Los beneficios de la risa: tradiciones, estudios y límites de la llamada risa curativa

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Reír sienta bien, y casi nadie lo discute. Otra cosa es llamar a la risa medicina, así que conviene decirlo desde el principio: la risa no sustituye ningún tratamiento médico. Lo que sí tiene es una larga historia como práctica de bienestar y un puñado de estudios serios, con resultados más modestos de lo que se suele contar.

El Buda que ríe

En muchas casas y restaurantes hay una figura de un monje gordo y sonriente con un saco al hombro. No es el Buda histórico, aunque en Occidente se los confunde a menudo. Es Budai, un monje chan chino del siglo X llamado Qieci, cuyo apodo significa «saco de tela». Una nota del año 917 lo identificaba ya con Maitreya, el Buda del futuro. En China se le llama el Buda que ríe, y en Japón es Hotei, uno de los siete dioses de la buena fortuna. Su figura se usa también en el feng shui de la riqueza.

En la figura de Budai, la risa no es una técnica. Es el gesto de alguien que va ligero por la vida.

Norman Cousins: una historia, no un ensayo

En 1964, el periodista estadounidense Norman Cousins, director de la revista Saturday Review, recibió el diagnóstico de una enfermedad del tejido conjuntivo, que en la clínica identificaron como espondilitis anquilosante. De acuerdo con su médico, combinó dosis altas de vitamina C por vía intravenosa con sesiones de risa: programas de cámara oculta y películas cómicas. Contó que diez minutos de carcajadas le daban unas dos horas de sueño sin dolor. Lo publicó en 1976 en The New England Journal of Medicine; en 1978 entró como profesor en la Universidad de California en Los Ángeles, y al año siguiente lo contó en el libro Anatomía de una enfermedad.

Su historia animó a muchos pacientes a implicarse en su tratamiento. Pero es el relato de una sola persona. En 1980, en la revista Commentary, Florence Ruderman sugirió que su mejoría podía deberse a que una crisis de la enfermedad remitió por sí sola. Nadie puede saber qué parte se debió a la risa.

Reír sin motivo: el yoga de la risa

En marzo de 1995, el médico de familia Madan Kataria, su esposa, Madhuri, y tres amigos fundaron en un parque de Bombay el primer club de la risa. Al principio se contaban chistes, pero se les acabaron pronto, y Kataria pasó a ejercicios de risa sin motivo, combinados con respiraciones del yoga. La idea es que, en grupo, la risa fingida se contagia y acaba siendo real. El movimiento dice tener clubes en más de cien países, y celebra el Día Mundial de la Risa el primer domingo de mayo.

¿Sirve de algo? Un metaanálisis de 2019 concluyó que las terapias que provocan la risa pueden mejorar los síntomas de depresión, y que la risa simulada parecía funcionar mejor que la provocada por el humor, aunque los estudios eran de calidad baja. Una revisión de 2018 sobre el yoga de la risa en grupo encontró mejoras a corto plazo, sin pruebas de que superara a otras actividades en grupo.

Narices rojas en el hospital

En 1986, Michael Christensen, cofundador del Big Apple Circus de Nueva York, creó un programa de payasos profesionales preparados para trabajar en hospitales infantiles, los llamados doctores payaso. La idea se extendió por todo el mundo, y en Europa surgieron las primeras organizaciones a principios de los años noventa.

En 2019, una revisión de once ensayos con 733 niños concluyó que los payasos parecen reducir la ansiedad antes de una operación o de una prueba médica. Los propios autores piden prudencia, porque el riesgo de sesgo era alto y la certeza de las pruebas, muy baja. Los payasos trabajan con los equipos sanitarios, nunca en su lugar.

Qué pasa en el cuerpo cuando reímos

El psicólogo y neurocientífico Robert Provine, que estudió la risa durante décadas, comprobó con los diarios de sus alumnos que reímos unas treinta veces más en compañía que a solas. También observó que solo entre el 10 y el 20 % de las risas siguen a algo parecido a un chiste.

En 2011, el equipo de Robin Dunbar, en la Universidad de Oxford, publicó seis experimentos. Quienes se reían viendo comedias, en el laboratorio o en un teatro, toleraban mejor el dolor que quienes veían vídeos sin gracia, y el efecto venía de la risa misma, no solo del buen humor. En 2017, un equipo finlandés en el que participaba Dunbar estudió con tomografía por emisión de positrones a 12 hombres después de media hora riéndose con amigos. Su cerebro liberaba opioides propios, las sustancias que el cuerpo usa contra el dolor y que intervienen en los vínculos sociales.

Son estudios pequeños y de efectos breves. Ninguno muestra que la risa cure una enfermedad ni que evite infartos, como se lee a veces. Eso sí, encajan con lo que casi todos sabemos por experiencia: reír con otros une y alivia.

Reír en compañía, sin pedirle más de la cuenta

  • Busca la risa compartida: una comedia vista en grupo o una cena con alguien que te hace reír.
  • Si te apetece, prueba una sesión de yoga de la risa; si tienes una enfermedad del corazón o una hernia, o te han operado hace poco, pregunta antes a tu médico.
  • No fuerces la risa cuando estás triste ni te rías de nadie: el humor que humilla hace daño.
  • Si un dolor o una tristeza duran semanas, la risa puede acompañar, pero el tratamiento lo decide tu médico.

Para seguir, mira qué dice la investigación sobre el taichí y otras meditaciones en movimiento y qué límites ha encontrado el pensamiento positivo. Hay más en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica