El silencio: lo que sabemos del ruido, de las pausas y de quienes lo buscaron
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Hablamos, ponemos música, dejamos la televisión de fondo: el silencio de verdad escasea. Una cosa es callarse mientras miramos una pantalla y otra elegir el silencio para escucharlo, y esa segunda es la que han buscado monjes y artistas y la que la ciencia ha empezado a medir. Esto es lo que se sabe del ruido, de las pausas y de un silencio que, como descubrió un compositor en 1951, nunca es absoluto.
El precio del ruido
En 2011, la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud calculó que el ruido del tráfico se lleva cada año más de un millón de años de vida sana en los países del oeste de Europa. Entre los factores ambientales, solo la contaminación del aire pesaba más. Según aquel informe, en Europa una de cada tres personas sufre molestias por el ruido durante el día y una de cada cinco duerme mal por su culpa, y el ruido se relaciona con la tensión alta y con las enfermedades del corazón.
En 2018, la misma oficina publicó sus guías sobre ruido ambiental. Para el tráfico rodado recomienda que el nivel medio del día completo quede por debajo de 53 decibelios, y el de la noche, por debajo de 45.
Las pausas entre las músicas
En 2006, el investigador italiano Luciano Bernardi, de la Universidad de Pavía, publicó con Cesare Porta y Peter Sleight en la revista Heart un estudio con 24 personas, la mitad de ellas músicos. Les pusieron seis fragmentos de estilos muy distintos, de la música clásica lenta y rápida al rap, el techno o un raga indio, e intercalaron al azar una pausa de dos minutos.
La música rápida activaba; la lenta calmaba. Pero el momento más relajado fue el silencio. Durante la pausa bajaron el pulso, la tensión arterial y la respiración, incluso por debajo de como estaban antes de empezar.
Bernardi ya había estudiado en 2001 cómo el rosario y los mantras ralentizan la respiración, como se cuenta en la respiración mántrica.
Dos horas de silencio para un ratón
La investigadora Imke Kirste y sus colegas del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas, en Dresde, publicaron en la revista Brain Structure and Function un experimento con ratones. Durante varios días los metían dos horas diarias en una caja aislada del sonido, con distintas condiciones: el ruido normal del animalario, ruido blanco, llamadas de crías, una sonata de Mozart o silencio.
Todas, salvo el ruido blanco, aumentaron al principio la multiplicación de las células precursoras del hipocampo, una zona del cerebro ligada a la memoria. A la semana, solo en los ratones del silencio había más neuronas nuevas.
Los autores fueron prudentes. El silencio total es raro en la naturaleza y quizá los ratones lo vivían como una señal de alerta, el efecto era pequeño y se trataba de ratones, no de personas. El artículo apareció en internet a finales de 2013, aunque el número impreso de la revista es de 2015, y por eso se cita con los dos años.
Monjes y un compositor
El silencio buscado es mucho más antiguo que estos estudios. La regla que escribió san Benito de Nursia en el siglo VI dedica su capítulo 6 a la moderación al hablar: incluso las palabras buenas deben decirse pocas veces, porque, como dice un proverbio bíblico, en las muchas palabras no falta pecado. El capítulo 42 pide a los monjes que procuren el silencio en todo momento, y sobre todo de noche, y que nadie hable después de completas, la última oración del día.
En 1951, el compositor estadounidense John Cage entró en la cámara anecoica de la Universidad de Harvard, una sala construida para que no haya eco ni llegue ruido de fuera. Esperaba el silencio y oyó dos sonidos, uno agudo y otro grave. El ingeniero le explicó que eran su sistema nervioso y su circulación. Cage sacó una conclusión: mientras haya alguien vivo, habrá sonido.
Al año siguiente nació 4'33''. El 29 de agosto de 1952, en el Maverick Concert Hall de Woodstock, en el estado de Nueva York, el pianista David Tudor se sentó al piano y no tocó ni una nota durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. Cerraba la tapa del teclado al empezar cada uno de los tres movimientos y la abría brevemente al terminarlo. La obra era lo que sonaba en la sala mientras tanto.
Un rato de silencio cada día
¿Cuándo fue la última vez que no sonaba nada a tu alrededor? Si no lo recuerdas, estos cuatro pasos sirven para empezar.
- Busca tu hora callada. Diez minutos al día sin pantallas, sin música y sin conversación, siempre a la misma hora; al despertar o antes de dormir suele ser más fácil.
- Escucha lo que queda. Cuando lo apagues todo, presta atención a los sonidos que siguen (la nevera, la calle, tu respiración) sin juzgarlos, como hizo Cage en su cámara.
- Deja pausas en tu música. Si la escuchas para relajarte, intercala un par de minutos de silencio entre una pieza y otra.
- Protege tu descanso del ruido. Si duermes mal por el ruido, prueba con tapones o cambia el dormitorio de sitio, y si notas pitidos en los oídos o te cuesta oír, consulta a tu médico.
El silencio no cura nada ni sustituye a ningún tratamiento. Eso sí, si callar te angustia, o el ruido de tu propia cabeza no te deja en paz cuando todo lo demás calla, coméntalo con tu médico o con un psicólogo. Para seguir, prueba alguna de las técnicas de meditación o lee cómo se practica el zazen de Dōgen. Hay más en la sección de metafísica y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.