Oración y meditación en la metafísica: hablar, afirmar y callar

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Los grupos metafísicos lo resumen en una frase: al orar se habla con Dios y al meditar se le escucha. Su manera de orar se llama oración afirmativa y se apoya en decretos y afirmaciones; su manera de meditar empieza por el silencio. Así funciona cada una y así puede convivir con la fe de cada cual.

Hablar y escuchar

Cada religión tiene sus oraciones, y las escuelas metafísicas no piden a nadie que las abandone. Proponen sumar las suyas a las de siempre. Muchas se dirigen a un Dios al que llaman Padre-Madre, o simplemente la Presencia, para no encerrarlo en una sola imagen.

La diferencia está en el tono. La oración tradicional suele pedir: salud para un enfermo, trabajo, consuelo en una pérdida. La metafísica prefiere afirmar que el bien ya está presente y dar gracias por él. Esa postura viene del Nuevo Pensamiento, el movimiento nacido en Estados Unidos en el siglo XIX del que salieron, entre otras, Unity y la Ciencia Religiosa.

La oración afirmativa

Ernest Holmes, fundador de la Ciencia Religiosa, publicó en 1926 The Science of Mind (La ciencia de la mente). Sus centros enseñan todavía un tratamiento mental espiritual en cinco pasos: reconocer que Dios lo es todo, sentirse uno con esa presencia, afirmar el bien que se desea, dar gracias y soltar, es decir, dejar el asunto en manos de Dios sin seguir dándole vueltas.

En Unity, la oración se vivió desde el principio en compañía, aunque fuera a distancia. En abril de 1890, Myrtle Fillmore abrió la Sociedad de la Ayuda Silenciosa, que pronto se llamó Silent Unity. Sus miembros oraban cada noche a la misma hora, cada uno en su casa: primero a las diez y luego a las nueve, porque muchos eran granjeros y madrugaban.

Decretos y afirmaciones

Un decreto es una frase en primera persona, a menudo con las palabras «Yo Soy», que se pronuncia con firmeza, como quien da algo por hecho. Lo difundió en los años treinta el movimiento estadounidense Yo Soy, de Guy y Edna Ballard, y en español lo popularizó la venezolana Conny Méndez (1898-1979), que fundó en Caracas, a mediados de los años cuarenta, un movimiento de metafísica cristiana. Quienes decretan suelen citar un versículo de Job (22, 28) que la Biblia inglesa del rey Jacobo traduce con el verbo «decretar»; la Reina-Valera dice «determinarás». La frase está en boca de Elifaz, uno de los amigos que visitan a Job.

La afirmación es más sencilla: una frase breve, en presente y en positivo, que se repite para cambiar un hábito de pensamiento.

Tiene también una raíz laica. En los años veinte del siglo pasado, el farmacéutico francés Émile Coué hizo famosa su autosugestión consciente con una frase que repetían a diario quienes acudían a su consulta de Nancy: cada día y en todos los sentidos, estoy cada vez mejor. Ni el decreto ni la afirmación sustituyen al médico, al psicólogo ni a los pasos de la vida diaria. Sirven para orientar la atención.

El silencio

Para meditar, estas escuelas aconsejan armonizarse antes: sentarse cómodo, aflojar el cuerpo, respirar despacio y dejar a un lado, por un rato, el trabajo y las preocupaciones. Después hay tres caminos. El silencio completo, que pide práctica y bastante concentración. La música, siempre que sea tranquila y sin letra, porque una canción que emociona arrastra la atención hacia los recuerdos. Y la meditación guiada, una voz que conduce paso a paso, que es la que suelen recomendar a quien empieza.

El silencio, eso sí, no es patrimonio de nadie. Los cuáqueros celebran desde el siglo XVII reuniones en las que nadie habla hasta que alguien siente que debe hacerlo. En los años setenta, tres monjes trapenses de Massachusetts, entre ellos Thomas Keating, difundieron la oración centrante, una forma cristiana de orar sin palabras. Algunos grupos metafísicos cierran su meditación con una petición por la humanidad entera, sin distinción de credos.

¿Se puede orar sin decir nada? Para todas estas tradiciones, sí.

Tu primera sesión de oración y silencio

  1. Prepara el momento. Elige una hora fija y un sitio tranquilo. Diez o quince minutos bastan, con el teléfono en silencio y lejos.
  2. Habla con tus palabras. Empieza con la oración de tu fe o con una frase propia, en presente y en positivo, como «hoy estoy en paz».
  3. Calla y escucha. Respira despacio y quédate unos minutos en silencio o con una música sin letra; cuando la mente se vaya, vuelve a la respiración sin enfadarte.
  4. Da gracias y cierra. Termina agradeciendo algo concreto del día y, si te nace, pide por alguien o por todos, nunca contra nadie.

Si te cuesta el silencio, prueba alguna de las técnicas de meditación más sencillas. Para las frases, tienes las afirmaciones positivas y cómo practicarlas, y para la confianza de fondo, el poder de la fe. Hay más textos en la sección de oraciones y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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