Saturno y el ánimo en la tradición astrológica
Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026
Durante siglos, la astrología culpó a Saturno de la tristeza que no se va. Esa idea nació en la medicina de los humores, pasó por el filósofo Marsilio Ficino y quedó grabada en la Melencolia I de Durero. Aquí tienes su historia, contada como lo que es: una tradición, nunca un diagnóstico ni un tratamiento.
Lo primero, tu salud
La depresión es un trastorno de salud que se diagnostica y se trata en una consulta, no en una carta natal. Si llevas semanas con el ánimo bajo, sin ganas de nada o durmiendo mal, habla con tu médico o con un psicólogo.
Y si tienes pensamientos de hacerte daño, llama hoy mismo a los servicios de emergencia o a la línea de ayuda de tu país. No tienes que pasarlo a solas.
Lo que sigue es historia de las ideas.
De la bilis negra a Saturno
La medicina griega, de Hipócrates a Galeno, explicaba el cuerpo con cuatro humores: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. La salud era su equilibrio. El exceso de bilis negra, mélaina cholé en griego, dio nombre a la melancolía, y uno de los aforismos hipocráticos la reconocía en el miedo y el desánimo que duran mucho tiempo.
Cada humor tenía sus cualidades. La bilis negra era fría y seca, como la tierra y como el otoño, y de ella salió el temperamento melancólico, uno de los cuatro clásicos junto al sanguíneo, el colérico y el flemático.
Saturno encajaba con ella como un guante. Era el planeta más lejano y más lento que se veía a simple vista, y Ptolomeo, en el siglo II, escribía que su cualidad es sobre todo enfriar y, en menor medida, secar. A medida que la astrología pasó de Grecia a Roma, al mundo árabe y a la Europa medieval, el viejo Cronos, el dios destronado y solitario, acabó como patrón del carácter melancólico. En inglés, saturnine todavía significa sombrío y taciturno.
Ficino y el genio melancólico
El giro llegó en la Florencia del siglo XV con Marsilio Ficino (1433-1499), el traductor de Platón. Ficino creía haber nacido con Saturno en el ascendente, en Acuario, y en una carta a su amigo Giovanni Cavalcanti se quejaba de que el planeta le había marcado desde el principio con el sello de la melancolía. Cavalcanti le contestó que a ese mismo Saturno le debía su talento para el estudio.
Ficino hizo suya la respuesta. Recuperó una pregunta de los Problemas atribuidos a Aristóteles, por qué quienes han destacado en la filosofía, la política o las artes son melancólicos, y la convirtió en teoría: Saturno da a la vez la tristeza y la hondura. En sus Tres libros sobre la vida (1489) explicaba que la gente de estudio es especialmente propensa a la melancolía, y proponía un régimen de vida propio de su época. El tercero de esos libros, sobre la influencia de los astros, le valió una acusación de herejía ante el papa Inocencio VIII, de la que salió absuelto.
Su idea del genio melancólico marcó a artistas y escritores durante más de un siglo.
Durero y la Melencolia I
En 1514, Alberto Durero grabó la Melencolia I. Una figura alada se sienta con la cabeza apoyada en el puño y un compás inmóvil en la mano, rodeada de herramientas que no usa: una sierra, un cepillo de carpintero, una balanza, un reloj de arena, una campana, una escalera, una esfera y un poliedro enorme. A sus pies duerme un perro. Al fondo, sobre el mar, brilla un cometa bajo un arcoíris, y un animal parecido a un murciélago sostiene el título.
En la pared hay un cuadrado mágico de cuatro por cuatro. Todas sus líneas suman 34, y la fila de abajo guarda la fecha, 1514. En la época, ese cuadrado se asociaba con Júpiter, el planeta que se creía capaz de templar a Saturno.
¿Qué le pasa a esa figura, rodeada de herramientas que no toca? Los historiadores Raymond Klibansky, Erwin Panofsky y Fritz Saxl dedicaron al grabado buena parte de Saturno y la melancolía, publicado en inglés en 1964, y lo leen como el retrato de un genio saturnino: alguien capaz de medir y construir, y paralizado ante lo que no alcanza. El «I» del título se ha interpretado como el primero de los tres tipos de genio melancólico que distinguía Cornelio Agrippa, el de la imaginación, que es el de los artistas.
Lo que queda hoy de Saturno
La astrología actual ya no habla de bilis negra. Muchos astrólogos, siguiendo a Liz Greene, leen a Saturno como la parte de uno que pide esfuerzo, límites y paciencia, y sus tránsitos, como épocas de balance en las que se despide lo que quedó atrás. Algunos miran también a Neptuno, al que asocian con la confusión y con las ilusiones que se desmoronan.
Dicho esto, es una lectura simbólica, sin base científica, que no explica por qué alguien se deprime ni sirve para salir de una depresión. La melancolía de los tratados antiguos mezclaba el carácter, la tristeza pasajera y la enfermedad. La depresión, tal como hoy la entienden la medicina y la psicología, tiene causas diversas y un tratamiento que decide un profesional.
Qué hacer cuando el ánimo pesa
- Si el ánimo bajo dura semanas o te impide hacer tu vida, pide cita con tu médico o con un psicólogo.
- Si piensas en hacerte daño, llama sin esperar a los servicios de emergencia o a la línea de ayuda de tu país.
- Cuéntaselo a alguien de confianza: no tienes que llevarlo en silencio.
- Usa la carta natal, si te interesa, como lo que es: un lenguaje simbólico para pensar en tu vida, nunca un sustituto del tratamiento.
Para seguir con la historia, lee qué dice la tradición de Saturno y Urano en la carta natal, cómo leyó Liz Greene a Saturno en la astrología humanista y de dónde salen los cuatro temperamentos. Hay más en la sección de astrología y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.