La reencarnación en las religiones vivas: en qué se parecen y en qué no

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

En una gran encuesta hecha en 35 países en 2024, la cifra típica de quienes creen que volveremos a nacer fue de una persona de cada tres. Pero la palabra reencarnación no significa lo mismo en un templo hindú, en un monasterio budista o en un centro espiritista. Estas son las diferencias entre las religiones que la enseñan hoy, y lo que dicen las cifras.

Hinduismo: un yo que no muere

En el hinduismo, lo que renace es el atman, el yo profundo, eterno e indestructible. Pasa de cuerpo en cuerpo, humano, animal o divino, empujado por el karma de sus actos, y el ciclo de nacimientos solo termina con la liberación, moksha.

Eso sí, las escuelas no se ponen de acuerdo en qué es esa liberación. Para el advaita vedanta consiste en descubrir que el atman y el brahman, el absoluto, son una sola cosa. Para las corrientes devocionales, como las que adoran a Krishna o a Shiva, es vivir junto a Dios sin perder la propia identidad.

Cómo nació la idea, de los Upanishads a la Bhagavad Gita, se cuenta en la reencarnación, una idea antigua.

Budismo: renacer sin un alma fija

El budismo acepta el renacimiento, pero niega el atman. Según su doctrina del no yo, ninguna alma permanente viaja de una vida a otra: lo que continúa es una corriente de conciencia y de tendencias que el karma va condicionando. Por eso muchos budistas prefieren decir renacimiento y no reencarnación. Lo que mantiene girando la rueda, según Buda, es el deseo, la sed de seguir existiendo, y apagarlo es el nirvana. Mientras tanto, se puede renacer en seis reinos: el de los dioses, el de los semidioses, el humano, el animal, el de los espíritus hambrientos y los infiernos.

La tradición cuenta que Buda recordó sus vidas anteriores la noche en que alcanzó el despertar. El budismo tibetano fue más lejos con los tulkus, maestros a los que se reconoce de niños como el renacimiento de un lama anterior. El más conocido es el dalái lama, y el actual, el decimocuarto, fue identificado en 1937, cuando tenía dos años.

Jainismo y sijismo

El jainismo, la religión de Mahavira, contemporáneo de Buda, tiene la versión más física del karma. Para los jainistas es una materia finísima que se pega al alma, el jiva, con cada acción, y la arrastra hacia uno de cuatro destinos: dioses, humanos, animales y plantas, o seres de los infiernos. Solo desde una vida humana se puede salir del ciclo. El alma liberada sube entonces a la cima del universo y ya no vuelve a encarnar.

El sijismo, nacido en el Punjab con el gurú Nanak a finales del siglo XV, conserva el ciclo, pero lo pone en manos de la gracia de Dios. Su libro sagrado, el Gurú Granth Sahib, habla de vagar por 84 lakh, 8,4 millones de formas de vida, antes de alcanzar la humana, que considera una ocasión rara para unirse a Dios a través del recuerdo de su Nombre. Hoy unos sijs leen esa cifra al pie de la letra y otros la entienden como una metáfora.

Drusos, cabalistas y espiritistas

Los drusos, una comunidad de Líbano, Siria e Israel, creen que al morir el alma pasa en el acto al cuerpo de un recién nacido. Siempre a un ser humano, del mismo sexo y dentro de la propia comunidad, y el número de almas no cambia nunca. Llaman nutq, «habla», a los recuerdos de otra vida que cuentan algunos niños. Uno de los casos más citados de Ian Stevenson, el de un niño druso del Líbano, está en el balance de las pruebas de la reencarnación.

En el judaísmo, la idea llegó tarde y nunca fue general. En el siglo X, el filósofo Saadia Gaón la rechazó por escrito; la cábala medieval la adoptó después con el nombre de gilgul, y sigue viva en los círculos cabalistas.

El espiritismo de Allan Kardec, muy extendido en Brasil, Cuba y Puerto Rico, la entiende como una escuela. El espíritu vuelve para progresar y nunca retrocede: El libro de los espíritus (1857) niega que un espíritu humano pueda renacer en un animal, y lo resume con una imagen, la del río que no vuelve a su fuente.

El cristianismo, el islam y el judaísmo mayoritario enseñan una sola vida. El Catecismo de la Iglesia católica lo dice sin rodeos: no hay reencarnación después de la muerte.

Cuánta gente cree hoy

La medición más amplia es la del Pew Research Center, que en 2024 preguntó en 35 países si la gente cree que «volveremos a nacer en este mundo una y otra vez». La mediana fue del 33 %. Las cifras más altas son las de Kenia (66 %) y Sri Lanka (62 %), y en la India, Nigeria y Tailandia cree el 48 %.

En América Latina, los porcentajes son altos: un 44 % en Chile, un 42 % en México, Argentina, Colombia y Perú, y un 33 % en Brasil. En Estados Unidos cree el 31 %, y en España, el 26 %. En la cola están Polonia y Suecia, con el 12 %, y Turquía, con el 9 %.

¿Te sorprende la cifra de tu país? Hay datos que sorprenden más. Ni siquiera entre los budistas de Sri Lanka lo cree todo el mundo, sino el 70 %. Y en diez países, entre ellos Argentina, los menores de 35 años creen más que los mayores de 50.

Qué preguntar a cada doctrina

Cuando leas o hables de reencarnación, estas tres preguntas ordenan casi cualquier doctrina:

  • Qué pasa de una vida a otra: un yo eterno, una corriente de conciencia sin yo o un espíritu que progresa.
  • Si se puede renacer como animal o solo como persona, y si se vuelve en el acto o tras un tiempo de espera.
  • Cuál es la meta: salir del ciclo, como buscan hindúes, budistas y jainistas, o seguir avanzando, como enseña el espiritismo.

Con esas respuestas delante se ve que la palabra reencarnación cubre ideas muy distintas, y que cada una merece respeto en sus propios términos. Para seguir, lee cómo se aplica la idea a las relaciones con asuntos pendientes de otras vidas. Tienes más en la sección de reencarnación y mente y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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