Pensar: qué es esa facultad, de Descartes a la voz que oyes por dentro
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
El diccionario de la Real Academia define pensar como formar o combinar ideas o juicios en la mente, y la palabra viene del latín pensare, que significaba pesar y calcular. Pensar es, en su origen, sopesar. Filósofos y psicólogos llevan siglos preguntándose qué ocurre cuando lo hacemos, y sus respuestas dicen mucho de cómo funciona nuestra cabeza.
Pienso, luego existo
En 1637 se publicó en Leiden, en los Países Bajos, el Discurso del método de René Descartes. Estaba escrito en francés, no en el latín de los sabios, y acompañaba a tres ensayos de ciencia sobre la luz, los meteoros y la geometría. En su cuarta parte aparece la frase más famosa de la filosofía moderna: je pense, donc je suis, pienso, luego existo. La versión latina, cogito, ergo sum, llegó por escrito en 1644, en sus Principios de la filosofía.
Descartes había decidido dudar de todo lo que pudiera ponerse en duda. Los sentidos engañan a veces. En sueños creemos estar despiertos. ¿Y si todo fuera un sueño? Aun así, quedaba algo imposible de negar: que él estaba dudando, y para dudar hay que existir. Pensar, para él, no era solo razonar. En las Meditaciones de 1641 lo describió como dudar, entender, afirmar, negar, querer, no querer, imaginar y sentir.
Rápido y despacio
Más de tres siglos después, la psicología se preguntó cómo pensamos de hecho, con nuestros atajos y nuestros errores. El psicólogo Daniel Kahneman, que recibió el premio Nobel de Economía en 2002, resumió décadas de experimentos en Pensar rápido, pensar despacio (2011). Tomó de Keith Stanovich y Richard West los nombres de dos maneras de pensar.
El sistema 1 es rápido, automático y casi sin esfuerzo: completa el refrán «a quien madruga…», resuelve dos más dos o nota el enfado en una cara. El sistema 2 es lento y trabajoso, el que usamos para una multiplicación difícil o para comparar dos hipotecas. Nos identificamos con el segundo, pero el que manda casi siempre es el primero.
Un problema muy citado lo muestra. Un bate y una pelota cuestan juntos 1,10 dólares, y el bate cuesta un dólar más que la pelota. La respuesta que salta sola es 10 centavos, y es falsa: entonces el bate costaría 1,10 y el total, 1,20. La pelota cuesta 5 centavos. Según Kahneman, más de la mitad de los estudiantes de Harvard, Princeton y el Instituto Tecnológico de Massachusetts dieron la respuesta intuitiva. No les faltaba inteligencia. No comprobaron.
La voz de dentro
Mucha gente siente que piensa con palabras, como si alguien hablara por dentro. El psicólogo ruso Lev Vygotski estudió de dónde sale esa voz. Observó que los niños pequeños hablan solos en voz alta mientras dibujan o resuelven algo, y que lo hacen más cuando encuentran un obstáculo. Jean Piaget creía que esa habla desaparecía hacia los siete u ocho años. Vygotski sostuvo que no desaparece, sino que se vuelve interior, más abreviada, sin sujeto, porque quien habla y quien escucha son la misma persona. Lo expuso en Pensamiento y lenguaje, publicado en 1934, el año de su muerte.
La verdad es que no todo el mundo piensa igual. El psicólogo Russell Hurlburt, de la Universidad de Nevada en Las Vegas, ha pasado décadas preguntando a voluntarios qué tenían en la cabeza justo en el momento en que sonaba un pitido al azar. En un estudio de 2008 con Christopher Heavey, treinta estudiantes describieron diez momentos cada uno. Aparecieron cinco fenómenos frecuentes: hablar por dentro, ver imágenes, sentir, fijarse en una sensación y un pensamiento sin palabras ni imágenes, que Hurlburt llama no simbolizado. Cada uno surgía más o menos en una cuarta parte de los momentos, con enormes diferencias entre personas: hay quien se habla a menudo y quien apenas lo hace.
Pensar sobre lo que piensas
En 1979, el psicólogo estadounidense John Flavell publicó en la revista American Psychologist un artículo que dio nombre a la metacognición: lo que sabemos sobre nuestra propia manera de pensar y cómo la vigilamos. Partía de un experimento sencillo. Se pedía a niños de preescolar y de primaria que estudiaran unos objetos hasta estar seguros de poder recordarlos todos. Los más pequeños decían enseguida que ya estaban listos, y por lo general no lo estaban.
Esa capacidad de notar que no lo sabes tan bien como crees se desarrolla con los años y se puede entrenar. Es la que falló con el bate y la pelota.
Un rato para observar cómo piensas
Prueba durante tres días una versión casera, mucho más modesta, del método de Hurlburt. Programa cinco alarmas a horas que no conozcas de antemano y, cuando suene cada una, anota en una línea qué había en tu cabeza en ese instante: palabras, una imagen, una sensación, una emoción o algo que no sabrías describir. Al final tendrás un pequeño retrato de tu manera de pensar, que quizá no se parezca a lo que imaginabas.
Para las decisiones que importan, dale trabajo al sistema 2. Escribe la primera respuesta que se te ocurra y luego compruébala, como la pelota de 5 centavos, o pide a alguien que busque el fallo. Eso sí, no hace falta desconfiar de cada intuición: en lo cotidiano, el sistema 1 suele dar en el clavo, y por eso lo usamos.
Pensar no fabrica la realidad ni la riqueza. La física cuántica no dice que el observador cree el mundo con sus deseos, como se explica en qué es y qué no es la metafísica cuántica, y la promesa de hacerse rico con el pensamiento tiene su historia en la prosperidad y la ley de la atracción. Para mirar tus pensamientos sin pelearte con ellos, lee el camino a la paz de la mente. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.