Tranquilo, todo está en orden: lo que la psicología sabe del estrés y la aceptación

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Mucha gente busca en la espiritualidad una idea que calma: que la vida tiene un orden aunque hoy no se vea. La psicología ha llegado a algo parecido por otro camino, estudiando el estrés, la manera en que lo valoramos y lo que ocurre cuando dejamos de pelear con lo que no depende de nosotros.

Ratas, frío y una carta de 1936

En julio de 1936, el médico Hans Selye, que trabajaba en la Universidad McGill de Montreal, publicó en la revista Nature una carta de setenta y cuatro líneas. Había sometido a ratas de laboratorio a agresiones muy distintas: frío, heridas, ejercicio excesivo o pequeñas dosis de varias sustancias tóxicas. El resultado le sorprendió.

Fuera cual fuera la agresión, el cuerpo respondía con el mismo cuadro: las glándulas suprarrenales crecían, el timo se encogía y aparecían úlceras en el estómago y el intestino. Selye lo llamó síndrome general de adaptación y describió en él tres fases: una reacción de alarma, una etapa de resistencia en la que el organismo se adapta y, si la presión no cede, el agotamiento.

En aquella carta ni siquiera aparecía la palabra estrés. Llegó más tarde, y con ella la fama del concepto.

No es solo lo que pasa, es cómo lo valoras

Medio siglo después, el psicólogo Richard Lazarus y la investigadora Susan Folkman dieron la vuelta a la pregunta. En Stress, Appraisal, and Coping (1984) definieron el estrés como una relación entre la persona y su entorno: aparece cuando alguien juzga que lo que le pide una situación pone a prueba o supera sus recursos y amenaza su bienestar. Lo decisivo es ese juicio, que llamaron valoración.

Distinguían dos momentos. En la valoración primaria nos preguntamos si lo que pasa nos afecta y cómo: si es una amenaza, un reto o una pérdida. En la secundaria, qué podemos hacer al respecto. ¿Por qué un mismo examen le quita el sueño a un estudiante y anima a su compañero? Porque cada uno lo valora de una forma distinta.

También describieron dos maneras de afrontar las cosas. Una actúa sobre el problema: buscar información, hacer un plan, pedir ayuda. La otra actúa sobre la emoción: calmarse, mirar la situación desde otro ángulo, apoyarse en alguien. Cuando creemos que algo se puede cambiar, tiramos más de la primera; cuando no, de la segunda.

La oración de la serenidad

Esa frontera entre lo que se puede cambiar y lo que no es el tema de una plegaria muy breve y muy conocida, construida sobre tres palabras: serenidad, valor y sabiduría.

Se atribuye al teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr, que la usaba a principios de los años treinta, aunque su historia tiene vueltas. La primera versión impresa completa que se conoce salió en marzo de 1933 en un artículo de Winnifred Wygal, una responsable de la asociación cristiana de mujeres jóvenes (la YWCA). En 2008, el bibliotecario de Yale Fred Shapiro puso en duda la autoría de Niebuhr. En 2014 cambió de opinión al conocer una anotación del diario de Wygal, del 31 de octubre de 1932, que recoge una frase con la serenidad y el valor atribuida a «R. N.». La verdad es que la discusión no se ha cerrado del todo.

Alcohólicos Anónimos la adoptó a principios de los años cuarenta, después de que uno de sus miembros la encontrara en un periódico de Nueva York, y desde entonces se reza en sus reuniones de todo el mundo. La idea de fondo es mucho más antigua: el estoico Epicteto ya empezaba su Manual separando lo que depende de nosotros de lo que no, como se cuenta en qué es el destino.

Aceptar no es rendirse

La aceptación ha entrado de lleno en las terapias psicológicas de las últimas décadas. La terapia de aceptación y compromiso, que el psicólogo Steven Hayes y sus colegas presentaron en un libro de 1999, propone dejar de luchar contra los pensamientos y las emociones molestas, hacerles sitio y dedicar la energía a lo que uno valora. La terapia dialéctica conductual de Marsha Linehan, cuyo manual se publicó en 1993, enseña lo que ella llamó aceptación radical: dejar de pelear con la realidad tal como es, que no es lo mismo que darla por buena.

Ninguna de las dos pide resignarse. Aceptar que el tren se ha ido permite buscar el siguiente; seguir discutiendo con el andén solo hace que también se escape ese.

Las tradiciones espirituales llegan a algo parecido por su cuenta: en la astrología, según la tradición, la carta natal dibuja el cauce por el que corre una vida, y hay quien encuentra calma en esa imagen de un río que sigue su curso.

Tres gestos para un día revuelto

  • Cuando algo te altere, hazte las dos preguntas de Lazarus y Folkman: si de verdad te afecta y qué puedes hacer. A veces la segunda respuesta es «nada por ahora», y también vale.
  • Elige una sola cosa que dependa de ti y hazla hoy, aunque sea pequeña: una llamada, un correo, despejar la mesa.
  • Lo que no está en tu mano, nómbralo sin pelear («esto me molesta y ahora no puedo cambiarlo») y respira despacio un par de minutos antes de volver a lo tuyo.

Eso sí, el estrés que no se va tiene tratamiento. Si llevas semanas durmiendo mal, con el corazón acelerado, sin ganas de nada o con crisis de ansiedad, habla con tu médico o con un psicólogo: no es falta de fe ni de actitud, y se puede tratar.

Si te apetece probar a meditar, mira cómo elegir una técnica de meditación, y para la atención plena y su lugar en la terapia, el camino a la paz de la mente. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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