Astrología y ciencia: lo que dicen los estudios y lo que responden los astrólogos
Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026
La astrología no es una ciencia: cada vez que se ha puesto a prueba con los métodos de la ciencia, sus resultados no han superado al azar. Eso no la convierte en un engaño para quien la usa como un lenguaje simbólico, pero vale la pena saber qué se ha estudiado y qué contestan los astrólogos.
Cuando astrología y astronomía iban juntas
Durante muchos siglos fueron casi la misma disciplina. Claudio Ptolomeo, en la Alejandría del siglo II, escribió el Almagesto, que calcula el movimiento de los planetas, y el Tetrabiblos, que explica su significado. Johannes Kepler levantaba horóscopos y publicó en 1601 un tratado sobre los fundamentos de la astrología. Galileo también hizo cartas: en 1609 le auguró una vida larga al gran duque de Toscana, Fernando I de Médici, que murió pocas semanas después.
Las palabras guardan la huella de esa unión. «Astrología» lleva el griego logos, estudio o discurso, y «astronomía», nomos, ley o norma; durante siglos se usaron casi como sinónimos.
La separación llegó en el siglo XVII. Copérnico había publicado en 1543 su sistema con el Sol en el centro, y cuando Newton explicó en 1687 el movimiento de los planetas por la gravedad, la astronomía tuvo una física propia. La astrología se quedó sin un mecanismo que la sostuviera.
Lo que dicen los estudios
El experimento más citado lo publicó el físico Shawn Carlson en la revista Nature en 1985. Astrólogos propuestos por una asociación del oficio, el National Council for Geocosmic Research, ayudaron a diseñar la prueba. Cada uno recibía una carta natal y tres perfiles de personalidad hechos con un test psicológico, el CPI, y debía señalar cuál correspondía a esa carta. Eligieron bien más o menos una de cada tres veces: lo mismo que habría dado el azar.
Hubo más intentos. El psicólogo francés Michel Gauquelin publicó en 1955 que los grandes deportistas nacían con Marte recién salido por el horizonte o en lo alto del cielo más a menudo de lo esperable. Durante décadas, ese «efecto Marte» fue el mejor argumento de los astrólogos, pero las réplicas posteriores, entre ellas la de un comité francés en los años noventa, no lo confirmaron y lo atribuyeron a sesgos en la selección de los datos.
En 2003, Geoffrey Dean e Ivan Kelly publicaron el seguimiento de más de dos mil personas nacidas en Londres entre el 3 y el 9 de marzo de 1958, muchas con minutos de diferencia. Midieron más de cien rasgos a lo largo de los años, de la inteligencia a la profesión, y esos «gemelos de tiempo» no se parecían entre sí más que dos desconocidos.
Queda el efecto Barnum. A finales de los años cuarenta, el psicólogo Bertram Forer dio a sus alumnos un supuesto análisis de personalidad hecho para cada uno. Todos recibieron el mismo texto, sacado en buena parte de un libro de astrología, y le pusieron de media más de un 4 sobre 5. ¿Por qué nos reconocemos tanto en un texto así? Porque las frases generales, del tipo «a veces dudas de tus decisiones», le valen a casi todo el mundo.
Las objeciones de fondo
El filósofo Karl Popper usaba la astrología como ejemplo de pseudociencia: sus predicciones son tan amplias que casi cualquier resultado cabe en ellas, y una teoría que no puede fallar tampoco se puede poner a prueba.
Está también la precesión de los equinoccios. El eje de la Tierra cabecea muy despacio, y el punto donde empieza Aries retrocede un grado cada 72 años. Desde la época de Ptolomeo, los signos y las constelaciones del mismo nombre se han separado casi un signo entero, así que quien nació «en Aries» tenía probablemente el Sol delante de las estrellas de Piscis.
En 1975, 186 científicos, entre ellos 18 premios Nobel, firmaron un manifiesto contra la astrología en la revista estadounidense The Humanist. Carl Sagan se negó a firmarlo, y no porque creyera en los horóscopos: le pareció que el texto tenía un tono autoritario y que condenaba sin dar razones.
Qué responden los astrólogos
La primera respuesta es técnica. La astrología occidental usa el zodiaco tropical, que empieza en el equinoccio de marzo y está atado a las estaciones, no a las constelaciones; ya Ptolomeo lo definía así. La astrología védica, en cambio, usa un zodiaco sideral que corrige la precesión.
La segunda es de método. Una carta se lee entera, con sus casas, sus aspectos y su contexto, y casi siempre en conversación con la persona. Muchos astrólogos creen que los experimentos aíslan piezas sueltas y miden algo que la astrología no pretende hacer.
La tercera es la de más calado. Desde la astrología humanista de Dane Rudhyar, en los años treinta, y la psicológica que vino después, muchos astrólogos ya no hablan de astros que causan cosas, sino de un lenguaje simbólico, un espejo para pensar sobre uno mismo, como el tarot. Dicho esto, la respuesta tiene un precio: si la astrología no afirma nada que se pueda medir, deja de competir con la ciencia y pasa a ser otra cosa, una tradición simbólica.
Con los pies en el suelo
Puedes disfrutar de la astrología sin pedirle lo que no puede dar. Úsala para hacerte preguntas, para conocer un vocabulario muy antiguo o para hablar de ti con alguien, y deja las decisiones de salud, dinero o trabajo para quien corresponde: un médico, un asesor o un abogado. Juzgar a una persona por su signo, para contratarla o para emparejarte con ella, no tiene ninguna base.
Una prueba casera ayuda a ver el efecto Barnum en acción. Lee el horóscopo semanal de un signo que no es el tuyo y cuenta cuántas frases te encajan. Si son muchas, ya sabes por qué.
Para seguir, lee cómo unió Jung la psicología y la astrología, qué es la astrología védica, con su zodiaco sideral, y por qué conviene desconfiar de la astrología imprudente. Hay más en la sección de astrología y en el tarot temático.
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