La brujería, a examen: lo que cuentan la tradición, la antropología y la wicca

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

La pregunta de si existe la brujería tiene dos respuestas. Como creencia, existe en casi todas las culturas y se ha estudiado a fondo; como poder para dañar a alguien a distancia, no hay ninguna prueba de que funcione. Lo que sí deja víctimas reales es la acusación de brujería, y de eso también va este texto.

Una creencia casi universal

Los antropólogos han encontrado en sociedades muy distintas la misma idea de fondo: hay personas capaces de causar desgracias a otras por medios ocultos. Cambian los nombres y los remedios, pero la pregunta de fondo se parece. Por qué me ha pasado esto a mí, y por qué ahora.

Los estudiosos distinguen dos cosas. La brujería, en sentido estricto, sería un poder innato, que alguien tiene sin hacer nada y que puede actuar sin ritual alguno. La hechicería es una técnica que se aprende y se usa a propósito, con conjuros, sustancias y objetos. La distinción viene de un libro concreto, y muchos africanistas la siguen usando, aunque no todas las culturas encajan en ella.

Los azande: una explicación para la desgracia

En 1937, el antropólogo británico Edward Evans-Pritchard publicó Brujería, magia y oráculos entre los azande, fruto de su convivencia con este pueblo de agricultores del sur de Sudán. Los azande llamaban mangu a la brujería. Creían que era una sustancia física que algunas personas llevaban en el vientre, que se heredaba de padres a hijos y de madres a hijas, y que a veces actuaba sin que su portador lo supiera, cuando sentía envidia o rencor.

La brujería no sustituía a las causas naturales. Evans-Pritchard cuenta el caso de un muchacho que se hirió el pie con un tocón en un sendero: sabía que el tocón estaba allí, pero la brujería explicaba por qué ese día no lo vio y por qué la herida se infectó. Para averiguar quién estaba detrás, los azande consultaban oráculos. El más respetado era el benge, un veneno que se daba a un pollo mientras se formulaba una pregunta: que el animal viviera o muriera era la respuesta.

La conclusión del libro cambió la antropología. Evans-Pritchard mostró que aquel sistema era coherente dentro de sus propias premisas, y que servía para canalizar conflictos y dar sentido a la mala suerte.

El Bocage: palabras que atrapan

Unos treinta años después, la etnóloga francesa Jeanne Favret-Saada buscó la brujería en su propio país. Entre 1969 y 1972 vivió en el Bocage, una comarca rural del oeste de Francia, en el departamento de Mayenne, y en 1977 publicó Les mots, la mort, les sorts («Las palabras, la muerte, los hechizos»).

Descubrió que de brujería no se hablaba con cualquiera. Solo lo hacía quien estaba «atrapado» en ella: alguien que encadenaba desgracias (una vaca muerta, un hijo enfermo, el coche en la cuneta) y empezaba a sospechar de un vecino. Entonces aparecía el desembrujador, que señalaba al supuesto culpable y dirigía la lucha contra él. ¿Cuánta gente creía de verdad en todo aquello? Muy poca con certeza; la mayoría se movía entre la sospecha y la duda. Para poder estudiarlo, la propia Favret-Saada tuvo que dejarse implicar, y acabó visitando a una desembrujadora.

Su trabajo enseñó algo incómodo: la brujería es, sobre todo, un lenguaje para hablar de la desgracia y de las relaciones entre vecinos.

La wicca: la brujería como religión

En Gran Bretaña, la ley contra la brujería de 1735 castigaba a quien afirmara tener poderes mágicos. Se derogó en 1951, y tres años después un funcionario británico jubilado, Gerald Gardner, publicó Witchcraft Today (La brujería hoy). Contaba que en los años treinta había conocido a un grupo de brujas que conservaba un antiguo culto pagano.

Los historiadores descartaron hace tiempo esa supervivencia, que se apoyaba en una teoría de la egiptóloga Margaret Murray de 1921. Pero de los escritos de Gardner y de su colaboradora Doreen Valiente nació una religión nueva, la wicca. Sus fieles se reúnen en pequeños grupos, honran a una diosa y a un dios astado y celebran ocho fiestas al año, entre ellas Yule, en el solsticio de invierno. Su máxima ética más conocida es el Wiccan Rede: haz lo que quieras, siempre que no dañes a nadie.

Con el tiempo ha ganado reconocimiento: en 2007, el Departamento de Asuntos de los Veteranos de Estados Unidos aceptó el pentáculo wiccano entre los símbolos de sus lápidas.

Acusados, no culpables

Hoy el problema más grave no es la brujería, sino la acusación. En julio de 2021, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó sin votación la resolución 47/8, que condena los ataques y la estigmatización de personas acusadas de brujería y pide a los Estados que las protejan, respetando la libertad de religión.

Un estudio de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, de 2023, recogió al menos 20.000 víctimas en 60 países entre 2009 y 2019, contadas solo a partir de las noticias, así que la cifra real es probablemente mayor. Las más expuestas son las mujeres mayores y las viudas, las personas con discapacidad, los niños y las personas con albinismo.

En el norte de Ghana existen desde hace décadas los llamados «campos de brujas», como el de Gambaga, donde viven mujeres expulsadas de sus casas tras ser acusadas. Para muchas de ellas, el campo es un refugio.

Mirar la brujería de cerca

La antropología no responde si alguien tiene poderes; explica para qué sirve la creencia. Ayuda a nombrar la mala suerte y a buscarle un responsable, y por eso mismo puede volverse contra una vecina, una viuda o un niño. Mirarla de cerca enseña a desconfiar de la acusación más que del maleficio.

Si alguien de tu entorno vive una racha de desgracias y está convencido de que lo han embrujado, escúchalo sin burlarte. Ayúdalo a revisar lo que tiene solución: la salud, el dinero, los conflictos. Un médico, un psicólogo o un abogado pueden hacer mucho más que cualquier «trabajo». La verdad es que desconfiar de quien diagnostica embrujos a cambio de dinero es la protección más sensata.

La historia de los procesos de Logroño y de las religiones que llegaron con la inmigración está en la brujería en España; qué conviene mirar antes de pensar en un embrujo, en si crees que estás embrujado, y cómo reconocer un engaño, en cómo diferenciar a un tarotista serio de un estafador. Hay más en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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