cola de los caballos.

En el campo puertorriqueño también se cuenta de duendes traviesos que se divierten a costa de los descuidados. ¿Y los gnomos? Su origen es otro.

Gnomos: una palabra de sabio

El gnomo no nació en la tradición oral, sino en un libro. En el siglo XVI, el médico suizo Paracelso describió a los espíritus de los cuatro elementos y asignó a la tierra unos seres pequeños que llamó pigmeos o gnomos. Su tratado se publicó en 1566, después de su muerte.

El enanito de barba blanca y gorro rojo que adorna los jardines llegó mucho después, de la mano de los alfareros alemanes del siglo XIX. Hoy, en el habla corriente, duende y gnomo se usan casi como sinónimos.

El Yunque, un bosque hecho para las leyendas

El Yunque ocupa buena parte de la sierra de Luquillo, en el nordeste de Puerto Rico. El rey Alfonso XII lo declaró reserva forestal en 1876, y es el único bosque tropical lluvioso del sistema de bosques nacionales de Estados Unidos. Hasta 2007 se llamaba oficialmente Bosque Nacional del Caribe; desde entonces, Bosque Nacional El Yunque. Su cumbre más alta, El Toro, llega a 1.074 metros.

El nombre puede venir del yunque del herrero, por la forma de la montaña, o de palabras taínas como Yuké. Una tradición muy repetida en la isla sitúa allí la morada de Yúcahu, el dios supremo de los taínos, señor de la yuca y del mar, enfrentado a Juracán, el espíritu de las tormentas. Fray Ramón Pané, que convivió con los taínos de La Española a finales del siglo XV, recogió otra creencia que encaja con el bosque nocturno: los espíritus de los muertos, las opías, salían de noche a comer guayaba, y se les reconocía porque no tenían ombligo.

En las cumbres, el viento y la humedad dan forma al bosque enano: árboles bajos y retorcidos, cubiertos de musgo y casi siempre entre nubes. En inglés se le llama elfin forest, «bosque de los elfos», y el nombre le sienta bien. Y al caer la tarde todo se llena del canto del coquí, la ranita que se ha convertido en símbolo de Puerto Rico.

La verdad es que, con ese paisaje, no extraña que la ufología puertorriqueña sumara al bosque relatos de luces, de bases ocultas y de criaturas pequeñas a las que algunos llaman duendes. En 2008, un antropólogo consultado por el diario Primera Hora aseguró que no había pruebas de extraterrestres en El Yunque, atribuyó los avistamientos de seres raros a la actividad militar de la base de Roosevelt Roads, en la vecina Ceiba, y explicó las desapariciones por personas que se desorientan al salir de los senderos.

Para recorrer El Yunque con oído de folclorista

Ve de día y quédate en los senderos marcados. Consulta antes al Servicio Forestal si hay que reservar la entrada o si alguna ruta está cerrada, y lleva ropa para la lluvia, que allí es muy frecuente. La niebla de las cumbres cambia el paisaje en minutos: es parte de su encanto, y la razón de que se aconseje no dejar el camino.

En cuanto a las leyendas, lo mejor es recogerlas de viva voz. Pregunta a la gente mayor de Luquillo, Río Grande o Naguabo qué se contaba de los duendes y del monte, y apunta el lugar y quién te lo contó, con su permiso. Y trátalas como lo que son, un patrimonio de cuentos y creencias, no un mapa de sitios donde ir a buscar criaturas de noche.

Si te interesan los espíritus de la naturaleza, lee lo que dice la tradición sobre los cuatro elementos y sus elementales o pasea por otro bosque legendario, Brocéliande, el bosque de Merlín. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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