Normas básicas de la magia: los elementos, los reinos y las velas

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Según una enseñanza muy repetida en la magia práctica, en todo ritual bien hecho están presentes los cuatro elementos y los tres reinos de la naturaleza. Son siete ayudantes, y casi siempre ya están sobre la mesa sin que te des cuenta. Esta norma explica cómo reconocerlos, cómo escribir el pedido y cómo encender las velas.

Siete ayudantes y una pregunta

La escuela de la que procede esta norma pide hacerse una pregunta antes de cada paso de un ritual: ¿por qué? Si no hay respuesta, ese paso no se da. No valen el «me lo dijeron» ni el «a una amiga le salió bien». Hay que entender lo que se hace.

De ese razonamiento sale la lista. Para que un trabajo cuente con toda la ayuda posible, junto a los espíritus de quienes vivieron alguna vez se busca la de los espíritus de los elementos (aire, tierra, fuego y agua) y la de los tres reinos (animal, vegetal y mineral). Siete en total.

La buena noticia es que no hace falta comprar nada especial. Basta con mirar lo que ya hay en la mesa, y si falta alguno, añadir un objeto pequeño aunque el ritual no lo mencione.

Aire, tierra, fuego y agua

Cada elemento tiene su tarea en esta tradición.

El aire lleva el pedido a su destino. Está en la habitación que respiras y, de forma más visible, en el humo que sube del incienso o de una resina puesta sobre el carbón.

La tierra sostiene lo material: los pedidos de prosperidad y de protección. Ya está presente en la mesa de madera, en las hierbas o en el aceite de oliva con que se untan las velas. Si no te convence, coloca un platito de cristal con un puñado de tierra.

El fuego da fuerza al trabajo. Lo aportan la llama de la vela, el fósforo y el carbón encendido, y también las plantas que la tradición asocia con el Sol, como el girasol.

El agua da vida al ritual. Basta un vaso de agua fresca junto a las velas.

Los nombres de los espíritus de cada elemento (sílfides, gnomos, salamandras y ondinas) vienen del médico suizo Paracelso, en el siglo XVI; los encontrarás en el texto sobre el conocimiento y el dominio de los cuatro elementos.

Animal, vegetal y mineral

La división de la naturaleza en tres reinos es antigua, y el naturalista sueco Carlos Linneo la consagró en 1735 en su Systema Naturae. En el ritual, cada reino aporta lo suyo.

Del reino animal son la miel, la cera de abeja y el sebo. Del vegetal, las hierbas, las flores, las resinas y los aceites de plantas; si el ritual no lleva ninguno, se pone un florero pequeño con una flor natural. Del mineral, la sal, el azufre, las piedras y el agua mineral, y si nada de eso aparece, una piedra pequeña como un ágata.

Un detalle que algunas versiones de esta enseñanza confunden: la parafina y la vaselina salen del petróleo, así que pertenecen al reino mineral, no al animal. La mayoría de las velas que se venden hoy son de parafina; las de sebo, en cambio, sí son de origen animal.

El pedido, por escrito

Muchos rituales piden que, aparte de decir el pedido en voz alta, lo escribas. La explicación que dan algunos maestros es curiosa: no todos los espíritus oyen, pero los que saben leer lo leerán. Hay otra razón más terrenal. Escribir obliga a concretar, y un deseo concreto se entiende mejor que uno vago.

El pedido se redacta como una carta breve. Pocas palabras, letra clara, en primera persona y sobre tu propia vida, con datos verdaderos: tu nombre, lo que deseas y para cuándo. Si dudas de una frase, quítala.

Antes de empezar, decide qué harás con el papel al terminar. Las opciones de la tradición son varias: quemarlo en la llama de la vela y esparcir la ceniza, enterrarlo, entregarlo con una ofrenda o colocarlo al lado de la figura del santo o del espíritu al que pides y quemarlo, en señal de gratitud, cuando el deseo se haya cumplido. Lo único que se desaconseja es dejarlo en casa sin destino.

Cómo se enciende una vela

Para esta escuela, una vela atrae a los espíritus hacia el lugar donde arde, así que no se enciende sin saber para qué.

Antes de prenderla se limpia. Lo más habitual es untarla con unas gotas de aceite, aunque también se hace con pases de las manos, y cada escuela tiene su sentido para el recorrido del aceite. Solo en algunos rituales concretos la vela se usa tal como viene de la tienda.

Para encenderla se usa un fósforo de madera (o uno de cera), nunca un mechero. La razón tradicional es que la magia prefiere lo natural. La cabeza del fósforo lleva azufre y otras sustancias, eso sí, pero esta escuela lo considera más cercano a la naturaleza que el encendedor, al que tiene por artificial.

¿Y el color? Para quien empieza, ayuda a centrarse en lo que pide. Los practicantes con más experiencia le dan menos importancia, porque muchas velas son blancas por dentro y solo están teñidas por fuera. Lo que se asocia a cada color lo cuenta el artículo sobre los colores de las velas y su significado.

Seis pasos para preparar la mesa

  1. Lee el ritual completo y anota qué elementos y qué reinos aparecen ya en él.
  2. Completa los que falten con algo pequeño: un vaso de agua, un platito de tierra, una flor o una piedra.
  3. Escribe el pedido en pocas líneas y decide antes qué harás con el papel.
  4. Limpia cada vela con unas gotas de aceite o con las manos, según tu escuela.
  5. Enciende las velas con un fósforo de madera, en el orden que marque el ritual.
  6. Al terminar, da destino al pedido y no dejes ninguna llama sin vigilancia.

Ninguna de estas normas asegura un resultado; ordenan el trabajo y lo hacen más consciente. Si quieres repasar las anteriores, mira cómo llevar un ritual de principio a fin. Hay más textos en la sección de magia blanca y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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