La Venus de Milo: la historia real de la diosa sin brazos

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Pocas estatuas son tan famosas por lo que les falta. La Venus de Milo salió de la tierra en una isla griega en 1820, ya sin brazos, y desde entonces no ha dejado de despertar preguntas. Esto es lo que cuentan los documentos y lo que todavía discuten los arqueólogos.

Un campesino, dos marinos y un barco

El 8 de abril de 1820, un campesino de Milos, una isla de las Cícladas que entonces pertenecía al Imperio otomano, sacaba piedras de un muro antiguo cuando dio con la mitad superior de una estatua de mármol. Olivier Voutier, un alférez de la marina francesa aficionado a la arqueología cuyo barco estaba fondeado en el puerto, vio el hallazgo y le animó a seguir cavando. Poco después llegó otro oficial francés, Jules Dumont d'Urville, que copió una de las inscripciones.

La noticia llegó a la embajada de Francia en Constantinopla, y lo que siguió fue casi una carrera. Cuando el conde de Marcellus, enviado por el embajador, el marqués de Rivière, desembarcó en la isla en mayo, la estatua ya estaba vendida a un agente del pachá de la región y cargada en un barco. La presión francesa le permitió comprarla. Rivière se la regaló a Luis XVIII, que la recibió el 1 de marzo de 1821, y en mayo de ese año el público ya podía verla en el Louvre.

Una firma que desapareció

Junto a la estatua apareció un bloque de pedestal con una inscripción griega. Según la lectura más aceptada, decía que la obra era de Alejandro, hijo de Menides, ciudadano de Antioquía del Meandro. El artista Auguste Debay lo dibujó encajado en la base de la escultura.

Aquel detalle incomodaba. Antioquía del Meandro se fundó hacia el 280 antes de nuestra era, mucho después de Fidias y de Praxíteles, y en París se esperaba una obra maestra de la época clásica. El director de los museos reales, el conde de Forbin, concluyó que el bloque se había añadido más tarde y que no hacía falta exponerlo. Después se perdió, y no ha vuelto a aparecer. El nombre del escultor sigue siendo dudoso, y también su relación con la estatua.

El Louvre la fecha hoy hacia el 150-125 antes de nuestra era, en plena época helenística. Mide 2,04 metros, está tallada en mármol de Paros y se hizo en dos bloques unidos a la altura de las caderas. Unos pequeños orificios revelan que llevaba joyas de bronce: una diadema y un brazalete en el brazo derecho.

Qué hacían sus brazos

Le faltan los dos brazos, el pie izquierdo y los lóbulos de las orejas. ¿Qué hacía con las manos? Se han propuesto decenas de respuestas, pero tres se repiten.

La primera es la manzana. Cerca de la estatua apareció una mano de mármol que sostiene una fruta, y un análisis de 2010 apoyó que pertenece a la escultura. Encajaría con el juicio de Paris, en el que el príncipe troyano dio a Afrodita la manzana de oro destinada a la más bella, y quizá con un juego de palabras: en griego, manzana se dice mêlon, muy parecido al nombre de la isla.

La segunda es el escudo. Su postura recuerda a la de la llamada Afrodita de Capua, una copia romana de un original griego del siglo IV antes de nuestra era, en la que la diosa sostiene el escudo de Ares y se mira en él como en un espejo. Unas monedas de Corinto muestran a una diosa con un escudo en esa misma actitud.

La tercera la pone en pareja, junto a Ares, con una mano apoyada en él. Hay más: quien ve en ella a Anfítrite, la diosa del mar, o quien la imagina hilando.

Durante años se contó que los brazos se rompieron en una pelea entre marineros franceses y turcos al embarcarla. La mayoría de los especialistas cree que ya faltaban cuando apareció. El Louvre decidió exponerla tal como se encontró, sin añadirle brazos nuevos, y así sigue.

Afrodita, de la espuma al museo

Afrodita era para los griegos la diosa del amor, la belleza y el deseo. Hesíodo cuenta en la Teogonía que nació de la espuma del mar, y relacionó su nombre con aphros, «espuma», aunque los lingüistas de hoy no aceptan esa etimología. Los romanos la identificaron con su Venus, y por eso la estatua de Milos se conoce con el nombre latino.

Durante siglos, los escultores griegos la representaron vestida. Se atribuye a Praxíteles, en el siglo IV antes de nuestra era, la primera Afrodita desnuda a tamaño monumental, la de Cnido, que Plinio el Viejo consideraba la mejor estatua del mundo. La de Milos queda a medio camino: el manto le resbala hasta las caderas y el torso gira en espiral, uno de los secretos de su fama.

Delante de la Venus

Si algún día la ves en el Louvre, rodéala despacio. Busca la junta de los dos bloques a la altura de la cadera, los orificios donde iban la diadema y el brazalete, y el giro del cuerpo, que cambia a cada paso que das alrededor. Y acuérdate de la mano con la manzana, que salió de la tierra muy cerca de ella.

Su historia moderna también tiene capítulos curiosos. Durante la Segunda Guerra Mundial se escondió en el castillo de Valençay, y en su sitio quedó una copia de yeso. Solo ha salido de Francia una vez, en 1964, para exponerse en Tokio y en Kioto.

La diosa ha seguido viajando por otros caminos. En la baraja Rider-Waite, dibujada por Pamela Colman Smith en 1909, la Emperatriz lleva un escudo en forma de corazón con el símbolo de Venus, y el planeta que lleva su nombre gobierna el amor en la astrología, como cuenta Venus en la pareja. Al fin y al cabo, el único misterio que guarda esta estatua es el que sigue sin resolver la arqueología. Tienes más en la sección de velas y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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