Los astronautas que pisaron la Luna: qué cambió en sus vidas al volver

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Doce hombres caminaron por la Luna entre 1969 y 1972. Algunos volvieron con una crisis, otros con una fe nueva o con ganas de pintar, y varios siguieron con su carrera como si tal cosa. Lo que contaron ellos mismos dice más que cualquier misterio.

Doce regresos muy distintos

No todos cambiaron, ni de la misma manera. Neil Armstrong, el primero, se fue a enseñar ingeniería aeroespacial a la Universidad de Cincinnati, de 1971 a 1979, y concedió muy pocas entrevistas el resto de su vida. Esa discreción alimentó rumores, pero no hay ninguna prueba de que se dedicara a la metafísica ni de que viera nada extraño allí arriba. John Young, que pisó la Luna con el Apolo 16, siguió en la NASA y en 1981 mandó el primer vuelo del transbordador espacial. Harrison Schmitt, geólogo y duodécimo hombre en pisar la Luna, con el Apolo 17, fue senador por Nuevo México de 1977 a 1983.

Las famosas «luces» también tienen explicación. Muchos astronautas del Apolo vieron destellos con los ojos cerrados, a oscuras: rayos cósmicos, partículas de muy alta energía que atraviesan el ojo. En el Apolo 16 y el 17 se llevó un experimento para estudiarlos.

Buzz Aldrin: la depresión después de la gloria

Aldrin bajó a la Luna diecinueve minutos después de Armstrong, el 21 de julio de 1969 en hora universal. Era anciano de la Iglesia presbiteriana y, antes de salir del módulo, comulgó en privado con el pan y el vino que le había dado su pastor. Años después dijo que quizá no lo habría hecho, porque la misión era en nombre de toda la humanidad.

La vuelta fue lo difícil. Dejó la NASA en 1971, dirigió un año la escuela de pilotos de pruebas de la Fuerza Aérea y se retiró. Durante los años setenta pasó por una depresión y por el alcoholismo, con varios ingresos hospitalarios, y lo contó sin rodeos en sus memorias: Return to Earth (1973) y, mucho después, Magnificent Desolation (2009), que toma el título de las dos palabras que dijo al mirar el paisaje lunar, «magnífica desolación». Dejó de beber en octubre de 1978 y después ayudó a otras personas con el mismo problema.

La verdad es que pocos héroes nacionales hablaban entonces de su depresión con esa franqueza.

La vuelta a casa como revelación

Edgar Mitchell, del Apolo 14, fue el sexto hombre en pisar la Luna, en febrero de 1971. En el viaje de regreso, mirando por la ventanilla, sintió una oleada de unidad con todo lo que veía, que más tarde comparó con un estado de meditación profunda descrito en sánscrito. Durante el vuelo hizo también, por su cuenta, un experimento de percepción extrasensorial con unos amigos en tierra. En 1973 fundó el Instituto de Ciencias Noéticas para estudiar la conciencia.

James Irwin, del Apolo 15, dijo que en la Luna sintió el poder de Dios como nunca antes. Al volver fundó una organización evangélica, High Flight, y en los años ochenta encabezó varias expediciones al monte Ararat, en Turquía, en busca del arca de Noé, sin encontrarla. Murió de un infarto en 1991, con 61 años.

Charles Duke, del Apolo 16, el más joven en pisar la Luna, con 36 años, dejó allí una foto de su familia. Tiempo después reconoció que su carácter y su entrega al trabajo habían dañado su matrimonio, y en 1978 se convirtió en un cristiano comprometido. Alan Bean, del Apolo 12, dejó la NASA en 1981 para pintar. En sus cuadros de las misiones mezclaba polvo lunar de verdad y daba textura a la pintura con el martillo con el que había clavado el mástil de la bandera.

El efecto perspectiva

¿Qué tienen en común estas historias? Para el escritor Frank White, una experiencia a la que puso nombre, overview effect, en español efecto perspectiva, y que describió en un libro de 1987 basado en entrevistas con astronautas. Ver la Tierra desde fuera, pequeña, brillante y sin fronteras, provocaría asombro y una sensación de pertenencia que cambia la escala de las preocupaciones.

Michael Collins, que se quedó en órbita mientras Aldrin y Armstrong bajaban, contó que lo que más le sorprendió fue lo frágil que parecía la Tierra. La foto «Salida de la Tierra», que tomó Bill Anders desde el Apolo 8 el 24 de diciembre de 1968, y la «Canica azul» del Apolo 17, en 1972, llevaron algo de esa visión a millones de personas. En 2016, un equipo de psicólogos encabezado por David Yaden revisó esos relatos y propuso que el centro de la experiencia es el asombro, con rasgos de autotrascendencia.

La próxima vez que mires la Luna

Lo que vivieron no necesita misterios. Estaban preparados para casi todo, menos para volver a la vida corriente después de lo más grande que harían nunca, y algunos buscaron su manera: la fe, la ciencia de la conciencia, el arte o, en el caso de Aldrin, pedir ayuda. Eso sí, ninguna de esas respuestas se la dictó la Luna; salió de cada uno.

Hay algo que sí puedes probar. Una noche de luna llena, busca con prismáticos las manchas oscuras de los mares y recuerda que en el Mar de la Tranquilidad siguen las huellas de 1969; luego busca en internet la foto de Anders y mira la Tierra como la vieron ellos. Y si alguna vez, después de alcanzar algo que deseabas mucho, te sientes vacío, no es raro: habla con alguien de confianza o con un psicólogo, como hizo Aldrin.

Los supuestos ovnis de las misiones, con sus explicaciones, están en astronautas y ovnis: casos y explicaciones, y lo que pasa cuando algo choca contra la Luna, en el impacto de un meteorito en el Mar de las Lluvias. Hay más en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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