Sonríe, la vida está de tu lado: el optimismo y la sonrisa según la psicología
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
La idea de que la vida está de nuestro lado tiene una versión espiritual, la del alma que elige sus aprendizajes, y otra que la psicología lleva cuarenta años midiendo: el optimismo. Aquí tienes lo que se sabe de él, y de una pregunta más pequeña y muy discutida, la de si sonreír basta para cambiar el ánimo.
Esperar que las cosas salgan bien
En 1985, los psicólogos estadounidenses Michael Scheier y Charles Carver publicaron en la revista Health Psychology un artículo que dio nombre al optimismo disposicional: la tendencia general a esperar que las cosas salgan bien. Para medirlo diseñaron un cuestionario breve, el Life Orientation Test (algo así como test de orientación ante la vida), con ocho frases y otras de relleno que despistan sobre lo que se mide.
Lo probaron con estudiantes universitarios. Los más optimistas declararon menos aumento de molestias físicas, como mareos, cansancio o dolores musculares, que los más pesimistas. Desde entonces el cuestionario se ha usado en miles de estudios.
Conviene leerlos con calma. Son correlaciones: el optimismo explica una parte pequeña de las diferencias entre unas personas y otras, y la relación puede ir también en sentido contrario, porque encontrarse bien ayuda a ver el futuro con mejores ojos.
Cómo te explicas lo que te pasa
Martin Seligman llegó al tema por el camino opuesto. En los años sesenta estudió la indefensión aprendida: lo que ocurre cuando un animal, o una persona, aprende que haga lo que haga no controla lo que le pasa, y deja de intentarlo. Años después se preguntó por qué unas personas caen en esa resignación y otras no.
Su respuesta fue el estilo explicativo, la manera habitual de explicarnos los golpes. El pesimista los ve como algo que durará siempre, que lo contamina todo y que es culpa suya. El optimista, como algo pasajero, limitado a un terreno y con causas que no dependen solo de él. Seligman lo contó en Learned Optimism (1990), donde defendía que ese estilo es un hábito de pensamiento y que se puede cambiar con práctica. Es el mismo psicólogo que después impulsó la psicología positiva.
Echarle la culpa de todo al mundo tampoco es optimismo, claro. Se trata de ver qué parte depende de ti y cuál no.
Un sesgo que casi todos compartimos
La neurocientífica Tali Sharot, del University College de Londres, ha estudiado el lado menos amable del asunto: el sesgo optimista. Solemos calcular por lo bajo las probabilidades de divorciarnos o de arruinarnos, y por lo alto los años que vamos a vivir. Sharot calcula que esa tendencia aparece en cerca del 80 % de la población.
En 2011 publicó con Christoph Korn y Raymond Dolan, en Nature Neuroscience, un experimento con 19 voluntarios. Dentro de un escáner, estimaban su riesgo de pasar por 80 situaciones desagradables, desde un cáncer hasta perder un vuelo o los datos del ordenador, y luego recibían la cifra media real. Cuando la noticia era mejor de lo que esperaban, corregían su cálculo sin problema: alguien que se daba un 40 % de riesgo de cáncer y supo que la media era del 30 % bajó al 31 %. Cuando era peor, apenas lo tocaban. Y no era cosa de memoria: recordaban igual de bien las dos noticias.
Ese sesgo da ánimo para emprender cosas. También puede llevar a quitarle importancia a un riesgo, y por eso conviene conocerlo.
La sonrisa que cambia el humor, o no tanto
¿Sonreír te pone de mejor humor? En 1988, el psicólogo alemán Fritz Strack y sus colegas pidieron a unos voluntarios que sostuvieran un lápiz con los dientes, lo que obliga a poner algo parecido a una sonrisa, o con los labios, lo que la impide. Los primeros encontraron más graciosas unas viñetas cómicas. El experimento se hizo famoso en los manuales.
En 2016, diecisiete laboratorios lo repitieron con el mismo protocolo, registrado de antemano, y con 1.894 participantes. No encontraron ningún efecto: la diferencia, de casi un punto sobre diez en el estudio original, se quedó en tres centésimas.
La historia no acabó ahí. En 2022, la colaboración Many Smiles, un equipo que reunió a defensores y escépticos, probó varias formas de sonreír con 3.878 personas de 19 países. Imitar la sonrisa de una foto o ponerla a propósito aumentó un poco la sensación de felicidad; el lápiz, en cambio, no dio resultados claros. El primer firmante, el psicólogo Nicholas Coles, advirtió que el efecto es pequeño y que no basta para vencer una depresión.
Optimismo con los ojos abiertos
Lo que deja todo esto es más modesto que un lema, pero más útil. Cuando algo te salga mal, escucha cómo te lo explicas: si lo das por permanente, si lo extiendes a toda tu vida o si te lo cargas entero. Buscar una explicación más ajustada a los hechos es justo lo que proponía Seligman. Y si sonreír frente al espejo te anima un poco, adelante, siempre que no se convierta en una obligación de estar bien.
Dicho esto, el optimismo no sustituye a las revisiones médicas, al ahorro ni al cinturón de seguridad. Tampoco a la ayuda profesional: si la tristeza dura semanas o te quita las ganas de todo, habla con tu médico o con un psicólogo, porque no es falta de actitud.
Para seguir, lee qué se sabe de la risa curativa, qué límites ha encontrado la investigación en los beneficios de la metafísica y cómo se practica cultivar el pensamiento opuesto. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.