Viaje astral y reencarnación: qué pasa entre una vida y otra según las tradiciones

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Si el alma vuelve a nacer, ¿dónde está entre una vida y la siguiente? Las tradiciones que creen en la reencarnación han dado respuestas muy distintas, y algunas las han unido al viaje astral. Aquí tienes tres de ellas y la razón por la que salir del cuerpo, aunque se viva con toda intensidad, no demuestra que sobrevivamos a la muerte.

El bardo: cuarenta y nueve días

El budismo tibetano llama bardo, «entre dos», al estado intermedio. Su texto más famoso es el Bardo Thödol, la «liberación por la escucha en el estado intermedio». La tradición lo atribuye a Padmasambhava, el maestro que llevó el budismo al Tíbet en el siglo VIII, y cuenta que lo encontró escondido Karma Lingpa en el siglo XIV. El estadounidense Walter Evans-Wentz lo dio a conocer en Occidente en 1927, con un título que se quedó: El libro tibetano de los muertos.

Describe tres etapas. En el momento de morir aparece una luz clara, y quien la reconoce como su propia naturaleza se libera. Si no, llegan visiones de divinidades pacíficas y airadas, y por último el bardo del devenir, en el que el karma empuja hacia un nuevo nacimiento. El tránsito dura como mucho cuarenta y nueve días, y el texto se lee en voz alta junto al difunto para guiarlo. Lo que enseña sobre la muerte está en la muerte según el Bardo Thödol.

No todos los budistas lo ven así. La escuela theravada, la de Sri Lanka y Tailandia, enseña que el renacimiento es instantáneo y que no hay estado intermedio.

Kardec: el periespíritu y la erraticidad

El espiritismo dio a ese tránsito un vocabulario propio. Según El libro de los espíritus (1857), el espíritu está envuelto en una sustancia vaporosa, el periespíritu. Allan Kardec lo bautizó por analogía con el perispermo, la capa que rodea el germen de una semilla. Al morir, el espíritu conserva esa envoltura, y gracias a ella podría dejarse ver o comunicarse con los vivos, como el agénere que describe este término del diccionario esotérico.

Entre una encarnación y otra, el espíritu vive en la erraticidad, el estado de los espíritus errantes. El libro le da una duración muy elástica: de unas pocas horas a miles de siglos, pero nunca para siempre. En ese tiempo, según Kardec, el espíritu estudia, repasa su vida y elige las pruebas de la siguiente.

La teosofía: el plano astral

La Sociedad Teosófica, fundada en 1875, ordenó el más allá en planos superpuestos. Helena Blavatsky lo explicaba en La clave de la teosofía (1889). Tras la muerte, la persona pasa por el kamaloka, el «lugar del deseo», una región del plano astral donde se desprende de sus pasiones. Después viene el devachán, un estado feliz, parecido a un sueño, y al final, un nuevo nacimiento.

Ahí chocó con los espiritistas. Para Blavatsky, lo que se presentaba en las sesiones de los médiums no era el difunto, sino una especie de cascarón: el fantasma de los deseos que se había quedado en el kamaloka sin su parte pensante.

Sobre esa base, los autores de proyección astral del siglo XX describieron un cuerpo astral que sale durante el sueño, unido al físico por un cordón de plata que, según ellos, solo se rompe al morir. Por ese puente, el viaje astral entró en las doctrinas de la reencarnación: si el cuerpo astral sale de noche, se razonaba, saldrá para siempre al final. En Brasil, el médico Waldo Vieira, que había trabajado como médium junto a Chico Xavier, se separó del espiritismo en los años sesenta e intentó convertir la salida del cuerpo en una disciplina propia, la proyecciología.

Lo que el viaje astral no puede probar

Quien quiera demostrar la reencarnación tiene que mostrar tres cosas: que hay algo en nosotros capaz de existir sin el cuerpo, que ese algo sobrevive a la muerte y que vuelve en otro cuerpo. El viaje astral, en el mejor de los casos, solo hablaría de la primera.

Y ni siquiera eso está probado. Las experiencias de salir del cuerpo las viven personas vivas, con el cerebro funcionando, muchas veces al dormirse o al despertar, y la neurología ha provocado sensaciones parecidas estimulando una zona concreta del cerebro. Cuando se ha intentado comprobar si quien sale ve algo real, los resultados han sido nulos o discutidos. En los estudios AWARE se colocaron en salas de hospital imágenes que solo se veían desde el techo, y nadie supo decir cuáles eran, como se explica en el balance de las pruebas de la reencarnación.

Dicho esto, aunque mañana se demostrara que la mente puede percibir fuera del cuerpo, eso no diría nada de lo que pasa cuando el cerebro deja de funcionar. Y menos aún de un regreso en otro cuerpo.

Sobrevivir y volver son dos preguntas distintas.

Con los pies en esta vida

Las tres tradiciones tienen algo en común que a menudo se olvida: su descripción del más allá es, sobre todo, una guía para vivir. El Bardo Thödol se estudia en vida, como preparación para la muerte; Kardec insiste en el progreso moral, y la teosofía, en el peso de cada acto. Puedes leerlas así, como mapas que cada cultura dibujó para mirar la muerte de frente, sin necesidad de tomarlos por un plano exacto.

Si te acercas a estos temas porque has perdido a alguien, desconfía de quien te ofrezca contactar con esa persona mediante un viaje astral o una sesión: ninguna de estas prácticas lo ha demostrado. La verdad es que el duelo no tiene atajos. Se acompaña, hablando de quien se fue con los tuyos y, si lo necesitas, con un psicólogo, que puede ayudarte a hacerlo sin prisas.

Tienes más en la sección de reencarnación y mente y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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