El astrólogo, un chamán de nuestro tiempo: la astrología humanista y la consulta

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Muchos astrólogos ya no se presentan como adivinos, sino como acompañantes: alguien que ayuda a leer un momento de la vida con los símbolos del cielo. Esa manera de entender el oficio se llama astrología humanista, y sus defensores la comparan a menudo con el papel del chamán.

Rudhyar y el giro humanista

El impulsor fue un músico. Daniel Chennevière nació en París en 1895, se fue a Estados Unidos en 1916 y allí adoptó el nombre de Dane Rudhyar, que tomó de la palabra sánscrita rudra. Compuso, pintó, escribió poesía y, mientras aprendía astrología y estudiaba a Carl Gustav Jung, empezó a pensar en cómo unir las dos cosas.

El resultado fue The Astrology of Personality (1936). Para Rudhyar, los astros no causan nada: forman imágenes que coinciden con lo que vive una persona, y la carta natal se lee como un mapa de posibilidades, no como una sentencia. El centro deja de ser el suceso que va a ocurrir y pasa a ser la persona que lo vive y lo que puede hacer con él. En 1969 fundó un pequeño Comité Internacional de Astrología Humanista para desarrollar esa mirada.

La generación siguiente la acercó a la consulta psicológica. La astróloga Liz Greene, analista junguiana, publicó en 1976 un libro sobre Saturno que le quitaba su fama de planeta de la desgracia: lo presentaba como la parte difícil de uno mismo que pide trabajo y paciencia. En 1983 fundó en Londres, con Howard Sasportas, el Centro de Astrología Psicológica.

Qué es un chamán, y por qué la comparación seduce

La palabra viene de las lenguas tunguses de Siberia, probablemente del evenki, y llegó a Europa a través del ruso. En 1951, el historiador de las religiones Mircea Eliade publicó un estudio que hizo escuela: definía el chamanismo como una técnica del éxtasis. En las culturas que lo tienen, el chamán hace de mediador entre su comunidad y el mundo de los espíritus, de curandero y de guía de almas.

Hay un rasgo que repiten muchos relatos. Antes de ejercer, el futuro chamán atraviesa una crisis, a veces una enfermedad, que se entiende como su iniciación: tiene que enfermar para entender la enfermedad. Jung recogió una idea parecida para los terapeutas con la imagen del sanador herido, y la asoció con el centauro Quirón, que enseñaba medicina y no podía curar su propia herida. Cuando en 1977 se descubrió un pequeño astro entre Saturno y Urano y recibió el nombre de Quirón, muchos astrólogos lo leyeron justo así.

De ahí viene la comparación. El astrólogo humanista no sería un técnico que calcula, sino alguien que ha pasado por sus propias crisis y acompaña a otros en las suyas.

Conviene no estirarla. El chamán siberiano o amazónico sirve a una comunidad concreta, dentro de una tradición viva, con una iniciación que esa comunidad reconoce. Quien consulta a un astrólogo en una ciudad hace otra cosa, y llamar chamán a cualquier profesional de lo simbólico puede vaciar la palabra de su sentido.

El viaje del héroe dentro de la carta

El otro pilar de esta astrología es un estudioso de los mitos, Joseph Campbell. Su libro El héroe de las mil caras (1949) describe un esquema que, según el autor, repiten los mitos del mundo. Campbell lo llamó monomito, una palabra que tomó del Finnegans Wake de James Joyce. El héroe recibe una llamada, cruza un umbral vigilado por un guardián, pasa pruebas y vuelve a casa transformado: separación, iniciación y retorno.

Los astrólogos humanistas leen los ciclos de la carta con ese guion. El ejemplo más citado es el retorno de Saturno: el planeta tarda unos veintinueve años y medio en dar la vuelta al zodiaco, y vuelve a su posición natal hacia los 29 o 30 años, una edad en la que mucha gente toma decisiones de adulto. La tradición lo ve como un umbral, y la consulta, como el momento de mirarlo con calma. ¿Prueba algo eso? No: es una lectura simbólica, que se sostiene como lenguaje y no como pronóstico.

El día de la consulta

Una consulta de este tipo es una conversación. El astrólogo necesita tu fecha, tu hora y tu lugar de nacimiento, explica qué representan los planetas y las casas que más pesan en tu carta y te pregunta por tu vida para relacionarlos. Lo útil, si lo hay, sale de esa conversación: una forma nueva de mirar un problema, unas preguntas que no te habías hecho. Al fin y al cabo, las decisiones siguen siendo tuyas.

También hay cosas que una consulta seria no hace. No pone fecha a una muerte ni a una enfermedad, no promete que algo vaya a pasar, no te dice con quién casarte ni te vende remedios para un tránsito difícil. Y no sustituye a nadie: si estás pasando por una crisis de verdad, la acompaña un psicólogo; si se trata de salud, dinero o leyes, un médico, un asesor o un abogado.

Antes de pedir cita, piensa qué quieres llevarte de ella y desconfía de quien te asegure resultados. Para saber cómo nació esta manera simbólica de leer el cielo, lee mirando al cielo, la astrología como lenguaje; lo que dicen los estudios científicos está en astrología y ciencia, y la figura del sanador herido, en Quirón y los chakras en la carta natal. Hay más en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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