La sociedad abakuá, la hermandad del leopardo en Cuba

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

La sociedad abakuá es una hermandad de hombres, religiosa y secreta, nacida en Cuba en el siglo XIX a partir de las sociedades del leopardo de África occidental. Durante mucho tiempo se habló de ella con miedo y con prejuicios. Aquí verás qué es, cómo se organiza y qué ha dejado en la cultura cubana.

Del Calabar a la bahía de La Habana

Su raíz está en el Ékpè, la sociedad del leopardo de los pueblos de la cuenca del río Cross, entre el sureste de Nigeria y el suroeste de Camerún, con centro en la región del Calabar. Entre los efik y los ejagham de esa zona, el Ékpè reunía a los hombres, guardaba sus secretos y hacía también de gobierno y de tribunal.

En Cuba, a los africanos llegados de allí se les llamó carabalíes. En 1836, en Regla, al otro lado de la bahía de La Habana, un grupo de ellos fundó el primer juego abakuá, Efí Butón, al amparo del cabildo Apapá Efó. Era a la vez una cofradía religiosa y una red de ayuda mutua.

Con los años se abrió a los hijos criollos de aquellos africanos y, más tarde, a mulatos, blancos y chinos que cumplieran sus requisitos. El nombre de Andrés Petit, el mismo que organizó la regla kimbisa del palo monte, va unido a la entrada de los primeros blancos.

Potencias, plazas y el secreto del Ekue

Cada grupo se llama potencia, juego o tierra. Lo gobiernan entre trece y veinticinco dignatarios, las plazas, cada uno con su papel en los ritos, y sus miembros se tratan como ekobios, hermanos. Solo entran hombres, y la hermandad les pide ser buenos hijos, buenos padres y buenos hermanos, y amigos sinceros.

En el centro hay un relato fundador. Sikán, una mujer del pueblo efó, encontró en el río a Tanze, el pez sagrado cuya voz guardaba el misterio, y su muerte selló ese secreto. Según la tradición, la voz de Tanze se reproduce en el Ekue, el tambor sagrado de cada potencia, que ningún profano puede ver. De ese mismo relato procede la exclusión de las mujeres. Por encima de todo está Abasí, el dios supremo.

Lo que pasa dentro del templo no se cuenta fuera, y la iniciación solo se hace en Cuba.

Los íremes, los diablitos que bailan

La cara pública de la sociedad son los íremes, a los que el habla popular llama diablitos. Visten un traje de tela a cuadros que los cubre por completo, un capuchón en forma de cono rematado con borlas y cascabeles en la cintura. No son demonios. Representan a los muertos, a los antepasados, que vuelven a la tierra durante el rito.

Bailan al son de los tambores y se expresan con el cuerpo. En La Habana colonial salían a la calle cada 6 de enero, Día de Reyes, cuando los cabildos africanos recorrían la ciudad con su música.

Una fama que no merecía

¿Por qué una sociedad de ayuda mutua acabó con fama de temible? El prejuicio viene de la colonia, del miedo de los amos a una organización de hombres negros que se protegían entre sí. La prensa y las autoridades presentaron durante décadas a los abakuás, o ñáñigos, como delincuentes, y les atribuyeron crímenes y ritos atroces que en buena parte eran calumnias. Sufrieron prohibiciones y persecuciones en el siglo XIX y en las primeras décadas del XX, y la desconfianza oficial siguió todavía en los años sesenta y setenta.

Su huella, en cambio, está en todas partes. Asere, el saludo más cubano, viene de un saludo abakuá. Los ritmos de sus tambores se oyen en casi toda la música popular cubana grabada desde los años veinte. Chano Pozo, el percusionista que en 1947 compuso «Manteca» con Dizzy Gillespie y Gil Fuller, era abakuá y llevó sus cantos al jazz de Nueva York.

Según un censo del año 2000, había entonces 173 juegos y más de 20.000 miembros, repartidos entre La Habana, Matanzas y Cárdenas. Eso sí, nadie sabe con exactitud cuántos son hoy: la discreción forma parte de la sociedad.

Tres maneras de conocerla con respeto

  • Lee a Lydia Cabrera: La sociedad secreta abakuá narrada por viejos adeptos (1958) y Anaforuana (1975) recogen lo que le contaron los propios ekobios.
  • Escucha «Manteca» y la rumba de La Habana y de Matanzas fijándote en los tambores: ahí suena buena parte de esa herencia.
  • Si coincides con una salida pública de los íremes, mira y disfruta, pero no grabes donde no te dejen ni pidas ver lo que es secreto.

La verdad es que una tradición que ha sobrevivido casi dos siglos guardando su misterio merece que se la conozca por lo que es. Para compararla con otras religiones afrocubanas, lee sobre la regla de palo monte o sobre qué son los orichas. Hay más en la sección de santería y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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