Sobrevivir a la muerte no es reencarnar: Geley, las preguntas abiertas y el argumento de la población
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Que algo de nosotros siga existiendo después de morir y que vuelva a nacer en otro cuerpo son dos ideas distintas, aunque a menudo se mezclen. La primera puede darse sin la segunda, y la segunda trae preguntas propias: cuánto se tarda en volver, si se puede cambiar de sexo, de dónde salen tantas almas. Aquí se repasan esas preguntas y las respuestas que dan quienes creen en ella.
Dos hipótesis, no una
La supervivencia es la idea de que algo de la persona, llámese alma, espíritu o conciencia, no desaparece con el cuerpo. La reencarnación añade un paso más: eso que sobrevive vuelve a una vida nueva en este mundo. La segunda necesita de la primera, pero la primera no lleva a la segunda.
La historia lo muestra con claridad. El cristianismo y el islam enseñan que el alma sobrevive, pero que se vive una sola vez. Muchos espiritistas ingleses y estadounidenses del siglo XIX creían hablar con los difuntos y, sin embargo, rechazaban la reencarnación, como se cuenta en el debate entre Kardec, los teósofos y Guénon.
También las pruebas que se invocan son distintas. Para la supervivencia se citan las apariciones, los médiums o las experiencias cercanas a la muerte; para la reencarnación, sobre todo los niños que dicen recordar otra vida. El balance de unas y otras está en las pruebas de la reencarnación.
Gustave Geley y el instituto de París
Pocos encarnan mejor la mezcla de las dos ideas que Gustave Geley (1868-1924), un médico nacido en Montceau-les-Mines que ejercía en Annecy. Era espiritista y creía en la reencarnación, que llamaba palingenesia, y había firmado sus primeros libros con el seudónimo E. Gyel. En De l'inconscient au conscient («De lo inconsciente a lo consciente», 1919) expuso su teoría: un yo subconsciente, distinto del cerebro, organizaría tanto la mente como el cuerpo.
Ese mismo año dejó la consulta para dirigir el Instituto Metapsíquico Internacional, fundado en París con el dinero de Jean Meyer, un rico comerciante de vinos seguidor de Kardec. Geley fue su primer director y solo en 1919 puso a prueba a hasta treinta médiums. Su prueba favorita eran unos moldes de parafina de supuestas manos de espíritus, obtenidos en las sesiones del médium polaco Franek Kluski. Los escépticos no se convencieron, y una comisión de científicos de la Sorbona que examinó a dos médiums con los que había trabajado, Eva C. y Jan Guzik, no encontró nada positivo y habló de fraude.
Geley murió el 15 de julio de 1924, en las afueras de Varsovia, al estrellarse en el despegue el avión que había fletado.
Cuánto se tarda en volver
Allan Kardec respondió en El libro de los espíritus (1857) que el tiempo entre dos vidas varía desde unas horas hasta miles de siglos. Los datos de Ian Stevenson, el psiquiatra que reunió en la Universidad de Virginia los casos de niños que decían recordar otra vida, dan una cifra concreta: una mediana de unos quince meses en 616 casos de diez culturas.
Esa cifra esconde grandes diferencias. Entre los drusos del Líbano, la mediana era de ocho meses; entre los haida de la Columbia Británica, de cuatro, y en los países budistas, como Sri Lanka, Tailandia o Birmania, el intervalo era más largo. Las muertes violentas, por su parte, se asociaban a regresos más rápidos.
Volver con otro sexo
Kardec también tenía respuesta para esto: los espíritus no tienen sexo, y el mismo espíritu puede animar cuerpos de hombre y de mujer en distintas existencias, según las pruebas que deba pasar (preguntas 200 a 202).
En los casos de Stevenson, el cambio de sexo tampoco es igual en todas partes. No aparece entre los drusos del Líbano, los alevíes de Turquía ni los haida y los tlingit del Pacífico norte, que no lo creen posible. En la India se da en el 3 % de los casos, en Sri Lanka en el 12 % y en Birmania en el 33 %. El investigador James Matlock ha subrayado esa relación con las creencias. Stevenson pensaba que un niño puede callar recuerdos que su entorno considera imposibles; sus críticos creen que lo que se repite es la creencia de los padres.
Más vivos que nunca: el argumento de la población
La objeción más antigua es aritmética. A principios del siglo III, el escritor cristiano Tertuliano razonó en su tratado Sobre el alma que, si los vivos salieran de los muertos, el número de personas tendría que mantenerse siempre igual, y sin embargo la humanidad crecía.
¿Qué dicen las cuentas modernas? El Population Reference Bureau, un centro de estudios demográficos de Washington, calculó en 2022 que, desde el año 190.000 antes de Cristo, punto de partida de su cálculo, han nacido en torno a 117.000 millones de personas, y que los vivos de entonces, unos 8.000 millones, eran cerca del 7 %. La cifra es una estimación muy gruesa, porque no hay datos para casi toda la prehistoria. Eso sí, deja claro que los muertos superan con mucho a los vivos. El problema aparece si cada alma vuelve en poco tiempo y el número de almas no cambia: entonces no salen las cuentas.
Quienes creen en la reencarnación responden de varias maneras:
- se crean almas nuevas sin cesar, como dice Kardec en la pregunta 80 de su libro;
- algunas llegarían desde los animales, como admiten el hinduismo y el budismo, o desde otros mundos, como aceptaba el espiritismo;
- los intervalos pudieron ser mucho más largos en la prehistoria;
- algunas almas existirían antes de nacer sin haber vivido nunca otra vida.
Sin mezclar las dos preguntas
Cuando alguien te hable de reencarnación, separa primero las dos preguntas: si algo sobrevive y si ese algo vuelve. Cada una tiene sus argumentos, y probar una no prueba la otra.
Después, pregunta de qué versión se trata. La de un número fijo de almas que renacen enseguida, como la de los drusos, choca con el crecimiento de la población; la que admite almas nuevas o renacimientos en otros seres, no tanto. Cómo responde cada religión viva se compara en la reencarnación en las religiones vivas.
Y mira de dónde salen los datos. Que los intervalos y los cambios de sexo coincidan con lo que cree cada cultura puede leerse como una pista a favor o como una señal de que la cultura moldea los relatos. Ninguna de las dos lecturas está demostrada. Tienes más en la sección de reencarnación y mente y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.