Yo Soy: la historia de dos palabras sagradas

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

«Yo soy» es una de las expresiones con más peso de la espiritualidad. En la Biblia es la respuesta de Dios a Moisés, en la India es lo primero que dice el Ser, y en la metafísica moderna da nombre a la presencia divina que, según esta corriente, vive en cada persona.

La zarza ardiente

Todo empieza en el capítulo 3 del Éxodo. Moisés, ante una zarza que arde sin consumirse, pregunta a Dios qué nombre debe dar a los israelitas. La respuesta, en hebreo ehyéh asher ehyéh, se ha traducido de varias maneras: «Yo soy el que soy», «Yo soy el que es» o «Seré el que seré», porque ese tiempo del verbo hebreo admite el presente y el futuro. La traducción griega de los Setenta eligió «Yo soy el que es», y la latina de san Jerónimo, Ego sum qui sum.

Muchos estudiosos relacionan las cuatro letras del nombre de Dios en la Biblia hebrea, YHWH, con ese mismo verbo «ser». Para el judaísmo, ese nombre es tan santo que no se pronuncia: en su lugar se dice Adonai, «mi Señor».

El Evangelio de Juan retoma la fórmula. Jesús dice «yo soy el pan de vida» (Juan 6, 35), «la luz del mundo» (8, 12) o «la resurrección y la vida» (11, 25), y en un momento de gran tensión, «antes que Abraham fuese, yo soy» (8, 58). Muchos comentaristas cristianos ven ahí un eco directo de la zarza.

El «yo soy» de los Upanishads

La India llegó a una idea parecida por otro camino. La Brihadaranyaka Upanishad, uno de los textos más antiguos de esa tradición, cuenta que al principio solo existía el Ser, y que lo primero que dijo fue aham asmi, «yo soy». Un poco más adelante aparece aham brahmasmi, «yo soy Brahman», una de las grandes sentencias del Vedanta, que expresa la unidad entre el alma individual y la realidad última. En muchas escuelas de yoga se medita con el mantra so'ham, «yo soy Eso», al ritmo de la respiración.

Se suele leer que todas las religiones llaman a Dios «Yo Soy». No es así: cada tradición tiene sus nombres, y conviene respetarlos tal como son.

La Actividad Yo Soy y Saint Germain

El sentido moderno de la expresión nace en Estados Unidos en los años treinta. Guy Ballard, que firmaba como Godfré Ray King, contó en Misterios develados (1934) que en 1930, en las laderas del monte Shasta, en California, había encontrado al maestro Saint Germain. Con su esposa, Edna, fundó la Actividad Yo Soy, y a mediados de esa década empezaron a publicarse los Discursos del Yo Soy, que el movimiento presenta como enseñanzas dictadas por ese maestro.

Saint Germain tiene detrás una figura histórica: un conde aventurero y alquimista que brilló en las cortes europeas del siglo XVIII y murió en 1784 en Eckernförde, hoy en el norte de Alemania. La teosofía lo convirtió después en uno de sus maestros, y el movimiento de Ballard en un maestro ascendido.

Según estas enseñanzas, sobre cada persona está su presencia Yo Soy, Dios individualizado, unida a ella por un cordón de luz. En el corazón arde la llama trina, con tres penachos: azul para la voluntad, dorado para la sabiduría y rosa para el amor. Se cree que es pequeña al principio y crece con el despertar espiritual, y que la envuelve una especie de cápsula hecha de errores humanos. Sus seguidores pronuncian en voz alta decretos que empiezan por «yo soy», invocan la llama violeta, asociada a Saint Germain, y piden respeto por toda forma de vida, de las plantas a los minerales.

En el mundo hispano, la venezolana Conny Méndez difundió estas enseñanzas en libros que todavía se reeditan. El movimiento también tuvo su capítulo jurídico: en 1944, un proceso contra sus dirigentes llegó al Tribunal Supremo de Estados Unidos, que estableció que un jurado no puede decidir si unas creencias religiosas son verdaderas o falsas.

Lo que significa para quien lo practica

Para estas corrientes, decir «yo soy» no es hablar del carácter, del cuerpo ni del ego, sino nombrar lo divino en uno mismo. Por eso insisten tanto en lo que se pone detrás. «Yo soy un desastre» y «yo soy paz» serían, en su lenguaje, dos decretos de signo contrario.

Eso sí, para el judaísmo, el cristianismo y el islam, Dios es distinto de sus criaturas, y muchos creyentes no aceptan esta lectura. Es una creencia de una corriente concreta, no una enseñanza común de las religiones.

Tu propio «yo soy»

Empieza por escuchar cuántas veces al día dices «soy» seguido de una etiqueta: «soy así», «soy un desastre con el dinero», «soy muy nervioso». Apúntalas durante unos días. Luego prueba a cambiar alguna por una frase en presente que te describa como te gustaría crecer, algo creíble: «estoy aprendiendo a organizarme», «soy capaz de pedir ayuda». No hace falta compartir todas las creencias de la Actividad Yo Soy para notar el efecto de hablarte con más cuidado.

Si te interesa el origen, lee el capítulo 3 del Éxodo y el capítulo 8 de Juan; se leen en un rato. ¿Y si quieres acercarte a un grupo? Hazlo con calma y sin dejar tu criterio, porque al fin y al cabo un camino espiritual sano respeta tu libertad, tus vínculos y tu bolsillo. Estas prácticas tampoco sustituyen a un médico ni a un psicólogo.

Para seguir, lee la nueva metafísica y la obra de Conny Méndez, el verdadero ser según el Evangelio o las palabras del maestro Kuthumi sobre la llama violeta. Hay más textos en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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