El gran aliento de vida: el Padrenuestro meditado en los siete centros

Redacción Leotarot.com · Publicado el 5 de octubre de 2026

Algunos grupos de metafísica cristiana meditan el Padrenuestro de una forma particular: dicen cada petición despacio y la llevan a uno de los siete centros de energía del cuerpo, de la coronilla a la base de la columna. Se puede hacer en casa, en unos diez minutos, sin pertenecer a ningún grupo.

Por qué «aliento de vida»

El nombre viene del Génesis. En el relato de la creación, Dios modela al ser humano con polvo de la tierra y le sopla en la nariz «aliento de vida» (Génesis 2, 7).

Muchas lenguas unen respirar y espíritu. En hebreo, rúaj significa a la vez viento, aliento y espíritu. En latín, spiritus viene de spirare, que es respirar.

Por eso esta meditación junta oración y respiración. Cada petición se dice al ritmo del aire que entra y sale, sin prisa, como si la oración se respirara.

Siete peticiones, una cuenta antigua

El Padrenuestro aparece en dos evangelios. La versión de Mateo, en el capítulo 6, forma parte del Sermón de la Montaña y es la que se reza en las iglesias. La de Lucas, en el capítulo 11, es más breve.

Desde muy pronto se contó que la oración tiene siete peticiones. San Agustín, en su comentario al Sermón de la Montaña, ya las ponía en relación con las bienaventuranzas y con los siete dones del Espíritu Santo. La catequesis católica las divide en dos grupos: las tres primeras miran a Dios y las cuatro últimas, a las necesidades de quien reza.

La lectura esotérica llegó mucho después. En 1907, Rudolf Steiner dio en Berlín una conferencia en la que relacionaba cada petición con una parte de la constitución humana. Más tarde, algunos grupos de metafísica cristiana las asociaron a los siete chakras.

Los siete centros

Chakra es una palabra sánscrita que significa «rueda». El sistema de siete centros que se usa hoy en Occidente se difundió sobre todo a partir de 1919, cuando John Woodroffe publicó El poder serpentino, traducción comentada de un texto tántrico del siglo XVI. Los colores del arcoíris que suelen acompañarlos, del rojo al violeta, se añadieron más tarde.

Son estos, de abajo arriba: la base de la columna, el sacro (bajo el ombligo), el plexo solar, el corazón, la garganta, el entrecejo y la coronilla.

La escuela que difundió esta meditación les añadió una lectura cristiana. Situaba al Padre en la cabeza, al Hijo en el corazón y al Espíritu Santo en la base de la columna. En el plexo solar veía el lugar donde la duda y la certeza se disputan a la persona, y a esa pugna le ponía la figura del arcángel Miguel.

Un recorrido de arriba abajo

Los grupos que practican esta meditación no siempre reparten igual las peticiones. La forma más sencilla, coherente con la idea de bajar desde la cabeza, sigue el orden de la propia oración:

  1. Coronilla. La invocación al Padre y el deseo de que su nombre sea santificado: reconocer lo sagrado.
  2. Entrecejo. La llegada del Reino. Para esta escuela, ese reino es interior y se alcanza con trabajo propio; nadie lo regala.
  3. Garganta. Que se cumpla la voluntad de Dios «en la tierra como en el cielo»: aceptar y expresar.
  4. Corazón. El pan de cada día, entendido también como alimento del espíritu.
  5. Plexo solar. El perdón de las ofensas, que se pide a la vez que se perdona a los demás. Justo después de la oración, el evangelio vuelve sobre esa idea (Mateo 6, 14).
  6. Sacro. No caer en la tentación: pedir firmeza ante los impulsos.
  7. Base de la columna. Ser librado del mal, la petición de amparo con la que termina.

La actitud importa tanto como el orden. ¿Cómo dirigirse a Dios, entonces? Esta enseñanza pide hacerlo con la confianza de un hijo que habla con su padre, y no con el temor de un siervo ante su amo.

Diez minutos con el Padrenuestro

  1. Busca un lugar tranquilo y siéntate con la espalda recta. Si te ayuda, enciende una vela blanca, y apágala al terminar.
  2. Respira despacio unas cuantas veces, hasta que el aliento se vuelva regular.
  3. Lleva la atención a la coronilla y di en voz baja la primera petición. Quédate ahí dos o tres respiraciones.
  4. Baja al centro siguiente con la petición siguiente, y así hasta la base de la columna.
  5. Termina en silencio, con las manos sobre el pecho, y da las gracias.

Al fin y al cabo, es una práctica de oración y de calma, compatible con la fe de cada uno. No es un tratamiento ni sustituye a un médico. Si quieres saber más, lee qué son los chakras y dónde están los siete principales y cómo meditar paso a paso. Este texto forma parte de la sección de metafísica, y tienes más lecturas en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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