El vuelo astral en las tradiciones: chamanes, brujas y almas viajeras

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Mucho antes de que se hablara de cuerpo astral, muchas culturas contaban que el alma podía salir volando mientras el cuerpo quedaba inmóvil. Lo decían los chamanes de Siberia, algunos sabios griegos y los acusados de brujería ante sus jueces. Este es un recorrido por esas tradiciones, contadas como lo que son: creencias y relatos.

El vuelo mágico de los chamanes

El historiador de las religiones Mircea Eliade publicó en París, en 1951, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Para él, lo que define al chamán es el éxtasis: un trance en el que, según su comunidad, el alma sale del cuerpo para subir al cielo o bajar al mundo de abajo, y vuelve con lo que fue a buscar. Eliade llamó a ese viaje vuelo mágico y lo encontró, con variantes, en pueblos muy alejados entre sí.

Uno de sus ejemplos es un rito del Altái que el lingüista Wilhelm Radloff describió en 1884. Dentro de una yurta se levantaba un abedul joven con nueve muescas talladas en el tronco. El chamán, el kam, iba subiendo por ellas, y cada escalón era un cielo más, hasta presentarse ante Bai Ülgen, el dios supremo del cielo. Le acompañaban el tambor y los espíritus que había llamado a entrar en él. Lo que hacía su cuerpo era trepar unos peldaños; lo que se creía que hacía su alma era cruzar el firmamento.

Almas que salían de paseo en Grecia

Plinio el Viejo recogió en su Historia natural el caso de Hermótimo de Clazómenas. Su alma, contaba, solía dejar el cuerpo medio vivo y viajar lejos, y al volver traía noticias que solo podía conocer un testigo. Un día, sus enemigos aprovecharon la ausencia y quemaron el cuerpo, de modo que el alma ya no tuvo adónde regresar.

En el mismo pasaje habla de Aristeas de Proconeso, cuya alma se habría visto salir por su boca en forma de cuervo. El propio Plinio advertía que la historia venía cargada de fábula.

El cristianismo también conoce el arrebato del alma. San Pablo, en la segunda carta a los Corintios, cuenta que un hombre fue llevado al tercer cielo, y añade que no sabe si ocurrió en el cuerpo o fuera del cuerpo.

Las brujas que volaban de noche

La Iglesia medieval empezó negando el vuelo. Hacia el año 906, el clérigo Regino de Prüm recogió el llamado Canon Episcopi, que hablaba de mujeres convencidas de cabalgar de noche junto a la diosa Diana. El texto decía que se engañaban: todo ocurría en sueños, no en el cuerpo. Siglos después, los autores del Malleus maleficarum (1487) tuvieron que darle muchas vueltas para defender que el vuelo de las brujas era real, y críticos de la caza de brujas, como el médico Johann Weyer en 1563, volvieron a usarlo para defender lo contrario.

En el Friuli, al noreste de Italia, la Inquisición se encontró entre 1575 y 1675 con algo distinto: los benandanti, personas nacidas con la bolsa amniótica sobre la cabeza que decían salir en espíritu ciertos jueves del año. Mientras su cuerpo dormía, luchaban con tallos de hinojo contra los brujos para proteger las cosechas. El historiador Carlo Ginzburg reconstruyó sus procesos en un libro de 1966.

Los ungüentos de los procesos

En muchas confesiones aparecía un ungüento para volar. El médico segoviano Andrés Laguna, traductor de Dioscórides, vivió de 1540 a 1545 en Metz, y allí tuvo en las manos uno de verdad. Lo habían encontrado en casa de una pareja acusada de embrujar al duque de Lorena: una pasta verde que, según él, estaba hecha de hierbas que dan sueño, como la cicuta, la hierba mora, el beleño y la mandrágora. Lo probó con la mujer del verdugo, que no conseguía dormir. Durmió treinta y seis horas y, al despertar, le reprochó haberla sacado de un sueño lleno de placeres. Laguna concluyó que los vuelos de las brujas eran sueños provocados por esas plantas.

Unos sesenta años más tarde, en Navarra, el inquisidor Alonso de Salazar Frías recorrió entre 1611 y 1612 los pueblos afectados por el proceso de Zugarramurdi. Los ungüentos y polvos que recogió resultaron falsos: los propios acusados admitieron haberlos preparado con cosas inofensivas para contentar a quienes los interrogaban. Su informe ayudó a que la Inquisición española frenara aquellos procesos.

Las plantas de los ungüentos, eso sí, existen y son muy tóxicas. Por qué una sustancia puede hacer creer a alguien que sale de su cuerpo se explica en los psicotrópicos del diccionario esotérico.

Mira estas historias como lo que son

Cada una de estas tradiciones cuenta cómo una cultura imaginó el alma: un chamán que sube al cielo por un abedul, un cuervo que sale por una boca, un espíritu que pelea por las cosechas, una mujer que cabalga con Diana. ¿Hace falta creer que el alma vuela para que te digan algo? No. Dicen mucho de los miedos y las esperanzas de quienes las contaron, y también de quienes juzgaron a los acusados.

Ninguna de estas tradiciones es un manual, y no conviene leerla como tal. La idea moderna de un cuerpo astral que sale de noche, con su cordón de plata y lo que ha encontrado la ciencia, está en la proyección astral; lo que algunas doctrinas creen que pasa con el alma entre una vida y otra, en viaje astral y reencarnación. Si alguna vez sientes que sales de tu cuerpo y te inquieta, coméntalo con tu médico.

Tienes más en la sección de reencarnación y mente y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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