Astronomía estelar: la Osa Mayor, Calisto y el camino hacia el norte
Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026
Siete estrellas en forma de cazo bastan para reconocer la constelación más famosa del cielo del norte. La Osa Mayor tiene un mito griego de amor y castigo, una pareja de estrellas que servía para medir la vista y una utilidad que sigue intacta: indicar dónde está el norte.
El Carro y sus muchos nombres
Con unos 1.280 grados cuadrados, la Osa Mayor solo tiene por delante a la Hidra y a Virgo entre las 88 constelaciones oficiales. Casi nadie la ve entera. Lo que todo el mundo reconoce son sus siete estrellas más brillantes, que en España se llaman el Carro: cuatro forman la caja (Dubhe, Merak, Phecda y Megrez) y tres, la lanza o el mango (Alioth, Mizar y Alkaid).
Cada cultura ha visto en ellas algo distinto. Los romanos, siete bueyes de labranza, los septem triones, y de ahí viene «septentrión», el norte. En la India son los Saptarishi, los siete sabios. En China y en Japón, el Cazo del Norte. Los árabes imaginaron un cortejo fúnebre: la caja era el féretro y las tres del mango, las hijas que lo seguían; Alkaid significa «la que guía a las hijas del féretro», y Dubhe, en cambio, recuerda al oso.
Los mapas europeos dibujaban a la osa con una cola larguísima, algo que ningún oso tiene.
Tampoco es una figura para siempre. Cinco de las siete estrellas viajan juntas por el espacio, como una familia nacida de la misma nube; Dubhe y Alkaid van por su cuenta. Dentro de decenas de miles de años, el Carro se habrá deformado.
Calisto, la osa que no se baña en el mar
El mito griego cuenta la historia de Calisto, una ninfa cazadora del séquito de Artemisa que había prometido no casarse. Zeus la sedujo, en la versión de Ovidio disfrazado de la propia diosa, y cuando se descubrió que estaba embarazada fue expulsada del grupo. Tuvo un hijo, Arcas. Hera, celosa, la convirtió en osa. Otras versiones atribuyen la transformación a Artemisa o al mismo Zeus.
Años después, Arcas, ya cazador, se encontró con aquella osa en el bosque y estuvo a punto de matarla. Zeus lo impidió y subió a los dos al cielo: ella es la Osa Mayor, y él, según los autores, la Osa Menor o el Boyero, la constelación que sigue a la osa y donde brilla Arturo, «el guardián de la osa».
Hera no se quedó tranquila. Según Ovidio, pidió a Tetis, la diosa del mar, que nunca dejara a la osa bañarse en sus aguas. Por eso, explica el mito, la Osa Mayor gira alrededor del polo sin hundirse nunca en el horizonte. Homero ya la describía como la única que no se baña en el Océano.
Mizar y Alcor, el caballo y el jinete
En la curva del mango, Mizar tiene al lado una estrella pequeña, Alcor. Los árabes y los persas usaban la pareja como prueba de vista: quien distinguía a Alcor tenía buenos ojos. Las llamaban el caballo y el jinete. Mizar viene de una palabra árabe que significa «delantal» o «cobertor». Alcor tenía en árabe otro nombre, Suha, que se suele traducir como «la olvidada».
Con un telescopio, Mizar se desdobla. En 1617, Benedetto Castelli pidió a su maestro, Galileo, que la observara, y Galileo anotó que eran dos; probablemente fue la primera estrella doble que se vio con telescopio en Europa. A finales del siglo XIX, al estudiar su luz, se descubrió que una de esas dos era a su vez doble: fue la primera binaria espectroscópica conocida, un hallazgo del trabajo de clasificación de Antonia Maury. Hoy se sabe que Mizar y Alcor suman seis estrellas.
¿Son una pareja de verdad o solo parecen juntas? Las dos están a unos 83 años luz, y los estudios más recientes indican que la gravedad las une.
Desde el norte, desde el trópico y desde el sur
Dónde vives cambia mucho lo que ves. Desde Madrid, seis de las siete estrellas del Carro no se ponen nunca; solo Alkaid, la punta del mango, roza el horizonte norte en las noches de otoño. En primavera, a medianoche, la osa pasa casi por encima de la cabeza.
En Ciudad de México o en San Juan de Puerto Rico, el Carro sale y se pone como las demás estrellas. Las mejores noches son las de marzo a junio, cuando sube alto hacia el norte. Esas mismas noches de primavera, pocas horas después de anochecer, asoma por el sur la Cruz del Sur, muy baja.
En Buenos Aires o en Santiago de Chile, la Osa Mayor no llega a verse: como mucho, alguna estrella del mango a ras del horizonte norte. Allí, eso sí, manda la Cruz del Sur.
Cuatro pasos para orientarte de noche
- Busca el Carro al anochecer. En el hemisferio norte, mira hacia el norte: en primavera lo verás alto y en otoño, bajo. En México y Puerto Rico, elige una noche entre marzo y junio.
- Pon a prueba tu vista con Mizar y Alcor. Mira la estrella del centro del mango y busca a su lado una más débil. Si no la distingues, con unos prismáticos aparece sin esfuerzo.
- Sigue los punteros hasta la Estrella Polar. Une Merak y Dubhe, las dos estrellas del extremo de la caja, y prolonga esa línea unas cinco veces. Llegarás a una estrella sola y no muy brillante: la Polar. Mirándola miras al norte, y su altura sobre el horizonte es más o menos tu latitud.
- En el sur, usa la Cruz. Prolonga unas cuatro veces y media el palo largo de la Cruz del Sur, desde la estrella de arriba hacia la de abajo. Ese punto, donde no hay ninguna estrella brillante, queda muy cerca del polo sur celeste; baja la vista en vertical y tendrás el sur.
La verdad es que pocas figuras del cielo han servido tanto a tanta gente. Si sigues la curva del mango, llegarás a Arturo, que tiene su historia en el cielo de junio, con Hércules y el solsticio; el cielo de invierno, con las Pléyades, está en los astros en diciembre, y la lectura simbólica de las estrellas, en mirar al cielo. Tienes más en la sección de signos del zodiaco y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.