El cielo de junio: Hércules, Arturo y el solsticio en los dos hemisferios

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Junio trae las noches más cortas del año al hemisferio norte y las más largas al sur. Sobre unos y otros pasan Arturo, la estrella más brillante del cielo boreal, y Hércules, una constelación enorme y discreta que guarda un tesoro para quien tenga unos prismáticos. A mitad de camino, el solsticio.

Arturo, el guardián de la osa

Al caer la noche brilla, alta y anaranjada, Arturo. Es la cuarta estrella más brillante del cielo nocturno y la primera de la mitad norte: una gigante unas veinticinco veces más ancha que el Sol, a unos 37 años luz. Su nombre griego significa «guardián de la osa», porque parece seguir a la Osa Mayor en su giro alrededor del polo.

Desde el norte se encuentra siguiendo la curva del mango del Carro; si se prolonga, lleva hasta Espiga, en Virgo.

El poeta griego Hesíodo ya la usaba, hacia el 700 antes de nuestra era, como calendario de las faenas del campo. Y en 1933 la Exposición Universal de Chicago se inauguró con su luz, captada por telescopios: la eligieron porque se creía que esa luz había salido de la estrella hacia la exposición anterior, la de 1893.

En Ciudad de México y en San Juan de Puerto Rico, Arturo pasa casi por encima de la cabeza.

Hércules, el héroe de rodillas

Entre Arturo y Vega, la gran estrella blanca que asoma por el este, está Hércules. Es la quinta constelación más grande de las 88 oficiales, pero sus estrellas son débiles y cuesta verla. Lo más reconocible es un cuadrilátero de cuatro estrellas, el torso del héroe. Hacia el 13 de junio, Hércules pasa por lo más alto del cielo a medianoche.

Los griegos la llamaron primero Engonasin, «el arrodillado», sin darle nombre. Más tarde se identificó con Heracles, el de los doce trabajos que le impuso el rey Euristeo. Los mapas antiguos lo dibujan cabeza abajo, con su maza y un pie sobre el Dragón, al que algunos identificaban con Ladón, el guardián de las manzanas de oro de las Hespérides. Su estrella alfa, Rasalgethi («la cabeza del arrodillado», en árabe), es una gigante roja de brillo variable.

El tesoro es M13, el gran cúmulo de Hércules. Lo descubrió Edmond Halley en 1714, y Charles Messier lo incluyó en su catálogo un 1 de junio, el de 1764. Son varios cientos de miles de estrellas apiñadas a unos 25.000 años luz. Con cielo muy oscuro se adivina a simple vista; con prismáticos se ve como una mancha redonda y blanquecina en el lado del cuadrilátero que mira hacia Arturo. El 16 de noviembre de 1974, el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, envió hacia M13 un mensaje de 1.679 dígitos binarios preparado, entre otros, por Frank Drake y Carl Sagan. Tardará unos 25.000 años en llegar.

El Sol, con todos sus planetas, avanza por la galaxia hacia un punto de Hércules cercano a Vega. Lo dedujo William Herschel en 1783.

El solsticio, cuando el Sol se para

La palabra viene del latín solstitium, de sol y sistere, «detenerse». Durante semanas, el punto del horizonte por el que sale el Sol se ha ido desplazando hacia el norte; alrededor del solsticio parece quedarse quieto y luego emprende el camino de vuelta. ¿Se para de verdad? No: es la Tierra la que, por la inclinación de su eje, tiene entonces el hemisferio norte vuelto al máximo hacia el Sol. En este siglo, el solsticio de junio cae el 20 o el 21, y ese día, a mediodía, el Sol está justo en la vertical del trópico de Cáncer.

En el hemisferio norte es el día más largo y empieza el verano astronómico. En Stonehenge, el eje del monumento apunta a la salida del Sol en el solsticio de verano. La noche de San Juan, del 23 al 24 de junio, recoge esa vieja fiesta del sol: hogueras en muchos pueblos de España, y en Puerto Rico la costumbre de entrar de espaldas en el mar a medianoche y zambullirse varias veces, casi siempre un número impar, para atraer la buena suerte.

El nombre del mes, por cierto, se suele relacionar con Juno, la diosa romana del matrimonio y esposa de Júpiter, a la que los griegos llamaban Hera.

El otro junio: invierno en el sur

En Buenos Aires o en Santiago de Chile, el solsticio de junio es el de invierno: la noche más larga del año. El 24 de junio, Cusco celebra el Inti Raymi, la fiesta inca del sol, que se recrea cada año en la fortaleza de Sacsayhuamán desde 1944. Los mapuches reciben por esas fechas el We Tripantu, su año nuevo, y desde 2021 el día del solsticio es en Chile el Día Nacional de los Pueblos Indígenas.

Las noches largas del sur son las mejores del año para ver el centro de la Vía Láctea, en Sagitario, y a Escorpio, con la rojiza Antares, muy alto. La Cruz del Sur luce alta en las primeras horas. Arturo y Hércules se ven también, eso sí, más bajos y hacia el norte.

Tu cielo de junio, paso a paso

  1. Busca a Arturo al anochecer. En el norte, sigue la curva del mango del Carro; en el sur, mira hacia el norte y el noroeste y busca la estrella anaranjada más brillante.
  2. Localiza el cuadrilátero de Hércules. Está más o menos a un tercio del camino entre Vega y Arturo, más cerca de Vega. Con prismáticos, recorre el lado que mira hacia Arturo hasta dar con la mancha de M13.
  3. Marca dónde se pone el Sol. Desde la misma ventana, en los días que rodean al solsticio, fíjate tras qué edificio o árbol se esconde. Verás cómo el punto se detiene y, semanas después, cómo vuelve atrás.
  4. Elige una noche sin luna y lejos de las farolas. Deja que la vista se acostumbre unos veinte minutos y usa una linterna de luz roja para el mapa. En el sur, recorre la Vía Láctea de Escorpio a la Cruz.

La verdad es que junio regala uno de los cielos más agradecidos del año, sea cual sea tu hemisferio. El paso siguiente del Sol, tres meses después, lo cuenta el equinoccio de otoño; la estrella más brillante de la noche tiene su historia en Sirio, el Nilo y la canícula, y la manera en que la astrología lee el firmamento, en mirar al cielo. Tienes más en la sección de futuro y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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