El equinoccio de otoño: qué pasa en el cielo y cómo lo celebran las tradiciones
Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026
Dos veces al año, el Sol cruza el ecuador celeste y el día y la noche duran casi lo mismo. En el hemisferio norte, el cruce de septiembre abre el otoño; en el sur, ese mismo instante trae la primavera, y el otoño llega en marzo. Muchas culturas lo celebran con fiestas de la cosecha, visitas a los antepasados y ritos de equilibrio.
Un instante, no un día
El equinoccio es un momento preciso: aquel en que el Sol, en su camino aparente por el cielo, pasa de un lado al otro del ecuador celeste, la prolongación del ecuador terrestre. El de septiembre cae entre el 21 y el 24, y en estas décadas casi siempre el 22 o el 23. El de marzo, entre el 19 y el 21. Como la hora es la misma en todo el planeta, la fecha puede cambiar de un país a otro.
Ese día el Sol sale casi exactamente por el este y se pone casi exactamente por el oeste, en cualquier lugar de la Tierra. La palabra viene del latín aequus, «igual», y nox, «noche».
¿Son entonces iguales el día y la noche? No del todo. El Sol no es un punto sino un disco, y la atmósfera curva su luz, así que lo vemos asomar antes de que salga y lo seguimos viendo un poco después de que se ponga. Por eso, el día del equinoccio, la luz dura unos minutos más que la oscuridad. La igualdad real, que algunos llaman equilux, llega en otoño unos días después del equinoccio, y en primavera, unos días antes.
A partir de entonces, en el hemisferio que entra en otoño las noches ganan terreno hasta el solsticio de invierno.
Dos hemisferios, dos estaciones
Lo que en Madrid, en Ciudad de México o en San Juan es el equinoccio de otoño, en Buenos Aires o en Santiago de Chile es el de primavera, y al revés. Las estaciones se invierten porque dependen de hacia dónde se inclina el eje de la Tierra respecto al Sol, no de la distancia a la que estamos de él.
La astrología occidental fija sus signos por estos puntos. El equinoccio de septiembre es el instante en que el Sol entra en Libra, el signo de la balanza, y el de marzo, cuando entra en Aries y empieza el zodiaco. Lo de la balanza encaja bien con unos días de luz y sombra repartidas.
Los de 2007
El texto que ocupaba antes esta página se escribió para el otoño del hemisferio sur, el que empieza en marzo. En 2007, aquel equinoccio llegó el 21 de marzo a las 00:07 en tiempo universal; en Buenos Aires todavía era la noche del día 20. El del hemisferio norte se produjo el 23 de septiembre a las 09:51 en tiempo universal, las 11:51 en la España peninsular.
Cosechas, antepasados y equilibrio
En muchas culturas agrícolas, el equinoccio de septiembre coincidía con el final de la cosecha. En Gran Bretaña, la fiesta de acción de gracias por la cosecha se celebraba tradicionalmente el domingo más cercano a la luna llena próxima al equinoccio, la llamada luna de la cosecha. En Corea, el Chuseok, una de las grandes fiestas del año, se celebra el día 15 del octavo mes lunar, cerca del equinoccio: las familias vuelven a sus pueblos, honran a sus antepasados y comen songpyeon, unos pastelillos de arroz. En China, esa misma luna llena es la del festival de medio otoño, el de los pasteles de luna.
Japón celebra el Higan, una semana budista que abarca los tres días anteriores y los tres posteriores a cada equinoccio. Su nombre significa «la otra orilla», la del despertar, y la tradición de la Tierra Pura la relaciona con el Sol que se pone justo por el oeste, donde sitúa el paraíso de Amida. Las familias visitan las tumbas, y en otoño se comen los ohagi, bolitas de arroz con pasta dulce de judía roja. El día del equinoccio es festivo nacional, y por esas fechas florecen las lilas araña rojas, las higanbana.
En el neopaganismo, el equinoccio de otoño es una de las ocho fiestas de la rueda del año. Se le suele llamar Mabon, un nombre que propuso el escritor estadounidense Aidan Kelly hacia 1970, tomado de un personaje de la mitología galesa, Mabon ap Modron. Es una fiesta de gratitud por los frutos de la tierra y de reparto antes del invierno. Hay también quien la llama simplemente la fiesta de la cosecha.
En México, la pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá, reúne a miles de personas en los dos equinoccios: al caer la tarde, las sombras de sus escalones dibujan sobre la escalera norte una serpiente de luz que parece descender. Y en Francia, el calendario revolucionario, usado entre 1793 y 1805, empezaba el año justo el día del equinoccio de otoño.
Recibe el cambio de estación
- Mira la puesta de sol. Ese día el Sol se pone casi exactamente por el oeste. Busca desde tu ventana o tu calle un edificio o un árbol que te sirva de marca y comprueba, semanas después, cuánto se ha desplazado.
- Haz balance de lo que has cosechado. Escribe en una hoja lo que has conseguido desde la primavera y lo que quieres dejar atrás antes del invierno.
- Pon una mesa de temporada. Manzanas, uvas, granadas o nueces en el norte; en el sur, las primeras flores. Mejor si la compartes, como en las fiestas de la cosecha.
- Prepara la casa para la nueva estación. Ventila, cambia la ropa del armario y despeja un rincón tranquilo para las tardes más cortas, o más largas si vives en el sur.
La verdad es que no hace falta ningún rito para notar el cambio: basta con mirar la luz de la tarde. Si te interesa el otro equinoccio, lee cómo se relaciona el equinoccio de primavera con la Pascua; y para entender cómo lee el cielo la astrología, mirar al cielo. Tienes más en la sección de futuro y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.